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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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martes, 23 de abril de 2013

Selección natural

Recuerdo que cuando era jovencita hubo un momento en que pensé que no debía casarme ni tener hijos, debido a la posibilidad de transmitir mis múltiples dolencias. En otras palabras, que estoy mal hecha. No sé cómo fue que abandoné esa idea. Me pareció una tontería. Y han tenido que pasar casi cincuenta años para darme cuenta de que tenía razón. Cuando veo a mi hija pequeña, que todos los días se encuentra mal o le duele algo me siento realmente culpable. También cuando me doy cuenta de que no estoy a la altura y no puedo hacerme cargo siquiera de mis obligaciones. Tenía que haber seguido mi primer pálpito y haberme quedado soltera.

Sin embargo, el problema empezó mucho antes. Cuando estuve a punto de morir a los seis meses (realmente estuve muerta), la naturaleza simplemente estaba haciendo su trabajo de selección natural. Fui una niña enfermiza y ahora soy asidua a los médicos. Los ejemplares débiles no deben salir adelante. Si hubiera nacido en otro momento u otro lugar esa ley se hubiera cumplido. En ese fatídico minuto yo estaba donde tenía que estar. Creo que alguien cometió un error por ahí arriba. Ya sé que está feo que diga eso siendo creyente porque es tanto como dudar del designio divino, pero me temo que sigo pensando lo mismo, aunque no quiera.