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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña

jueves, 24 de octubre de 2013

A buen hambre no hay pan duro

Esto me recuerda lo que decía mi padre cuando nos quejábamos de la comida: cómo se nota que no habéis pasado hambre. Y es que la generación que vivió la posguerra española sabe lo que era alimentarse de bacalao todos los días porque no había otra cosa, y eso cuando lo conseguían. Como somos una sociedad mimada por la historia hasta el momento ya apenas recordamos cómo era eso de zurzir los calcetines, heredar la ropa de los hermanos o compartir una bicicleta. También es verdad que ya no existen tantas familias numerosas como entonces. El estado de bienestar que nos han vendido nos convirtió en unos consentidos.

Unos más que otros naturalmente, porque en mi casa siempre hemos practicado la virtud de la austeridad. No se tira nada que no esté roto y lo que ya no nos sirve se dona a organizaciones caritativas. Una vez a la semana por lo menos cenamos las sobras. La ropa sólo se echa a lavar cuando tiene varios usos y el coche sólo se utiliza para lo necesario. Retomando el refrán, cuando uno tiene auténtica necesidad ya no encuentra defectos a nada. El agua nunca sabe mejor que cuando se tiene verdadera sed. Por eso es importante no acostumbrarse nunca a la abundancia sino arreglarse con lo justo y necesario.

4 comentarios:

  1. Es que estamos muy mal acostumbrados.
    Besazo

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    1. Yo siempre me acuerdo de lo que dijo creo que fue Séneca al ver un establecimiento lleno de objetos: qué cantidad de cosas que yo no necesito. Un beso.

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  2. Estoy de acuerdo en que habiendo necesidad, lo que solucione la necesidad se recibe bien y no se le pone peros. En ese sentido, claro que el agua sabe a gloria cuando se tiene sed, aunque no tenga sabor. Pero a mí sí me gusta la idea de acostumbrarme a la abundancia; me place esa agradable sensación de que hay no solamente de todo, sino de todo lo que quiero; cuando he perdido esa condición abundante, me las he arreglado y he encontrado contento; pero no disfruto menos una rebanada de pay, habiendo habido postre todos los días, que el pan duro que es lo único que quedó... de hecho disfruto más la rebanada de pay entre más cosas que no son necesarias, que el pan duro que se vuelve necesario; no es pura suposición ni un ejercicio reflexivo; he estado en las dos situaciones. Creo que esto último se trata de la capacidad de disfrutar, y del gusto que una tenga por... precisamente por la abundancia, yo creo. No tiene que ver con tener muchísimas cosas; por ejemplo, a mí me da muy seguido por sacar la ropa que ya no use o que haya usado demasiado, de modo que nunca tengo demasiada ropa, y lo prefiero así; pero me encanta la idea de recibir nueva ropa, bonita, la que yo quiera, no necesariamente la necesaria... bueno, este tema me da para largo :)

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  3. Realmente tener cosas da un cierto placer. Lo malo es cuando te acostumbras y ya no puedes vivir sin ello. No voy a decir que mi armario está vacío, está lleno. Pero procuro usar la ropa varios años antes de tirarla o darla. No me parece bien atesorar cosas sin usar. Con la comida hago lo mismo, compro lo necesario, y de vez en cuando un capricho. Un beso.

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Espero vuestras opiniones siempre que vengan con educación y respeto.