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martes, 14 de junio de 2016

Siete verdades sobre la Segunda República española


Las 7 verdades demoledoras sobre la Segunda República

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Hoy se nos dirán muchas cosas preciosas y falsas de la Segunda República, pero seguro que ninguna de estas verdades desagradables y feas, segun ha informado Navarra Confidencial:
1-La República nunca fue refrendada en las urnas
La Segunda República llegó por el abandono del país por parte del rey Alfonso XIII, no porque nadie votara en un referéndum que se instaurara un régimen republicano. El rey abandonó España tras unas elecciones municipales en las que sin embargo los partidos monárquicos obtuvieron 22.150 concejales frente a los 5.875 de los partidos republicanos. Nunca se votó la Constitución republicana. La forma de estado que consagraba la Constitución y el marco jurídico de la Segunda República nunca fueron explícitamente refrendados por el pueblo.
2-Defender la monarquía era ilegal en la Segunda República
¿Se imagina usted que hoy estuviera prohibido ser republicano o mostrar una bandera republicana? Pues la Segunda República prohibió ser monárquico u ostentar cualquír símbolo monárquico. En la Segunda República no estaba permitido el debate entre monarquía y república. El artículo 1.6 de la Ley de Defensa de la República, de octubre de 1931, estableció que “son acto de agresión a la República”, pasando a estar prohibidos, actos como la mera “apología del régimen monárquico o de las personas en que se pretenda vincular su representación y el uso de emblemas, insignias o distintivos alusivos a uno u otras”.
3-El primer golpe de estado contra la república lo dio primero la izquierda
En cuanto la izquierda perdió las primeras elecciones, dio muestra de su talante antidemocrático poniendo en marcha un golpe de estado contra el gobierno. La izquierda, por consiguiente, en rigor no tiene demasiada legitimidad moral para condenar el alzamiento de 1936. Como dijera Salvador de Madariaga, “Con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936”. La diferencia es que el golpe del 36 tuvo éxito y el del 34 fracasó. El propio Indalecio Prieto, líder socialista, reconoció y lamentó años después , ya en el exilio, su participación en aquel primer golpe contra la república: “Me declaro culpable ante mi conciencia, ante el Partido Socialista y ante España entera, de mi participación en aquel movimiento revolucionario. Lo declaro como culpa, como pecado, no como gloria”. Llama la atención ver cómo algunos partidos se presentan actualmente como defensores de aquella república contra la que montaron un golpe de estado. Largo Caballero declaraba abiertamente en aquella época que “Las elecciones no son más que una etapa en la conquista y su resultado se acepta a beneficio de inventario. Si triunfan las izquierdas, con nuestros aliados podemos laborar dentro de la legalidad, pero si ganan las derechas tendremos que ir a la guerra civil declarada“. Esa era la mentalidad democrática de la época.
4-La izquierda renegaba de la bandera republicana, que ahora pasea a todas horas
Parece un tanto insólito afirmarlo, pero la izquierda no tenía en 1936 ninguna estima por esa bandera tricolor que ahora adorna todos sus mítines y manifestaciones. Cuando la bandera republicana era la oficial la izquierda renegaba de ella. Largo Caballero era claro en este sentido y pone en evidencia que el republicanismo retrospectivo de la izquierda actual vive instalado en el mito: “Tenemos que luchar como sea, hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee, no una bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución socialista”.
5-Los campos de “esclavos” los inventó el gobierno republicano
El diputado y director general de Prisiones de la República, en octubre de 1937, declaraba ante la apertura de un nuevo campo de trabajos forzados (el de Albatera, Alicante): “Por decreto de 26 de diciembre de 1936, se crearon los campos de trabajo que significan una noble innovación en el régimen penitenciario español haciendo que el recluso se gane con su esfuerzo lo que cuesta sostener al Estado y se reivindique por el único sistema que puede tener un hombre para hacerlo, es decir, por medio del trabajo”. Cuando los nacionales ganaron la guerra, en la mayoría de los casos simplemente pasaron a convertir a los carceleros en presos.
6-1931: comienza la quema de iglesias y conventos
La persecución religiosa siguió en sólo cuestión de días a la instauración del régimen republicano. Si el 14 de abril se proclamaba la República, una oleada de ataques a iglesias y conventos se desató en toda España entre los días 10 y 13 de mayo, ante la flagrante pasividad del gobierno republicano. En 1932 se expulsó de España a los Jesuitas. Los ataques a las iglesias constituirían desde entonces una constante, con diversa intensidad, a lo largo de todo el período republicano. Ya en el golpe de 1934 algunos religiosos fueron asesinados, como los recientemente beatificados Tomás Pallarés Ibáñez o Salustiano González Crespo. Durante la guerra se asesinó a cerca de 7.000 religiosos en el lado republicano. Manuel de Irujo, ministro de Justicia republicano y miembro del PNV, lo relató así: “Sacerdotes y religiosos han sido detenidos, sometidos a prisión y fusilados, sin formación de causa, por miles, hechos que, si bien amenguados, continúan aún, no tan solo en la población rural, donde se les ha dado caza y muerte de modo salvaje, sino en las ciudades, como Madrid y Barcelona y las restantes grandes poblaciones suman por cientos los presos en sus cárceles sin otra causa conocida que su carácter de sacerdote o religioso”. A menudo se le reprocha a la Iglesia su cercanía al bando nacional, o se justifica su persecución por esta cercanía. Lo que sucede es que la realidad permitiría más bien argumentar todo lo contrario. Que la Iglesia forzosamente tenía que estar más cerca del bando nacional porque el otro, sencillamente, la estaba exterminando desde antes incluso del alzamiento.
7-El asesinato de Calvo Sotelo
Apenas seis días antes del golpe de estado que supondría el comienzo de la Guerra Civil y el principio del fin de la República, el líder de la oposición al gobierno frentepopulista, el diputado conservador José Calvo Sotelo, era asesinado por una patrulla de la policía acompañada por los guardaespaldas del mismísimo líder del partido socialista: Indalecio Prieto. Esa misma noche el otro líder parlamentario más destacado de la derecha, José María Gil Robles, también fue buscado para ser asesinado, librándose del tiro en la cabeza al encontrarse ausente de su domicilio. El estado de la nación justo antes del alzamiento consistía por tanto en que los líderes de la derecha eran sacados de sus casas y asesinados como perros por pistoleros de la izquierda. El crimen supuso la chispa desencadenante de una guerra largo tiempo larvada y la demostración del fracaso convivencial del régimen republicano, fracaso en el que obviamente hay responsabilidades para todos.
 http://elmunicipio.es/2015/04/7-verdades-demoledoras-sobre-la-segunda-republica/

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