De vez en cuando toca una de esas entradas que no os gustan nada donde me meto con la mano que me da de comer, por decirlo de algún modo, ya que a mí internet no me produce beneficios tangibles. El otro día vi un reportaje en televisión de esos que ponen los pelos de punta sobre niños y adolescentes que publican sus fotos semidesnudos para enviarlas a algún noviete y acaban en la red. Incluso, casos peores en que el destinatario es un acosador o un pederasta. Dicen que uno de cada tres niños dicen haber sufrido algún tipo de acoso por internet. Creo que la cosa se nos están yendo de las manos y no quiero ser tremendista, pero es lo que hay.
Como ahora además, cualquier móvil en manos de cualquier chico con mucho tiempo libre y poca madurez, se convierte en un dispositivo capaz de almacenar y difundir imágenes y videos por todo el mundo; puede ocurrir, como decían en el programa, que las fotos de tu hija las esté viendo un señor de Singapur. Sin embargo, me temo que no sirva de mucho advertir a los chicos sobre este peligro, porque están en una edad en que la transgresión es un placer añadido. Sinceramente, yo creo que lo único que realmente sirve en este tema es dar marcha atrás y limitar la tecnología, pero ya sé que ése es un deseo que no voy a conseguir.