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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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viernes, 24 de julio de 2015

Ser la oveja negra

Significa ser diferente del resto. De eso sé yo mucho. Siempre me he sentido oveja negra, desde pequeña por ser muy tímida y bastante más alta que el resto. En la adolescencia por ser bastante más madura y en la juventud por estar casada cuando la mayoría de mis compañeras seguían en la universidad. Y después por ser ama de casa en una generación española donde estaba realmente mal visto en las mujeres no trabajar. Así que soy una experta en destacar del rebaño. Por si fuera poco, luego me signifiqué en internet como defensora de pleitos pobres, contra el aborto, a favor de la Iglesia, por la familia... Vamos, que no tengo remedio.

Qué es lo que he sacado de ser una oveja negra... Estar sola. Afortunadamente conseguí formar una familia con ovejas blancas. Tener mucho que contar en el blog, demasiado incluso. Una depresión y un tratamiento químico y psicológico. Una perspectiva desde fuera para poder analizar la sociedad sin estar comprometida con nadie. Un punto de vista personal e intransferible. Muchos disgustos y algunas satisfacciones. Tiempo libre que me dejan las actividades sociales que no tengo... Si me compensa... Pues a estas alturas supongo que ya sí. De joven desde luego me hubiera teñido las lanas. Lo hubiera dado casi todo por poder ser una más del rebaño.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Cría cuervos y te sacarán los ojos

Éste es un refrán muy duro y muy real. Cuando mis hijos eran pequeños yo pensaba que lo tenía todo controlado y que bastaba con darles cariño a raudales para recibir lo mismo. Pero llegó la temida adolescencia y tuve que escuchar las palabras que creí que nunca escucharía: estás loca, eres la peor madre del mundo, te odio, sólo vives para hacerme la vida imposible... Por eso, alguna vez que me han hecho comentarios duros en el blog he respondido que no sería peor que lo que me decían en casa. Porque por supuesto duelen mucho más las palabras de un ser querido que las de un extraño, aunque sepas que se va a arrepentir al momento.

Porque los adolescentes son así, de explosiones, y luego vienen como gatitos a frotarse contigo y hacerte carantoñas como si nada hubiera pasado, y es realmente muy duro pero te acabas acostumbrando. Afortunadamente, yo ya pasé esa época terrible, espero, y hemos vuelto a una relación sostenible. Pero es cierto que los hijos son las personas que más satisfacciones te pueden dar y también las que más te hacen sufrir. Porque no es sólo que ellos lo pasen mal también, sino que tú te sientes realmente responsable de la situación. Pero afortunadamente las aguas suelen volver a su cauce con el tiempo.

viernes, 4 de abril de 2014

Nunca digas de este agua no beberé.

Qué gran verdad. Si algo te enseña la vida, ya a mis cuarenta y ocho años, es que nunca sabes lo que acabarás haciendo y diciendo cuando cambien las circunstancias. Porque una cosa es que tengas unos principios innegociables en temas de vida o muerte, y otra es que no puedas cambiar de opinión en todo lo demás. Eso se nota claramente en los hijos. Cuando tienes varios, con el primero te pones unos límites que al final te acabas saltando proporcionalmente al número de hijos. Así que, si al mayor no le dejabas hacer algo, ten por seguro que el pequeño lo hará mucho antes de la edad permitida previamente.

Como yo soy la pequeña de cinco me encontré el camino allanado. Especialmente cuando llegan a la adolescencia es el momento de tirar todas las teorías a la basura. Creo que está bien intentar mantener unas pautas de conducta durante la niñez, pero siempre que seas consciente de que a la larga harán lo que les parezca. Porque es natural que así sea, a nosotros nos pasó igual. Cuando llega la edad rebelde quieren probar precisamente lo que no te gusta. Es difícil acompañarlos en ese momento buscando un equilibrio entre el control y la libertad. Pero ayuda mucho recordar que tú también fuiste joven y exploraste tus propios caminos.

jueves, 30 de enero de 2014

Cumpleaños

Cumplo cuarenta y ocho años. Eso significa que hace treinta años que cumplí los dieciocho. Parece muy obvio pero yo a veces me sigo sintiendo como si tuviera esa edad. Me identifico mucho con los jóvenes. Tal vez eso implica que soy inmadura, no lo sé. El otro día una seguidora nueva me dijo que le recordaba a ella misma y vi en su blog que era una adolescente, cosa que me llamó la atención. En cierto modo, psicológicamente hablando yo recuerdo y comprendo tan bien los dieciocho que realmente me parece mentira pensar que ha pasado tanto tiempo. Aunque físicamente en cambio me siento más cerca de los cincuenta, debido a mis muchas molestias.

No sé si es algo que le sucede a todo el mundo. Puede que se deba a que yo no trabajo fuera de casa y la mayoría de las mujeres de mi generación sí que lo hacen, de modo que me he quedado un poco descolgada de mi propia edad y me relaciono más con jóvenes o gente mayor que yo. En mi clase de inglés la mayoría son menores y en la de gimnasia mayores. El hecho de estar estudiando supongo que también influye. Pero me decía mi madre que ella tampoco se hace a la idea de la edad que tiene, así que espero que no sea como una especie de herencia familiar eso de no encajar en tu verdadera edad, porque realmente creo que es importante para ser feliz.

martes, 1 de octubre de 2013

Cambios

Cuando menos te lo esperas, la vida da un salto y, de un día para otro -o eso te parece- te encuentras con que has pasado una etapa. Acabo de caer en la cuenta de que mis hijos mayores ya no son adolescentes sino jóvenes, que van a cumplir ya 22 y 20 años. Y la pequeña, por decir algo, ya empieza el bachillerato. Cuando vaya a enterarme estará ya en la universidad. Los mayores ya tienen carnet de conducir y mi coche ahora es un coche compartido, con todo lo que supone de discusiones interminables. Como dicen: lo niños pequeños son muy monos, pero luego crecen y te piden el coche. Yo ya estoy en esa época.

Así que -como decía la serie- los problemas crecen. Me cuesta hacerme a la idea sin embargo de que, cuando digo todavía "mis niños", estoy hablando más bien de tres adultos. Lo cual me sitúa a mí sin remedio en la mediana edad. Parece que fue ayer cuando empezaba en el mundo de los blogs dando consejos sobe la infancia que entonces vivía de lleno, con hijos de nueve, doce y catorce años. Y ahora todo eso me suena lejano aunque sólo hayan pasado realmente siete años, pero siete años muy intensos que suponen para mis hijos el paso de la niñez a la madurez. Por algo decía Einstein que el tiempo es relativo.

lunes, 20 de mayo de 2013

Tal vez

Me ha dado por preguntarme hasta qué punto es mejor intentar olvidarlo todo o explorar en el pasado buscando las pistas de lo que somos hoy. Esa exploración resulta dolorosa, no sólo para nosotros, sino que puede perjudicar a personas a las que apreciamos. Y no creo realmente que valga la pena hacer daño a alguien para quedarnos nosotros más a gusto, más relajados; ni creo que nos hiciera más felices pensar que hemos hurgado en las heridas del pasado. He estado pensando en volver a la psicóloga pero, para qué, si yo ya sé lo que me ocurre y nada ni nadie puede remediarlo. Son fases de la vida que tienen que llegar.

Hace tiempo pensé en escribir un libro sobre mis experiencias de la niñez y la adolescencia pero tengo dos problemas: uno, que evidentemente he olvidado la mayoría; y dos que resultaría una versión muy sesgada. No sé hasta qué punto podría ayudar que yo deje salir los fantasmas del pasado, las miles de horas que pasé en soledad rodeada de gente; mi aislamiento, en parte voluntario, en parte forzoso. La sensación de haberme sentido siempre fuera de tiempo y de lugar. Creo que le ocurre a mucha gente y no saben cómo interpretarlo. Pero tampoco yo soy una experta y no sé si sabría explicarlo, y menos aún buscar soluciones. Médico cúrate a ti mismo.