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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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martes, 28 de octubre de 2014

Maternidad a los cuarenta

Se ha puesto de moda, como tantas cosas, eso de congelar los óvulos para poder ser madre más adelante cuando no interfiera con tu trabajo. En primer lugar, la congelación no garantiza una buena conservación del material. Muchos se malogran. En segundo lugar, al congelar cuatro o cinco está claro que algunos no va a ser utilizados y los embriones sobrantes acabarán en la basura. En tercer lugar, a lo que iba yo, es que ser madre a los cuarenta es prácticamente ser abuela. Yo lo sé de primera mano porque mi madre me tuvo con treinta y ocho años y noté mucho la diferencia, que mi madre ya no ejercía de tal como una mujer joven.

Ni las energías, ni la paciencia, ni el tiempo que se puede dedicar es el mismo a los veinte años que a los cuarenta. Yo tuve a mi primer hijo con veintiséis y aun así estaba todo el día agotada. No quiero ni pensar que lo hubiera tenido más tarde. Pero además no resulta justo para un niño encontrarse con que a los diez años su madre ya tiene cincuenta, a los veinte sesenta y, a los cuarenta, ochenta. Como me ocurrió a mí. Hay relaciones y experiencias que sólo se pueden compartir cuando las edades son más cercanas. Por eso creo que es un gran error retrasar la maternidad, y puestos a elegir, desde luego, yo primaría la familia sobre el trabajo. De hecho ya lo hice.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Relevo generacional

Cuando voy a la gimnasia del ayuntamiento, la mayoría de mis compañeras son mujeres mayores de sesenta años, aunque en buen estado físico. Se da el caso de que algunas conservan todavía a algún padre aunque muchas son ya abuelas. Me da envidia cuando las oigo hablar porque pienso que es lo natural, que los padres sean sustituidos por los nietos en la vida de una persona. De este modo, al perder a unos te consuelas con los otros. Pero yo soy la pequeña de cinco hermanos y mi padre me tuvo con cuarenta años. Por eso me ha tocado despedirme demasiado pronto, cuando todavía no tengo edad para ser abuela.

Según el orden natural de las cosas, los hijos deberían tenerse sobre los veinte años. Así sigue siendo en muchos lugares del mundo. Es cuando la pareja es más fértil y se encuentra mejor de salud, y con energía para la crianza. De este modo, a los cuarenta ya están los hijos criados y a continuación puede uno empezar a preocuparse por los padres. El relevo generacional debería completarse en unos veinte años. Pero hoy en día las parejas se casan sobre los treinta y tienen hijos ya cerca de los cuarenta. Me temo que eso va a traer muchos problemas a largo plazo a nivel económico y social porque no estamos preparados para un cambio de papeles tan drástico.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Los treinta no son los nuevos veinte

Acabo de ver una charla en internet impartida por una psicóloga especializada sobre los problemas de los jóvenes de hoy. Yo ya había dicho en varias ocasiones que en España tenemos un problema con los chicos de treinta que se niegan a madurar, pero no había caído en la cuenta de que el problema empieza en la década anterior. La sociedad les está dando el mensaje de que pueden prolongar su adolescencia sin consecuencias hasta la treintena, pero eso no es cierto. En la década de los veinte es cuando se toman las decisiones que van a afectar al resto de tu vida para bien o para mal, a nivel personal, profesional y social.

Por ejemplo, cuando los chicos se dedican a coleccionar relaciones sólo por pasar el tiempo, por probar lo que les gusta y lo que funciona; no se dan cuenta de que deberían estar buscando alguien con quien poder formar una familia en el futuro. Tal vez no funcione, pero al menos hay que intentarlo. La fertilidad disminuye a partir de los treinta y cinco años. Cuando se debaten entre distintas profesiones están perdiendo un tiempo precioso, porque a los treinta ya deberían estar posicionados en su profesión. Y cuando tienen la agenda repleta de relaciones superficiales, no se dan cuenta de que necesitan gente con quien puedan contar el resto de su vida.

Hasta hace poco, la esperanza de vida en España era de cincuenta años. En muchos lugares lo sigue siendo. No puedes pasarte media vida dejando que las cosas sucedan sin más.