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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña

lunes, 28 de marzo de 2016

Masacre de cristianos en Pakistán

Vergonzoso ocultamiento mediático del atentado islamista de ayer

La prensa española silencia en sus portadas la masacre de cristianos en Lahore, Pakistán

Lun 28·3·2016 · 2:23 1
Ayer un terrorista suicida, estudiante de una escuela coránica, perpetró una masacre de cristianos en Lahore, Pakistán. Muchas de las víctimas son niños que celebraban la Pascua con sus familias.
Viaje de alto riesgo de HO en auxilio de Asia Bibi y de los cristianos de Pakistán
¿El ‘error’ de Asia Bibi es no haber sido un perro en vez de una mujer cristiana?
A la elevada cifra de muertos, 65, hay que añadir más de 200 heridos. El grupo talibán Jamaat ul Ahrar ha asumido la autoría del crimen, afirmando que era un “ataque contra los cristianos que celebraban la Pascua”. Tanto Pakistán como Lahore han sido trending topics este domingo en Twitter en España, una muestra de lo mucho que ha impactado esta noticia a muchos internautas españoles.
 outono.net/elentir/2016/03/28/la-prensa-espanola-silencia-en-sus-portadas-la-masacre-de-cristianos-en-lahore-pakistan/

miércoles, 9 de marzo de 2016

La verdad sobre el día de la mujer

Si no te sientes oprimida no les vales: por eso quieren que te moleste hasta el idioma

Mie 9·3·2016 · 7:06 1
Ayer Podemos y Compromís pidieron que el Congreso de los Diputados cambie su frontispicio, pues dicen que la actual denominación responde a lo que llaman “lenguaje masculinizado”.
Lo que pocos cuentan: el origen ideológico totalitario del actual feminismo de género
La mordaza de género: prohibido criticar a una ideología que demoniza a los hombres
Dañan un idioma para usarlo como medio de imposición de ideas
“Me parece que es un primer inicio que empecemos a hablar de un lenguaje femenino, de un lenguaje no excluyente”, dijo la diputada de Podemos Gloria Elizo. Confieso mi perplejidad al saber que esas dos formaciones creen que hay un lenguaje masculino (incorrecto) y uno femenino (correcto). Para empezar, la sola pretensión de identificar las palabras de un género como incorrectas y las del otro género como correctas me parece una colosal estupidez, sólo equiparable al empeño de otros por erradicar el español en ciertas comunidades, en favor de sus planes separatistas. Sería muy ingenuo pedir que dejasen la lengua española en paz, porque no lo hacen por capricho. Tienen vocación de ingenieros sociales y eso conlleva usar las lenguas como herramientas de imposición ideológica, aunque ello dañe la verdadera naturaleza de un idioma: ser un instrumento de entendimiento. Pero ¿qué ideas son las que pretenden imponer con estas absurdas propuestas?
El feminismo originario frente al feminismo de género
Para encontrar la respuesta a esa pregunta hay que distinguir el feminismo de primera hora del feminismo dominante en la actualidad. Las pioneras del feminismo defendían la igualdad ante la ley, la igualdad de oportunidades, es decir, que el Estado no las discriminase por su sexo. Era una petición del todo justa y razonable. Sin embargo, en las últimas décadas ha tomado fuerza otro feminismo muy distinto, que busca la igualdad de resultados, es decir, la uniformidad. Es el llamado feminismo de género. En aras de ese feminismo se están imponiendo disparates como la “paridad”, según la cual las mujeres deben tener cuotas de participación en todos los ámbitos políticos, sociales y laborales, aunque las propias mujeres no muestren especial interés por ellos. Dicho sea de otro modo: ya no se pide que se reconozcan los méritos de una mujer, sino que se le otorgue un determinado espacio por el mero hecho de ser mujer, una discriminación positiva con la que se pretende compensar desigualdades, dicen, aunque sean fruto de la propia elección o de la sensibilidad específica de la mujer (por ejemplo, su menor presencia en las ingenierías y la informática, y su mayor peso en la enseñanza y la sanidad).
Objetivo: que las mujeres se sientan siempre oprimidas por su sexo
En el terreno de los hechos, entre esas dos grandes corrientes feministas hay una diferencia práctica muy evidente. El feminismo originario buscaba -y logró- un mundo más justo para millones de mujeres. Ese feminismo ha dado frutos tan evidentes que negarlos sería tan torticero como equiparar el trato a la mujer en la sociedad occidental con el que recibe en Arabia Saudí. Por el contrario, el feminismo de género sólo busca que la mujer se sienta siempre víctima de un patriarcado opresor. Así lo exponía Christina Hoff Sommers en su libro “Who Stole Feminism?” (¿Quién robó el feminismo?), publicado en 1994: “La feminista de equidad opina que las cosas han mejorado mucho para la mujer; la feminista del ‘género’ a menudo piensa que han empeorado. Ven señales de patriarcado por dondequiera y piensan que la situación se pondrá peor.”
Aplicando la lucha de clases marxista a la relación entre sexos
Pero ¿cuál puede ser el interés del feminismo de género en negar constantemente que la mujer haya alcanzado la igualdad que buscaban las pioneras del feminismo? Para conocer el trasfondo ideológico que se esconde tras ese permanente recurso al victimismo basta con leer lo que decía la feminista radical Shulamith Firestone (1944-2012) en su libro “La dialéctica del sexo” (1970): así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser, a diferencia del primer movimiento feminista, no simplemente acabar con el privilegio masculino, sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente.” En su libro, Firestone propone aplicar el materialismo dialéctico de Marx y Engels al sexo, destruyendo por completo la sociedad tal como la conocemos, empezando por su célula más básica, que es la familia. Si el feminismo de género recurre al victimismo por sistema es porque aplica la tesis marxista de la lucha de clases a los sexos, presentando al hombre como un explotador. Por eso es tan frecuente encontrar manifestaciones de odio a los hombres en los alegatos de ese feminismo izquierdista. Uno de los más bestias que he leído últimamente fue el de una feminista británica que propone meter a los hombres en campos de concentración.
Cuanto peor, mejor: el verdadero objetivo del feminismo de género
Por supuesto, cuando ese feminismo promete un futuro utópico sin diferencias entre sexos, lo que vende es una mentira. Ese feminismo sabe que esas diferencias nunca van a desaparecer, porque los hombres y las mujeres somos distintos por naturaleza. Incluso en los países donde han ido más lejos los planes de los ideólogos de género, como es el caso de Noruega, se siguen dando roles diferenciados entre los sexos, como consecuencia de las inclinaciones biológicas dominantes en cada sexo. ¿Este choque con la realidad quiere decir que los ideólogos de género llevan las de perder? Pues no precisamente. En este punto hay que decir que para el feminismo de género, como para el comunismo, es del todo aplicable la cínica receta de Lenin: “cuanto peor, mejor”. El dictador soviético defendió ya en 1891 que el hambre “destruye no solamente la fe en el Zar, también en Dios”, por lo que se negó a colaborar con una campaña de ayuda a los hambrientos de la ciudad de Samara. Cuanto más hambrientos y desesperados estuviesen los rusos, más posibilidades tenían los comunistas de hacerles asumir sus falsas promesas de un futuro utópico. Del mismo modo que en una sociedad próspera el comunismo tiene difícil arraigo, allí donde hay una mejor convivencia entre sexos el feminismo de género lo tiene más difícil para arraigar. Por eso se empeña no sólo en intentar convencer a la mujer de que está oprimida, sino que hace y hará todo lo posible por avivar el conflicto entre sexos. A eso van dirigidas normas tan injustas como la llamada Ley de Violencia de Género, que ha provocado un tremendo auge de las denuncias falsas (800.000 exculpados en los 7 primeros años de aplicación de esa ley, un 79,89% del total de 1.034.613 denuncias presentadas). Para hacernos una idea de cuáles pueden ser los resultados de décadas de aplicación de estas políticas de género, basta con señalar que España está entre los países de la Unión Europea con menos violencia contra la mujer, y entre los que más violencia sufren están Dinamarca, Finlandia, Suecia, Francia y Reino Unido, países donde la ideología de género ha llegado mucho más lejos en su implantación que en España.
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