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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña

miércoles, 29 de junio de 2011

Bisbal y Tablada: un final cantado

No hay más que mirarlos. Nunca se hubieran unido si él no hubiera sido rico y famoso. Bisbal no es ninguna belleza, con ese pelo que me recuerda a una muñeca chochona, teñido y moldeado. Ella sí que es una chica guapa, elegante y culta. Lo triste es que se hayan empeñado en tener una hija, la cual pagará el fracaso de esta relación. Cuando alguien se convierte en un ídolo de masas es fácil que surjan jovencitas que no vean más allá de la figura mediática. En su estado natural, antes de Operación Triunfo, no le hubiera mirado dos veces. Es la erótica del poder y la fama. Por eso, yo siempre he procurado que mis hijas no se emocionaran demasiado por un actor o un cantante.

Esos fenómenos de masas pueden parecer inofensivos, pero siempre hay quien sale perjudicado. Por ejemplo, no entiendo como hay padres que permiten a sus hijos dormir varias noches en la calle por conseguir entradas de un espectáculo. La mitomanía tiene algo de enfermedad mental. Nadie se merece tanta adoración. Por eso, no me ha extrañado saber que esa curiosa pareja se rompía. Es normal, si él prefiere los calamares y ella las ostras; él bebe cerveza y ella vino añejo; él sueña con una playa mediterránea, mientras ellas quiere comprarse una isla del Caribe. El entorno social y cultura no lo es todo, pero en su caso era demasiado opuesto. Espero que al menos hayan aprendido de la experiencia, y otros con su ejemplo.

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