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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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miércoles, 8 de abril de 2015

Estar con el agua al cuello

Es lo habitual en mí. Significa tener el dinero muy justo, o también puede ser meterse en problemas. En mi caso, desde que me casé y dejé de trabajar allá por los años ochenta no recuerdo prácticamente un año en que no hayamos estado mal de dinero. Primero porque sólo trabajaba mi marido y estaba empezando. Luego por la compra del coche y la hipoteca. Eso fue tremendo. Apenas llegábamos a día cinco del mes. Por entonces nos llegó una herencia que nos ayudó a tener un pequeño respiro. Luego metimos a nuestros hijos en un colegio privado porque el público nos había ido muy mal. Aquello ya fue el desastre total.

Afortunadamente, Dios aprieta pero no ahoga, nos pusieron al fin un colegio concertado religioso y cambiamos a las niñas. Luego acabamos de pagar el piso. Llegaron las universidades pero tenemos descuento de familia numerosa. Cuando al fin respirábamos tranquilos llegó la herencia de mi padre y no se nos ocurrió otra cosa que comprar otra casa y meternos en otra hipoteca. Somos un poco masocas. Pero bueno, como dice el chiste: hay otra vida más barata pero no interesa. Así que ya me he resignado a pasar la vida con el agua al cuello. Hay cosas mucho peores. Lo más importante es tener salud y amor.

lunes, 1 de abril de 2013

El hijo pródigo

Existen algunas lecturas de la Biblia que son tan conocidas que, incluso los ateos, las citan, a veces sin sentido o proporción. Una de las más famosas es la del hijo pródigo, que también es una de las más difíciles de comprender. Recuerdo que, hasta hace poco, yo me identificaba con el hijo mayor, el que se queda en casa con el padre y se enfada cuando regresa el hermano. Porque su hermano pequeño se había gastado la herencia en juergas. Pero ahora comprendo que "hay más alegría en el cielo por un pecador que se convierte que por cien justos que no necesitan convertirse". Las reglas de Dios no son las mismas que las nuestras, afortunadamente.

De hecho, si sólo se salvaran aquellos que nunca abandonaron el camino correcto, se iban a salvar muy pocos. Tal vez resulta que para poder valorar lo que el cristianismo nos ofrece es mejor haberse perdido y haber regresado. Me recuerda a la otra parábola, la de los jornaleros que cobraban lo mismo, tanto los que empezaron a trabajar temprano como los que llegaron a última hora. Antes me parecía injusto. Ahora sí comprendo que lo importante es llegar y que tiene mucho mérito arrepentirse y volver a empezar, tal vez más que no haber fallado nunca. Por eso desde este blog siempre invito a la gente a volver a la Fe. Aunque tú le hayas dado la espalda a Dios, Él nunca te dará la espalda.