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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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sábado, 29 de agosto de 2015

Hacer castillos en el aire, o en España

La versión inglesa dice: to build castles in Spain. Significa hacer planes grandiosos que no es posible llevar a cabo. Yo de pequeña era muy fantasiosa. Leía mucho y tan pronto quería ser una heroína de novela, como viajar a lugares lejanos o fundar un club al estilo de los Cinco. La vida se encargó de enseñarme que nada de eso era fácil de conseguir. Forma parte del proceso de madurar. Sin embargo, no sé por qué hay gente que no madura nunca. Los ves con sesenta años con su coleta, que parece que se quedaron anclados en los setenta, a veces paseando a los nietos. A mí me dan lástima porque no hay nada peor que no aceptar la realidad.

Es bonito tener sueños pero siempre que sepas que lo son. Porque la manera más segura de no ser nunca feliz es aferrarse a un ideal imposible. Tanto en política, con los comunistas, como en las relaciones personales, hay quien busca siempre algo que no existe, que no es factible. Pero el problema viene cuando toda la sociedad se infantiliza y decide salir a buscar sus sueños. Creo que es lo que está ocurriendo en España y, claro, los sueños no te dan de comer ni te arropan por la noche. Las cosas que se ven más bonitas suelen tener un trasfondo oscuro y, si no lo aceptas como es, seguirás siempre engañándote a ti mismo.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Que cada palo aguante su vela

Ya he vuelto a casa pero el viernes me voy por otra semana. Saludos.
Me gustan los refranes porque saben explicar en pocas palabras situaciones que te encuentras en la vida y en las que es necesario reaccionar de una manera determinada. Como dice éste, resulta que hay gente que tiene por costumbre meterse en problemas y luego espera que alguien venga a sacarle las castañas del fuego. Que cada palo aguante su vela significa precisamente que uno tiene que afrontar las consecuencias de sus propios actos y creo que es algo fundamental para la madurez de una persona. Me parece un gran error andar sacando a la gente de atolladeros porque te dan lástima o te sientes responsable. De esa manera no aprenden nunca.

Precisamente estaba hoy contestando un comentario sobre esas personas que pretenden que tienen derecho a tener una vivienda digna porque sí, por ser ciudadanos de este país. Pero lo cierto es que todo el mundo tiene que pagar por sus bienes, aunque sea algo simbólico en función de sus ingresos reales. Lo que no puede ser es que algunos reciban gratis lo que a otros nos cuesta horrores conseguir. Yo me pasé diez años sin llegar a fin de mes por pagar mi piso, y es de protección oficial. Así que cuando hablan del derecho a vivienda, o a conseguir un trabajo sin tener preparación alguna, la verdad es que no me parece justo.

martes, 22 de abril de 2014

Sarna con gusto no pica

Otro refrán que oía mucho en mi casa de pequeña. Se refiere a que si te buscas problemas, luego no te quejes. Hay gente que es especialista en complicarse la vida y luego se pasan el día lamentándose de que están cansados y no tienen tiempo para nada. Yo no entiendo esa actitud porque soy más bien al contrario, pero bueno. Yo creo que tiene que ver con tener el metabolismo rápido o lento. Pero el caso es que cuando me he metido en algún lío de joven - yo también - siempre he estado dispuesta a afrontar las consecuencias. Es como lo que hablaba ayer de la coherencia. Me parece una cualidad fundamental de la persona.

Es decir, que si tus acciones te complican la vida o te meten en problemas tienes que afrontarlo tú mismo, no irte a quejarte a otros a intentar que te saquen las castañas del fuego. Forma parte del proceso de madurez de la persona. Cuando eres niño esperas la ayuda de tus padres, pero cuando te haces adulto tienes que afrontar las consecuencias de tus actos. Claro que para una madre resulta duro ver a sus hijos con sarna -metafóricamente hablando - pero si sigues solucionándoles las cosas toda la vida nunca serán capaces de tomar las riendas de su destino. Vamos, que todos hemos pasado alguna sarna y hemos sobrevivido.

jueves, 30 de enero de 2014

Cumpleaños

Cumplo cuarenta y ocho años. Eso significa que hace treinta años que cumplí los dieciocho. Parece muy obvio pero yo a veces me sigo sintiendo como si tuviera esa edad. Me identifico mucho con los jóvenes. Tal vez eso implica que soy inmadura, no lo sé. El otro día una seguidora nueva me dijo que le recordaba a ella misma y vi en su blog que era una adolescente, cosa que me llamó la atención. En cierto modo, psicológicamente hablando yo recuerdo y comprendo tan bien los dieciocho que realmente me parece mentira pensar que ha pasado tanto tiempo. Aunque físicamente en cambio me siento más cerca de los cincuenta, debido a mis muchas molestias.

No sé si es algo que le sucede a todo el mundo. Puede que se deba a que yo no trabajo fuera de casa y la mayoría de las mujeres de mi generación sí que lo hacen, de modo que me he quedado un poco descolgada de mi propia edad y me relaciono más con jóvenes o gente mayor que yo. En mi clase de inglés la mayoría son menores y en la de gimnasia mayores. El hecho de estar estudiando supongo que también influye. Pero me decía mi madre que ella tampoco se hace a la idea de la edad que tiene, así que espero que no sea como una especie de herencia familiar eso de no encajar en tu verdadera edad, porque realmente creo que es importante para ser feliz.

martes, 10 de septiembre de 2013

Siete años

Hace un año que tengo una tendinitis en el brazo que no se me cura del todo. Hace un año y medio que murió mi cuñado. Hace dos años que empecé mi tratamiento antidepresivo, aunque ahora me he pasado a pastillas naturales. Hace tres años que tuve mi primera depresión. Hace tres años y medio que mi padre empezó la diálisis. Hace cuatro años que me hijo decidió dejar de estudiar y de estar en familia. Hace cinco años que estuve en el hospital con vértigo. Hace seis años que me ingresaron por gastritis. Hace siete años que murió mi otro cuñado. Hace siete años y medio que empecé el blog, y todavía hay quien me dice que soy muy negativa... Realmente, podría haber sido peor, pero han sido muchas preocupaciones seguidas.

Hay algo que me molesta mucho y es que recuerdo bastante de mi infancia y de los últimos años, pero no sé por qué me cuesta mucho acordarme del periodo que va desde los treinta a los cuarenta. Es precisamente cuando mis hijos eran pequeños y lo he disfrutado mucho. Tal vez precisamente por eso no lo recuerdo con nitidez. Cuando veo las fotos me parece otra persona la que aparece.  También en mis sueños aparecen mucho mis hermanos a los que apenas veo y poco mis niños. A veces me preocupa pensar si puede ser un principio de Alzeimer o algo parecido. Mi madre tiene Parkinson. Me gustaría recordar lo bueno tan bien como lo malo.

martes, 13 de agosto de 2013

La memoria

He vuelto de mis vacaciones  y os dejo una reflexión melancólica. Ya he contado alguna vez que tengo unos sueños muy intensos y además los recuerdo. Eso es un problema cuando uno intenta olvidar los sentimientos que tuvo en otra época de su vida. Esta noche me he sentido otra vez como un patito feo, fuera de lugar, inservible, sin interés, un desecho. Durante muchos años de mi vida no encontraba mi lugar, sin amigos, sin relaciones, sola con mis libros, me preguntaba para qué estaba yo en el mundo. Ahora que vivo la crisis de la madurez, a veces pienso que me gustaría poder recuperar esos años y llenarlos de experiencia, de ilusión, de vida. Pero no se puede dar marcha atrás.

Días y meses enteros sin nada que hacer, pasando el tiempo que se deslizaba perezosamente, interminable. Veranos de soledad deseando que volviera el curso para estar con más gente, aunque fuera también sola en la multitud. Cuando parecía que nada tenía sentido, que nada iba a cambiar nunca. Y ahora que el tiempo corre como caballo desbocado yo quisiera olvidar que desperdicié todos esos años. Pero no puedo, porque me persiguen en mis sueños. Cuando vuelvo a sentirme la hermana tonta, fea y tímida, a la que casi nadie presta atención; la niña detrás de un libro con tanto que dar y nadie a quien dárselo todavía.
Hoy he publicado dos posts.

jueves, 1 de agosto de 2013

Pan para hoy y hambre para mañana

Significa que las soluciones a corto plazo no sirven de mucho.  Por ejemplo, cuando se trata de educación. En las últimas leyes se han dado facilidades a los chicos para que pasen de curso con varias asignaturas suspendidas. Se supone que así les animan a seguir adelante. Pero si ya les cuesta llevar un curso normal, les costaría más aún sacarlo con asignaturas atrasadas porque no tienen los conocimientos básicos a partir de los cuales se desarrolla el temario. Creo que es algo evidente. Por tanto, la política cortoplacista no funciona. Tampoco en economía, donde las soluciones temporales no mejoran la situación general.

Los políticos tienen mucha afición a desarrollar programas de cara a las siguientes elecciones generales y así no es de extrañar que no salgamos adelante. Hay que procurar tener una cierta estabilidad en el país, que no dependa de los cambios del partido en el gobierno. También en la vida diaria conviene tener una cierta rutina que te asegure el bienestar a largo plazo y no ir improvisando con el riesgo de acabar mal. La madurez consiste también en eso, en saber planificar tu vida, tus fuentes de ingresos y tus relaciones durante años. Llevar una vida inestable puede ser estimulante pero no resulta práctico.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Los treinta no son los nuevos veinte

Acabo de ver una charla en internet impartida por una psicóloga especializada sobre los problemas de los jóvenes de hoy. Yo ya había dicho en varias ocasiones que en España tenemos un problema con los chicos de treinta que se niegan a madurar, pero no había caído en la cuenta de que el problema empieza en la década anterior. La sociedad les está dando el mensaje de que pueden prolongar su adolescencia sin consecuencias hasta la treintena, pero eso no es cierto. En la década de los veinte es cuando se toman las decisiones que van a afectar al resto de tu vida para bien o para mal, a nivel personal, profesional y social.

Por ejemplo, cuando los chicos se dedican a coleccionar relaciones sólo por pasar el tiempo, por probar lo que les gusta y lo que funciona; no se dan cuenta de que deberían estar buscando alguien con quien poder formar una familia en el futuro. Tal vez no funcione, pero al menos hay que intentarlo. La fertilidad disminuye a partir de los treinta y cinco años. Cuando se debaten entre distintas profesiones están perdiendo un tiempo precioso, porque a los treinta ya deberían estar posicionados en su profesión. Y cuando tienen la agenda repleta de relaciones superficiales, no se dan cuenta de que necesitan gente con quien puedan contar el resto de su vida.

Hasta hace poco, la esperanza de vida en España era de cincuenta años. En muchos lugares lo sigue siendo. No puedes pasarte media vida dejando que las cosas sucedan sin más.

martes, 16 de abril de 2013

Gran engaño XIV

Recuerdo que hace mucho escribí una entrada dedicada a Gran hermano. Llevaba una o dos temporadas y ya pensaba que no daba para más. Va por la catorce. El otro día vi un trocito, esperando a que empezara lo de José Mota, y me bastó para comprobar que sigue siendo exactamente lo mismo, o peor. Al fin y al cabo los primeros concursantes eran medianamente normales. Los de ahora los seleccionan para que den más juego entre personas sin ninguna clase de escrúpulos ni nada parecido a la conciencia, la vergüenza propia o ajena o el sentido del ridículo. Por no hablar de sus familiares, que de casta le viene al galgo...

Pero lo que realmente no entiendo es que haya tanto público para seguir un espectáculo así. Porque podría ser que tuvieran instinto de voyeur, pero es que las relaciones que se dan en esa casa no son en absoluto naturales. Todo es forzado, artificial y pensado para la galería. Todos sobreactúan y llevan las situaciones hasta el límite. Los diálogos son histriónicos y las emociones falsas. Creo que algo va muy mal realmente en nuestra sociedad si eso es lo que le gusta ver en televisión a la mayor parte de la audiencia. Yo apenas conseguí soportarlo unos segundos. Entiendo que le pueda interesar a un adolescente, pero no a una persona madura.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Cincuenta y siete

Siempre fui demasiado madura para mi edad, unos diez años. Cuanto tenía siete ya me sentía como de diecisiete, con veinticinco me veía de treinta y cinco, y ahora que tengo cuarenta y siete, realmente me siento como si fueran cincuenta y siete. Todo lo cual me hace pensar que me queda menos tiempo del que parece. Y es que no sólo yo me siento psicológicamente mayor, sino que mi cuerpo parece estar de acuerdo y ya tengo los achaques de alguien al borde de la jubilación. Es algo como aquello de: vivir rápido, morir joven y dejar un bonito cadáver. Pero con la diferencia de que yo tampoco he vivido al límite.

Me sorprendo a mi misma pensando en nietos cuando mis hijos aún no han terminado sus estudios; o haciendo planes para el retiro de mi marido, para el cual faltan más de diez años. A veces me da lástima pensar que no vivo el momento presente. Es como si hubiera nacido ya con diez años de edad y alguien me hubiera robado ese tiempo. Ya sé que es una tontería. Ser madura tiene sus ventajas, especialmente ahora. En su momento era un problema. Eso no quiere decir que no hiciera tonterías, pero las hice plenamente consciente. No sé lo que es dejarse llevar por circunstancias que no controlas, y a veces lo echo de menos.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Melenudos

Vivo en una ciudad habitada por familias de clase media. La mayoría de los padres son licenciados que trabajan ambos y con niños pequeños. Digamos que es un buen laboratorio para escribir mi blog con todos los vicios de la modernidad, aunque últimamente ando poco inspirada. Sin embargo, hay algo que me ha llamado últimamente la atención. Ver a niños bien vestidos, arreglados y muy normales, acompañados de padres con estética adolescente. Mis hermanos de jóvenes llevaban el pelo largo y estaban horrorosos, por cierto. Pero llegadas ciertas edades seguir llevando el pelo largo da muy mala impresión, por lo menos a mí.

Me transmite un mensaje de persona descuidada, que desprecia las normas y no se esfueza en la convivencia con los demás. Un señor de cincuenta años melenudo me parece alguien que no ha madurado, que ha decidido quedarse anclado en el tiempo. Alguien a quien no le importa desagradar a los demás. No dudo que sean buenísimas personas pero no lo parecen. Yo creo que, aunque sólo sea por sus hijos, por no avergonzarlos, deberían renunciar a ese look trasnochado. Resulta que entre mis vecinos hay dos chicos gemelos idénticos que estudian sendas ingenierías. Pues bien, uno de ellos se ha dejado melena, supongo que para distinguirse, y parece un delincuente. La apariencia también importa.

sábado, 17 de marzo de 2012

adultescent

Parece ser que un término nuevo que han inventado en inglés para denominar a aquellas personas que teóricamente son adultos, pero se conducen como adolescentes. Es decir, a los que no han madurado porque sencillamente no quieren, porque les es más cómodo seguir así. Hay muchos ejemplos entre la gente de la farándula: como el matrimonio Pitt-Jolie que juegan con sus hijos como si fueran muñecos; George Cluny y su incapacidad para comprometerse, Lady Gaga y su gusto por los disfraces... Tal vez por ello sirven de ejemplo a muchos jóvenes que piensan que no necesitan cambiar, que pueden continuar con la misma vida, aficiones y amistades esporádicas por el resto de sus días.

Y supongo que podrán, pero no es ésa la cuestión, sino si deben hacerlo. Cada momento de la existencia tiene sus características y no es sano pretender alargarlo de forma indefinida. También en su mentalidad se nota que se aferran a lo que se lleva, lo que está de moda; se hacen adictos a la tecnología; o se vuelven forofos de un equipo de futbol y un partido político... Lo que sea con tal de no tener que tomar sus propias decisiones, pensar por sí mismos y dar un paso adelante en sus vidas. No digamos ya casarse o tener hijos, estudiar más, buscar un trabajo mejor, comprar una casa. En fin..., la clase de cosas que realmente distinguen a un adulto de un niño mejor que la apariencia.

lunes, 5 de marzo de 2012

Cuestión de décadas

La juventud es idealista por naturaleza. También tienen tendencia a dejarse llevar por el sol que más calienta. Se junta esto y tenemos unos jóvenes manipulables al cien por cien. Ya sé que hay excepciones, chicos y chicas que estudian, trabajan, ayudan en casa e incluso fuera. Pero también hay una cantidad importante de jóvenes que no han acabado sus estudios, no buscan trabajo y pretenden que alguien les solucione la vida sin más. Está bien tener aspiraciones, pero siempre que seas capaz de poner algo de tu parte. Yo no quise estudiar carrera y me hice secretaria. No me quedé en casa a esperar que me siguieran dando la paga de por vida. El idealismo es muy bonito pero no da de comer.

Si además resulta que esas ideas no son nuevas... Que el marxismo ya ha sido probado en multitud de ocasiones y siempre ha resultado un fracaso; que ha llevado a países a la miseria y a miles de personas a prisión por no estar de acuerdo con esas ideas... Entonces yo, sinceramente, no entiendo cómo en pleno siglo XXI se puede defender todavía la vigencia de un sistema superado felizmente por la historia. Tendremos que esperar veinte años a que estos jóvenes maduren y despierten de sus sueños irrealizables, que comprendan que las utopías dan muy bien sobre el papel, pero nada más. Para entonces, quién sabe cuántas vidas se habrán ya malogrado.

lunes, 31 de octubre de 2011

Sobre la vida y la muerte

Es un tema del que no nos gusta hablar pero hay que hacerlo. El otro día en un bar comentaban que a principios del siglo XX lo habitual era no vivir más de cuarenta años. Habían estado repasando el árbol genealógico de su familia y nadie los sobrepasaba. Ahora estamos tan acostumbrados a vivir casi el doble, que, cuando a alguien le sobreviene un accidente o una enfermedad nos parece algo absolutamente injusto; y no digo que no lo sea, pero entra dentro de lo natural cuando ya se ha vivido tantos años. Por suerte, la medicina ha avanzado tanto que ahora ya no tiene todo tan mal pronóstico como entonces. Pero, aún así, siempre nos parece poco tiempo; y nos lo seguiría pareciendo aunque viviéramos cien años.

Sin embargo, yo pienso que a los cuarenta años una persona ya debería haber madurado lo suficiente, tener una profesión y una familia y una vida más o menos hecha. Así sigue sucediendo en los países pobres donde nos les queda tiempo que perder. Aquí, sin embargo, se encuentra mucho inmaduro de esas edades: personas que siguen viviendo con sus padres, que son incapaces de mantener una pareja estable o que incluso no tienen medios propios de vida. Creo que estamos en una sociedad decadente. Supongo que no es la primera vez que sucede en la historia ni será la última; pero tenemos que empezar a espabilar o el futuro de las nuevas generaciones estará en juego.