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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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sábado, 15 de agosto de 2015

Tirar la toalla

Se refiere a dejar algo por imposible y esto me suena muy familiar. Yo he tirado la toalla muchas veces ya a lo largo de mi vida. Cuando decidí no estudiar una carrera, cuando dejé de trabajar y ahora más recientemente, cuando he tomado la decisión de dejar este blog y relajarme un poco. Se tira la toalla cuando ves que todos tus esfuerzos son inútiles o que no valen la pena. Cuando uno es joven e idealista te crees que todo está a tu alcance y luego tienes que empezar a descartar porque ves que no es posible. Y cuando ya has pasado de la mediana edad, te vas quedando sin opciones rápidamente y no te queda más remedio que conformarte con lo que hay.

Tirar la toalla es duro pero a veces es la opción más sensata para no pasarse el día luchando con gigantes que resultan ser molinos de viento. Lo que ocurre es que a menudo somos demasiado ambiciosos y nos creemos capaces de grandes hazañas como don Quijote, pero según pasa el tiempo descubres que no es tan fácil, que depende mucho de la suerte y de las circunstancias. No todo está en tu mano para conseguirlo. Yo tuve que renunciar a dominar idiomas porque sin vivir en el extranjero es casi imposible. Pero hay otras renuncias que son mucho más dolorosas y sólo espero que mis hijos no tengan que pasar por ellas.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Tener un as en la manga

Se dice del que hace trampas en el juego de cartas o de quien todavía tiene una opción secreta para librarse de un problema. Por ejemplo, si yo digo que si el Frente Popular gana las elecciones generales yo me voy a vivir al extranjero, es porque mi marido tiene posibilidades de trabajar fuera. Siempre viene bien tener un as en la manga por si todo sale mal. Si mi marido se quedara sin trabajo, yo soy secretaria. Hace más de veinte años que no trabajo pero tengo la preparación necesaria. Creo que es importante tener posibilidades aunque no pienses utilizarlas. Por eso siempre le insisto a mis hijos en que hay que tener una profesión.

También conviene tener relaciones aunque suene un poco interesado, nunca sabes a quién tendrás que acudir en caso de necesidad. Es importante tener posibilidades para elegir. También, saber idiomas es tener un as en la manga porque en mi caso no sería ningún problema tener que vivir en el extranjero. Dominar la informática también es algo que no viene nada mal por si acaso, aunque sólo sea para mantener un blog y unas redes sociales. En fin, que es bueno estar abierto a todas las opciones porque nunca sabes por qué caminos te va a conducir la vida.  Cuando más preparado estés para afrontar imprevistos, mejor te irán las cosas.

martes, 4 de agosto de 2015

Otro gallo nos cantaría

Una de las mejores cosas de vivir en un pueblo es que se oye a los gallos de vez en cuando. Por aquí hay de todo: vacas, caballos, ovejas y gallinas. Me encanta, siempre que no sea yo quien tenga que cuidarlos porque eso es un trabajo duro. Pero yo creo que si nuestros jóvenes pasaran una temporada en el campo otro gallo nos cantaría; es decir, que aprenderían lo que es el esfuerzo mal remunerado y la satisfacción del deber cumplido. Sin llegar a lo que hizo Mao, que fue un genocidio, sí que habría que organizar algo en España. De este modo seguro que en las próximas elecciones se lo pensaban dos veces antes de votar otra vez a los perroflautas.

Porque para votar con cabeza haría falta un certificado de madurez que no se consigue con cumplir los dieciocho años. Es natural en los chicos ser idealistas y por eso son presa fácil para los vendedores de humo. Sin embargo, cuando uno tiene un cierto conocimiento de la realidad, sabe que no se puede ir por ahí regalando pisos o sueldos vitalicios porque el dinero no sale de los árboles. Para comprender cuánto cuesta producir y ganar un salario, nada mejor que vivir una temporada en el campo. Vivimos en una sociedad cada vez más deshumanizada y estamos empezando a pagar las consecuencias.

jueves, 11 de junio de 2015

No es el fin del mundo

Se dice para quitarle importancia a un problema y hacer ver que no es tan grave. Mis hijas son muy buenas estudiantes y, cada vez que sacan peores notas, piensan que es el fin del mundo. Yo intento hacerles ver que no, que afortunadamente tienen más oportunidades. En cambio mi hijo no se agobia con nada, no tiene ninguna prisa por terminar de estudiar ni por trabajar. Me gustaría tener un término medio. Para mí lo peor sería que le pasara algo a mi familia directa. El resto puedo soportarlo. No soy la alegría de la huerta tampoco pero me suelo tomar las cosas con mucha calma. Digamos que, como no espero mucho, todo es bienvenido.

Dicen que el fin del mundo va a ser enseguida. Según las profecías de Malaquías, estamos ya con el último Papa. Y según dicen los textos bíblicos ya estamos viendo los últimos signos. Sin embargo, no está claro que sea un final definitivo o el comienzo de algo nuevo. En cualquier caso, será una grave crisis y no me gusta la idea de que mis hijos la vivan. Pero, claro, si uno estuviera siempre pensando en lo que puede pasar, para empezar no te casarías ni tendrías hijos. La vida es una apuesta de futuro. Yo, desde luego, viendo la ideología de género cómo se extiende por el mundo, no me extrañaría que fuera el final. Que el Señor nos coja confesados.

lunes, 25 de mayo de 2015

Son cosas de la vida

Cerca ya del medio siglo de existencia te das cuenta de que hay sucesos que son inevitables. No sólo la enfermedad y la muerte, sino multitud de pequeños sucesos cotidianos.  Por ejemplo en todos los grupos de personas se repiten los mismos elementos: el arrogante, el eterno insatisfecho, el envidioso, el trepa... Esto vale para hombres y mujeres con pequeñas diferencias. Por eso, cuando mis hijos se quejan de alguien, yo siempre les digo que se vayan acostumbrando. En todos los trabajos existen todos esos elementos repetidos varias veces en cada departamento y cada sección. Y en todos los eventos sociales. Hay que intentar lidiar con ellos lo mejor posible.

Son cosas de la vida, como la chica a la que le atrae el chico menos indicado. O el que se enamora de alguien que no le corresponde, o la suegra que tiene celos de la nuera, o los cuñados que rivalizan entre ellos... Pequeñas cuestiones que, sin embargo, te pueden amargar la vida y a veces te hacen sufrir mucho mas de lo necesario. Pero que sólo se aprenden cuando adquieres la madurez suficiente,  que solo consigues con el tiempo y la experiencia. Así que llega un momento en que te das cuenta de la cantidad de sufrimiento que podrías haberte ahorrado pero ya es tarde para encarar los problemas de otra manera. Todos pasamos por lo mismo.

sábado, 25 de abril de 2015

Perder el norte

Se refiere a no saber lo que se hace. El otro día leí una noticia sobre una señora que lleva años sin reírse para que no le salgan arrugas en la cara. No sé si será verdad pero desde luego debe tener problemas psicológicos graves. Para eso mejor sería que se suicide y pida que la congelen. Es la mejor manera de asegurarse de no tener nunca arrugas, no vivir. Porque las arrugas son testigos de la vida. El otro día hablaba con una amiga de que mucha gente parece haber perdido el norte en esta época que nos ha tocado vivir. Desde los que están obsesionados con su físico a los que realmente no saben qué hacer con su vida.

A veces la mejor solución puede ser precisamente poner tierra por medio. Marcharse a otro país para aclararse las ideas. Estos días están poniendo una película española sobre los jóvenes que tienen que emigrar y hay quien lo plantea como una tragedia. Yo creo que es una experiencia positiva, especialmente para aquellos que no tienen profesión porque no han querido estudiar y necesitan ponerse en contacto con la realidad de las cosas. Que nadie da nada a cambio de nada. A veces es necesario abandonar el nido y verse en necesidad para recuperar el norte y comprender lo que es realmente importante en la vida y lo que es accesorio.

miércoles, 15 de abril de 2015

Cornudo y apaleado

Como su nombre indica se dice de aquel al que aparte de poner los cuernos, encima le apalean. Figuradamente, una persona que, por ejemplo, hace todo el trabajo y además se lleva la bronca si algo sale mal. Es algo muy habitual en las oficinas. Siempre suele haber el pringao que carga con casi todas las tareas y luego otro se queda con el mérito. Cuando yo era secretaria, como era tan ingenua, me pasaba siempre eso. Que curraba más que nadie, otro se apuntaba el tanto y, encima, si algo fallaba era culpa mía. Me temo que es algo que va intrínseco en la manera de ser. Mil trabajos que hubiera tenido, seguro que me habría pasado lo mismo.

Es lo que tiene querer ser una buena persona y no ir por ahí echándose flores, como hacen otros; quejándose de que hay que ver cuánto trabajo y qué poquito me lo agradecen. También en las familias los hay que hacen las labores más ingratas y los hay que son alabados por todos. Al principio me fastidiaba mucho, pero me dí cuenta de que sólo conseguía disgustarme yo y no iba a cambiar la situación. No es que ya no me disguste, pero al menos quiero pensar que en alguna parte hay un balance que cuenta estas cosas en mi haber. Es el único consuelo que me queda. Eso y saber que hago algo por alguien que me importa.

miércoles, 8 de abril de 2015

Estar con el agua al cuello

Es lo habitual en mí. Significa tener el dinero muy justo, o también puede ser meterse en problemas. En mi caso, desde que me casé y dejé de trabajar allá por los años ochenta no recuerdo prácticamente un año en que no hayamos estado mal de dinero. Primero porque sólo trabajaba mi marido y estaba empezando. Luego por la compra del coche y la hipoteca. Eso fue tremendo. Apenas llegábamos a día cinco del mes. Por entonces nos llegó una herencia que nos ayudó a tener un pequeño respiro. Luego metimos a nuestros hijos en un colegio privado porque el público nos había ido muy mal. Aquello ya fue el desastre total.

Afortunadamente, Dios aprieta pero no ahoga, nos pusieron al fin un colegio concertado religioso y cambiamos a las niñas. Luego acabamos de pagar el piso. Llegaron las universidades pero tenemos descuento de familia numerosa. Cuando al fin respirábamos tranquilos llegó la herencia de mi padre y no se nos ocurrió otra cosa que comprar otra casa y meternos en otra hipoteca. Somos un poco masocas. Pero bueno, como dice el chiste: hay otra vida más barata pero no interesa. Así que ya me he resignado a pasar la vida con el agua al cuello. Hay cosas mucho peores. Lo más importante es tener salud y amor.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Que me quiten lo bailao

Se dice cuando te van mal las cosas pero te han ido muy bien también. Yo fui secretaria durante dos años y, aunque el trabajo era agobiante y poco agradecido, me sentía integrada en la sociedad. Cuando decidí dejar de trabajar y quedarme en casa con mis hijos me convertí en un parásito social. Según muchas mujeres de mi generación sólo soy una aprovechada que vive de su marido y se da la gran vida. Que mi trabajo sea monótono y repetitivo no cuenta, porque dicen que ellas lo hacen al volver a casa. Sin embargo no es lo mismo cocinar y comprar a diario, y la mayoría de las mujeres que trabajan tienen ayuda en casa. Me critican mucho pero que me quiten lo bailao.

Yo he criado tres hijos al cien por cien, pasando todo el día con ellos de la mañana a la noche, fines de semana y especialmente cuando estaban malos. Si no hubiera estado en casa, habría tenido que acudir a los abuelos o pagar a alguien para que me sustituyera. El trabajo de ama de casa es invisible pero el más imprescindible que existe. Si te organizas bien también puede ser agradable porque sacas más tiempo para tu familia y tus hobbies. No digo que trabajar fuera de casa no tenga mérito, eso no se discute, pero también lo tiene la labor callada de miles de mujeres que trabajan gratis siete días a la semana sólo por el reconocimiento de los suyos.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Llevarse el gato al agua

Significa conseguir algo muy difícil que otros han intentado antes. Porque es bien sabido que a los gatos no les gusta el agua y cuesta mucho mojarlos. Más que eso, yo diría que a mí no me hace caso ni el gato, literalmente. Mi gatito, lo más que había conseguido era que no se subiera a la mesa de la cocina y últimamente lo hace todos los días. Así que como educadora animal también he resultado ser un completo fracaso. No es de extrañar viendo la nula influencia que tengo sobre las personas. El que se lleva el gato al agua a menudo no suele ser el más capacitado ni el que más lo merece, sino el que tiene más presencia y labia. Y por desgracia, el que conoce más gente influyente.

Esto es bastante injusto, pero la vida es así, no la he inventado yo. A la hora de optar a un puesto de trabajo, por ejemplo, y más si es de responsabilidad, en muchas empresas más que el curriculum vitae miran si el candidato sabe manejarse con soltura en público. También su físico, su forma de vestir y demás. Especialmente en el caso de las mujeres. Así no es de extrañar que la industria cosmética y textil tenga unos ingresos tan desmesurados. Las mujeres no se arreglan sólo para gustarse ellas mismas o a su pareja. Saben que su futuro profesional también depende en mucho de ello, y eso me parece injusto y absurdo. Si descartamos el mérito no me extraña que las cosas no funcionen.

viernes, 20 de febrero de 2015

Llegar y besar el santo

Se refiere a conseguir algo muy rápido. A veces eso es un problema. Me explico: cuando terminé de estudiar secretariado me ofrecieron un trabajo estupendo pero en un sitio mal comunicado, y dije que no. Nunca he vuelto a tener una oportunidad como ésa, pero es que cuando se consigue algo inesperadamente a veces te pilla tan de sorpresa que no lo valoras. Me ocurrió lo mismo con el éxito de mi primer blog y ahora me conformaría con las migajas. Bueno, son errores de principiante. En todo caso, llegar y besar el santo es lo que todos deseamos. Tener éxito a la primera. Tal vez se refiere a la costumbre de besar al apostol en Santiago de Compostela.

Con el tiempo he llegado a la conclusión de que tener éxito, sobre todo si es de forma demasiado rápida puede ser un problema. Es bien sabido la cantidad de disgustos que se lleva la gente adinerada o que se hacen famosos de la noche a la mañana. Sus vidas suelen ser un caos porque a menudo caen en toda clase de excesos y adicciones. Un caso de libro es el de Miley Cyrus, que empezó siendo un buen ejemplo para las niñas de su edad y ahora es un problema clínico de psiquiatria. Si nadie lo remedia no sé qué va a ser de esa chica y realmente me da lástima porque es como si la hubiera visto crecer en su serie de televisión.

jueves, 19 de febrero de 2015

Liarse la manta a la cabeza

Significa embarcarse en un proyecto arriesgado. Es decir, taparse ojos y oídos para emprender una acción. Se habla mucho estos días de los jóvenes españoles que se lían la manta a la cabeza y se marchan a trabajar al extranjero en cualquier cosa que les salga, aunque sean licenciados. Por una parte es una lástima que no puedan empezar su carrera laboral en España, pero por otra parte, creo que es una experiencia muy enriquecedora. Especialmente cuando van a trabajar en algo distinto a lo que han elegido. De este modo, salen de su  zona de confort y aprenden a valorar lo que tienen y a ser independientes, cosa que en otros lugares es muy habitual.

Los jóvenes españoles están sobreprotegidos por sus familias. Está bien que exista una unión familiar pero no hasta el punto de impedir que los hijos maduren. En Europa lo normal es que los chicos abandonen su casa a los dieciocho años y se hagan independientes, incluso aunque sigan estudiando. Para eso cuentan con ayudas o trabajos a tiempo parcial. También en los EE.UU. Sin embargo, en nuestro país algunos jóvenes se quedan en casa de sus padres hasta que dejan de ser jóvenes. Lo ideal sería que pudieran hacerlo sin abandonar nuestro país, pero tampoco creo que haya que tenerles lástima por salir a ver mundo y aprender a ganarse la vida.

viernes, 23 de enero de 2015

Entre pitos y flautas

Es una expresión que da entrada a otra frase. Por ejemplo, entre pitos y flautas hemos pasado las navidades. Aunque yo la utilizo más en sentido negativo: entre pitos y flautas no hemos ido este verano a la piscina. Quiere decir que has estado muy ocupado con otras cosas. En la vida actual es muy normal andar siempre demasiado entretenido e ir dejando cosas para más tarde. Yo estos días de vacaciones tenía más tiempo en teoría y no he hecho nada de lo que tenía pendiente. Así que ahora me toca ponerme al día. Es curioso que cuando estás de vacaciones suele ser cuando menos te cunde el trabajo, entre pitos y flautas.

La verdad es que, entre que soy un poco vaga y que la mayoría de los días no me encuentro bien, siempre tengo trabajo atrasado. Afortunadamente, tengo que confesar que tengo asistenta cinco horas a la semana. Si no fuera así, mi casa daría vergüenza. Y aprovechando la confesión diré que la mujer peruana que viene a ayudarme es un verdadero encanto y me siento muy afortunada de contar con ella. Más que una empleada es una amiga. Además, toda su familia son muy buena gente. Creo que tenemos mucho que aprender de las personas que lo han dejado todo para venir a ganarse la vida a España. Al menos, los que yo conozco.

sábado, 17 de enero de 2015

El talón de aquiles

El talón de Aquiles, como dice la leyenda es el punto débil de una persona o situación. Todos tenemos uno. En mi caso es mi familia. Me puede fallar el trabajo, el dinero y la salud, pero no puedo estar mal con los míos, porque me hundo. Estoy dispuesta a afrontar la idea de que muchos me consideren una inútil por ser un ama de casa vulgar y corriente. Comprendo que otros no estén de acuerdo con mis ideas y me dediquen toda clase de improperios en la red. Incluso entiendo que mis hijos se rebelen contra las enseñanzas recibidas y quieran buscar su propio camino. Pero siempre que no me falte el cariño, todo está bien.

Sin embargo, cuando tengo una diferencia importante con mi marido o mis hijos, me convierto en un guiñapo. Todo mi castillo de naipes se desmorona. Y es que mi vida y mi felicidad están basadas en el pilar de la familia, para bien o para mal. Ya sé que es una situación demasiado delicada e inestable, pero es lo que yo he elegido. Mi vida paralela en internet es un entretenimiento que me da algo en que pensar, y a veces quiero pensar que es importante, aunque otras no me lo creo tanto. Pero nada de esto se sostendría si no tuviera un hogar donde regresar. Como todo talón de Aquiles es algo que realmente pone en peligro mi integridad, pero así son las cosas.

jueves, 1 de enero de 2015

Con la miel en los labios

Quedarse con la miel en los labios es estar a punto de conseguir algo y no lograrlo en el último momento. Yo me quedé así hace casi diez años cuando mi segundo blog tuvo tanto éxito y tuve que acabar cerrándolo. La verdad es que ya me veía con columna en algún periódico. Supongo que no se puede tener todo en la vida. Recuerdo que una vez una gitana me leyó la buenaventura en Granada y varias veces me preguntó aquello de: salud, dinero o amor. Yo siempre le contestaba amor, así que ahora no puedo quejarme. De salud voy tirando y de dinero tengo épocas mejores y peores. Pero el éxito laboral desde luego se me resiste. Sí que acertó en que tendría tres hijos.

Cuando vuelvo la vista atrás pienso que muchas veces he estado a punto de. A punto de estudiar una carrera universitaria, a punto de ser una buena secretaria, a punto de aprobar una oposición, a punto de convertirme en periodista, a punto de aprender varios idiomas correctamente... Supongo que lo mío es una historia de intentos fallidos. Sin embargo, como siempre digo, yo estoy satisfecha con la vida que llevo. Creo que el éxito en el amor es lo más importante. Sin embargo, me gustaría que mis hijos algún día no tengan que decir que se quedaron con la miel en los labios, al menos en lo que a formar una familia se refiere.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Caer en saco roto

Como he comentado últimamente, hace diez años yo me sentía muy satisfecha de la forma en que había cuidado de mis hijos, con mucha dedicación y cariño. Últimamente pienso que quizás estaba equivocada. Tengo un vecino con dos chicos gemelos de veintitrés años a los cuales no les hizo ni caso durante su infancia. Quiero decir que, estaban siempre con la abuela o con la cuidadora porque ambos padres trabajaban hasta tarde. Hoy son universitarios, practican kárate y uno al menos toca la guitarra. Son responsables, trabajadores y muy independientes. De hechos sus padres se han ido una temporada a Alemania y los han dejado en su casa solos.

Confieso que yo solía criticar a mis vecinos por lo dejados que según yo tenían a sus hijos. Ahora pienso que mis años de atención exclusiva a mis hijos cayeron en saco roto. Es decir, que apenas quedó nada de todo mi interés y mis esfuerzos. Como suele ocurrir apenas se acuerdan de su infancia. La pequeña no recuerda ni los viajes que hicimos juntos. Pero sobre todo, no quedó casi nada de mis consejos, de las conversaciones que teníamos, de los ratos juntos sin hacer nada especial. Esa comunicación, que yo juzgaba tan importante, acabó nada más en un conjunto de fotografías que ahora repaso mientras me pregunto dónde me equivoqué.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Al tun tun

Viene a ser algo parecido a A tontas y a locas. Hacer algo al tun tun es hacerlo un poco A ojo, es decir a ver si hay suerte y funciona. Es propio de personas inconscientes o inmaduras. Creo que yo nunca he actuado así. Siempre he preferido no hacer algo a hacerlo de cualquier manera. Por ejemplo, podría haber elegido una carrera al tun tun. Había varias que me llamaban la atención, como filología alemana o árabe, psicología o periodismo. Pero al final pensé que, para ser una estudiante mediocre, mejor me buscaba algo práctico en lo que pudiera trabajar cuanto antes. Y me hice secretaria, como dos de mis cuñadas.

Luego resultó que lo del secretariado tampoco me llenaba y acabé de ama de casa. Nunca me lo hubiera imaginado. Pero no fue por descarte, sino que fue algo muy meditado. Simplemente lo probé y me gustó, y después de nacer mis hijos ya no quería hacer otra cosa que estar con ellos. A veces pienso que me equivoqué, porque tal vez quedarse en casa tampoco compensa a la larga, pero lo disfruté mucho durante un tiempo. Después decidí volver a mi primera vocación, que era estudiar idiomas, y en eso estoy. Lástima que el cerebro ya no me de para tanto. Me he dejado llevar un poco las circunstancias, pero nunca he hecho las cosas sin pensar.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Feminismo mal entendido

Yo comprendo que en su momento hubiera que luchar por la igualdad entre hombres y mujeres y en algunos países todavía sea muy necesario. Sin embargo, me molesta profundamente ese resentimiento y competitividad de que hacen gala algunas mujeres cuando se trata de este tema. Yo soy ama de casa por decisión propia y estuve trabajando casi dos años. Es decir, que he probado ambas opciones. Decidí que cuidar de mi familia me daba más satisfacciones que tener un futuro laboral. Así que comprendo perfectamente que nuestras abuelas y bisabuelas fueran perfectamente felices quedándose en casa a cuidar de sus hijos.

También es cierto que no pudieron elegir porque, teniendo un embarazo cada dos años, era difícil dedicarse a otra cosa. Pero eso no significa que estuvieran esclavizadas o que alguien les impidiera desarrollar su potencial humano. Simplemente eran otras circunstancias. Durante cientos de generaciones las mujeres no han tenido otro objetivo en la vida que casarse y ser madres, así que no podían echar de menos aquello que ni siquiera se habían planteado hacer. Está bien que ahora las mujeres puedan compatibilizar más o menos la familia con el trabajo, pero eso no significa que sea obligatorio o la única opción deseable.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Como títere sin cabeza

Andar como títere sin cabeza es parecido a ir a tontas y a locas, es decir no saber muy bien lo que se hace. Yo lo suelo utilizar cuando tengo muchas cosas que hacer y poco tiempo. Dicen que las mujeres podemos hacer muchas cosas a la vez. No es mi caso. Hacerlas las hago pero no bien. Recuerdo que cuando trabajaba tenía una labor muy agobiante, con las cartas, el teléfono, los fax... (era secretaria) e intentaba abarcarlo todo pero no conseguía hacerlo tan bien como hubiera querido. Prefiero dedicarme a una cosa cada vez y hacerlo lo mejor que me sea posible. De hecho, suelo repetir la frase: si haces algo hazlo bien o no lo hagas.

La excepción tal vez sería la comida, que la suelo hacer lo más rápido y sencilla posible, pero eso tiene una explicación física. Me duelen las piernas si estoy mucho de pie y además las comidas elaboradas me sientan mal. Así que no me compensa esforzarme más, para desgracia de mi familia.:) La verdad es que yo no suelo andar como títere sin cabeza, porque me organizo el tiempo de manera que no tenga que darme demasiada prisa. Si voy a la compra, por ejemplo, no pongo la lavadora. De este modo es raro que me "pille el toro". Como podéis comprobar yo utilizo muchísimas expresiones en mi vida diaria, también cuando hablo.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Niños y tradición familiar

En esta sociedad contradictoria en que vivimos existen dos actitudes opuestas respecto a los niños. Por una parte se supone que hay que primar el trabajo sobre la familia y los hijos deben conformarse con las migajas de tiempo que nos sobren, eso sí, de calidad. Por otra parte, todo es poco para los niños en cuanto a estudios, ocio y diversión. De manera que a menudo, por querer mantenerlos contentos, lo que acaban los niños es estresados de tanto entretenimiento forzoso. De manera que, por una parte les falta atención y por otra les sobra. Todo por no volver a la crianza natural de los hijos que ha servido para cientos de generaciones antes de nosotros.

Cuando voy al pueblo me encanta el silencio y la tranquilidad que se respiran. Parece que el tiempo transcurre más despacio y se disfruta más. Salir a pasear por el monte es una experiencia impagable. Por cierto, que poca gente sabe los paisajes que tenemos a pocos kilómetros de Madrid. Es como volver atrás en el tiempo y comprobar que se puede vivir sin televisión y sin wifi, sin saber las últimas noticias y no pasa nada. Así es como deberíamos criar a los niños, con su familia y en contacto de la naturaleza. Lo demás es innecesario y además incluso pernicioso para su desarrollo físico y psíquico. Tenemos que volver a la tradición familiar de nuestros antepasados.