Si antes había leído muchos argumentos a favor del aborto y de las adopciones homosexuales, ahora ya creo que los he leído todos. Y he llegado a la conclusión de que la gente no distingue muy bien entre lo que es tener un niño o un perro o un gato. Me explico. Dicen que para criar un hijo basta con que lo quieras mucho y lo cuides. Yo también quiero mucho a mi gato, le doy de comer, le limpio y no le visto porque no se dejaría, que si no también. Y por supuesto, lo mimo todo lo que puedo. Pero un hijo no es una mascota. Necesita mucho más que cariño y cuidados. Hay que enseñarle a manejarse en la vida, lo que está bien y lo que está mal, ayudarle a madurar.
Como dice la definición de José Saramago, en el lateral de mi blog, un hijo es un préstamo: EL MÁS PRECIADO Y MARAVILLOSO PRÉSTAMO ya que son nuestros sólo
mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenecen a la vida,
al destino y a sus propias familias. Por tanto no se trata de lo que nosotros deseamos o cómo queremos que sean. Los hijos simplemente SON por sí mismos, independientemente de nosotros, otros seres humanos sobre los que tenemos el deber de guardia y custodia. Por tanto no debemos verlos sólo como niños, porque no lo van a ser para siempre. Algún día serán adultos tan válidos como nosotros y debemos procurarles un entorno adecuado para crecer.