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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña

jueves, 21 de mayo de 2015

Llamar al pan pan, y al vino vino

Es una mala costumbre que he tenido yo siempre y me ha costado muchos disgustos. Desde pequeña me ha costado mucho mentir y mucho más engañar, y desde que tengo raciocinio siempre he sido consciente de que había cosas que estaban mal y personas que no decían lo que pensaban. Sin embargo esta claridad de ideas no me ha solucionado la vida sino todo lo contrario. Me hubiera ido mucho mejor siendo capaz de disimular e incapaz de ver los disimulos ajenos. Incluso ahora mis hijos lo tienen muy difícil para intentar ocultarme situaciones porque yo tengo un radar en la cabeza que detecto el más mínimo indicio de cambio.

Comprendo que vivir con una persona así tiene que resulta incómodo. Mi marido me suele decir que no le cuente las cosas, que prefiere no saberlo. Pero es que yo no tengo un botón de desconectar, estoy siempre On. Por eso el blog me viene estupendamente para desahogarme cuando parece que las ideas me van a salir por todos los poros. No me gusta airear trapos sucios en internet, que luego todo se sabe y siempre hay quien aprovecha para atacarte, pero con tres hijos de dieciocho, veintiuno y veintitrés años todo son preocupaciones. Por eso sólo consigo relajarme cuando me voy a la casa del pueblo y a veces ni siquiera con eso.

4 comentarios:

  1. Bueno, he aprendido a tropiezos. Una vez prometí nunca mentir y la vez que lo hice por fuerza mayor anduve mal como por tres meses. Los evangélicos no tenemos la gracia de la penitencia, así que tuve que aguantar así no más.
    En general he aprendido a quedarme callada aunque me dé picazón en la lengua...ay, es difícil.

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    1. Mejor callarse que inventar historias que luego no dejan de crecer. Un beso.

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  2. Para los disimulos ajenos tengo un radar. Enseguida capto cuando a la gente le pasa algo. Besos.

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Espero vuestras opiniones siempre que vengan con educación y respeto.