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Nubes sobre el Mar

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sábado, 25 de abril de 2015

Perder el norte

Se refiere a no saber lo que se hace. El otro día leí una noticia sobre una señora que lleva años sin reírse para que no le salgan arrugas en la cara. No sé si será verdad pero desde luego debe tener problemas psicológicos graves. Para eso mejor sería que se suicide y pida que la congelen. Es la mejor manera de asegurarse de no tener nunca arrugas, no vivir. Porque las arrugas son testigos de la vida. El otro día hablaba con una amiga de que mucha gente parece haber perdido el norte en esta época que nos ha tocado vivir. Desde los que están obsesionados con su físico a los que realmente no saben qué hacer con su vida.

A veces la mejor solución puede ser precisamente poner tierra por medio. Marcharse a otro país para aclararse las ideas. Estos días están poniendo una película española sobre los jóvenes que tienen que emigrar y hay quien lo plantea como una tragedia. Yo creo que es una experiencia positiva, especialmente para aquellos que no tienen profesión porque no han querido estudiar y necesitan ponerse en contacto con la realidad de las cosas. Que nadie da nada a cambio de nada. A veces es necesario abandonar el nido y verse en necesidad para recuperar el norte y comprender lo que es realmente importante en la vida y lo que es accesorio.

lunes, 25 de agosto de 2014

Malvivir en un país extranjero

El otro día vi una entrevista a unos jóvenes que se han ido a vivir a Inglaterra a trabajar en un bar. Decían que allí ganaban mucho más, pero también es un país mucho más caro. Lo que no decían es que probablemente comparten un piso pequeño con derecho a cocina y baño, y que tienen que trabajar toda la semana. Probablemente no estarían dispuestos a hacer lo mismo en España y que les vieran sus vecinos viviendo hacinados, trabajando sin horario y cobrando una miseria. Pero en un país extranjero no les importa. Es una aventura. Aquí sólo hacen esa clase de trabajos los inmigrantes extranjeros. Nuestros jóvenes no los quieren.

Por eso me extrañó el otro día que, por una vez, vino a traerme la compra del supermercado un chico español, y no el típico extranjero de mediana edad. Pensé que tal vez las cosas están cambiando. Parece ser que el gobierno ha sacado un contrato ventajoso para jóvenes nini y puede ser que empiecen a colocarse al fin en los trabajos que no querían, en los que solamente están dispuestos a ejercer en el extranjero. Claro que los sentiría por los inmigrantes que los han estado ocupando hasta ahora, pero me temo que sea la única manera posible de recuperar a una generación que tiene más orgullo que sentido común.