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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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viernes, 26 de junio de 2015

Quién te ha visto y quién te ve

Ni sombra de lo que eras. Cuando uno es joven piensa que tiene todo el tiempo del mundo y todas las oportunidades por delante, y no es cierto. La verdad es que hay una edad clave sobre los veinticinco años en que todos deberíamos tener nuestro futuro resuelto a nivel profesional y sentimental. Porque después ya no es tan fácil arreglar ni una cosa ni la otra. Hay trenes que sólo pasan una vez en la vida. Yo desaproveché muchas buenas oportunidades en esa época y luego no hubo más. Sin embargo, al menos yo ya tenía mi pareja. Lo peor es cuando uno empalma relaciones y al final se acaba quedando solo al llegar a la treintena.

Sin embargo, ahora la excepción se está convirtiendo en la norma, de manera que me temo que pronto tendremos una generación de solteros con futuro profesional incierto queriendo volver a empezar cerca de los cuarenta años. Una edad en la que no hace mucho tiempo, no sólo llevaban más de una década trabajando sino que ya tenían hijos mayores a punto de abandonar el nido. Pero el problema es que la naturaleza no perdona y las facultades físicas y mentales merman rápidamente a partir de la cuarentena. De modo que me temo que muchos proyectos de vida acaben frustrados si no se ponen las pilas rápidamente.

lunes, 5 de enero de 2015

Eso es otro cantar

Esta expresión sirve para afirmar  una cosa y negar una parte. Por ejemplo: me gustan las verduras, pero la lechuga es otro cantar. Así que no me gusta. Yo soy una persona muy familiar, pero las reuniones multitudinarias; eso es otro cantar. Cuando hay más de diez personas ya no me encuentro a gusto, porque no se tiene una conversación sino muchas, y no acabas de saludar a todo el mundo, y pasas más tiempo poniendo y quitando cosas de la mesa que relacionándote. Creo que dejaron de gustarme cuando tenía diez o doce años; esto es, cuando dejamos de ser ocho en casa para pasar a ser cada vez más gente y de menos confianza, y que apenas nos veíamos en todo el año.

Después el tema creció exponencialmente hasta llegar a ser cerca de treinta personas en un salón, por una familia, y una cantidad parecida por la otra. Los regalos llegaron a ser cerca de cuarenta y eso porque los hacía por parejas. Se acabó el poder estar todos juntos cómodamente alrededor de la mesa o de la televisión. Después murió mi suegro, y hace un año mi padre; pero seguimos reuniéndonos a pesar de que ya tengo un sobrino nieto y varios con novios y novias. De manera que, si Dios no lo remedia, me temo que acabaremos sumando más de cuarenta. Y yo lo único que deseo es pasar estar fiestas tranquila con la familia más cercana. Para los demás, hay otros 363 días.

martes, 28 de octubre de 2014

Maternidad a los cuarenta

Se ha puesto de moda, como tantas cosas, eso de congelar los óvulos para poder ser madre más adelante cuando no interfiera con tu trabajo. En primer lugar, la congelación no garantiza una buena conservación del material. Muchos se malogran. En segundo lugar, al congelar cuatro o cinco está claro que algunos no va a ser utilizados y los embriones sobrantes acabarán en la basura. En tercer lugar, a lo que iba yo, es que ser madre a los cuarenta es prácticamente ser abuela. Yo lo sé de primera mano porque mi madre me tuvo con treinta y ocho años y noté mucho la diferencia, que mi madre ya no ejercía de tal como una mujer joven.

Ni las energías, ni la paciencia, ni el tiempo que se puede dedicar es el mismo a los veinte años que a los cuarenta. Yo tuve a mi primer hijo con veintiséis y aun así estaba todo el día agotada. No quiero ni pensar que lo hubiera tenido más tarde. Pero además no resulta justo para un niño encontrarse con que a los diez años su madre ya tiene cincuenta, a los veinte sesenta y, a los cuarenta, ochenta. Como me ocurrió a mí. Hay relaciones y experiencias que sólo se pueden compartir cuando las edades son más cercanas. Por eso creo que es un gran error retrasar la maternidad, y puestos a elegir, desde luego, yo primaría la familia sobre el trabajo. De hecho ya lo hice.

lunes, 31 de octubre de 2011

Sobre la vida y la muerte

Es un tema del que no nos gusta hablar pero hay que hacerlo. El otro día en un bar comentaban que a principios del siglo XX lo habitual era no vivir más de cuarenta años. Habían estado repasando el árbol genealógico de su familia y nadie los sobrepasaba. Ahora estamos tan acostumbrados a vivir casi el doble, que, cuando a alguien le sobreviene un accidente o una enfermedad nos parece algo absolutamente injusto; y no digo que no lo sea, pero entra dentro de lo natural cuando ya se ha vivido tantos años. Por suerte, la medicina ha avanzado tanto que ahora ya no tiene todo tan mal pronóstico como entonces. Pero, aún así, siempre nos parece poco tiempo; y nos lo seguiría pareciendo aunque viviéramos cien años.

Sin embargo, yo pienso que a los cuarenta años una persona ya debería haber madurado lo suficiente, tener una profesión y una familia y una vida más o menos hecha. Así sigue sucediendo en los países pobres donde nos les queda tiempo que perder. Aquí, sin embargo, se encuentra mucho inmaduro de esas edades: personas que siguen viviendo con sus padres, que son incapaces de mantener una pareja estable o que incluso no tienen medios propios de vida. Creo que estamos en una sociedad decadente. Supongo que no es la primera vez que sucede en la historia ni será la última; pero tenemos que empezar a espabilar o el futuro de las nuevas generaciones estará en juego.