Se refiere a hacerse ilusiones con algo irreal. A veces ocurre que te aferras a algo porque te trae buenos recuerdos, porque es un retazo de tu juventud, así que lo idealizas y quieres mantenerlo al margen del tiempo y de la realidad. Pero el problema es que la vida suele acabar poniendo cada cosa en su lugar y todo cae por su propio peso. No se puede mantener un trozo de tu pasado vivo contra toda evidencia, pretendiendo que todo sigue igual. Al final te encuentras con que las cosas y las personas han cambiado y los buenos momentos no volverán, ni los malos, afortunadamente. Y lo peor del caso es que te das cuenta de que apenas te importa, porque la gente que cuenta es la que ha estado a tu lado.
Supongo que es en ese momento cuando descubres que has estado pidiendo peras al olmo, viviendo una ilusión y que realmente tampoco lo necesitas. Que tu vida hace ya mucho tiempo que marchó por otros derroteros y no tiene sentido aferrarse al pasado. La lástima es todo el tiempo y el esfuerzo que has podido dedicar a mantenerlo en marcha. Porque un olmo nunca dará peras por más que te empeñes. Un olmo es un olmo, un peral es un peral, y aunque puedan vivir cercanos en algún momento no tienen nada que ver, aparte de ser árboles. Va en la naturaleza de cada uno y lo más sano es aceptarlo sin más y pasar página.
Se trata de un intento de volver a empezar en el mundo de los blogs. Pretende ser de nuevo un diario personal donde volcar reflexiones y compartir experiencias.
Vistas de página en total
Nubes sobre el Mar
Cuadro pintado por mi hija pequeña
Mostrando entradas con la etiqueta pasado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pasado. Mostrar todas las entradas
domingo, 26 de abril de 2015
jueves, 22 de enero de 2015
En peores situaciones nos hemos visto
No hace falta explicar esta expresión. Me acuerdo que de pequeños, cuando no nos acabábamos la comida, mi abuelo solía decir aquello de Cómo se nota que no habéis pasado hambre. En España hace no tanto tiempo pasamos una hambruna como consecuencia de la guerra civil, pero antes de eso, cuando mi abuelo era joven había necesidad. De hecho mi abuelo padeció raquitismo. Visto desde los ojos de hoy y especialmente de nuestros jóvenes, parece que siempre hemos vivido así de bien, estado en la unión Europea, viajado de vacaciones y tenido televisión. Por eso hay gente que mira otros países con cierto desprecio, sin acordarse de que nosotros fuimos ellos.
También olvidan que estamos en el mayor periodo de paz, no sé si de la historia de España, pero al menos de la reciente. Todo esto se puede ir al traste en cualquier momento. No es por desanimar en el nuevo año pero el equilibrio mundial es bastante precario, y siempre existe la amenaza de enfermedades o catástrofes naturales. Claro está que todos preferimos no pensar en ello, pero eso no significa que se pueda o deba vivir al margen de la realidad, más pendientes del estado de nuestro móvil que del bienestar de nuestros seres queridos. Por eso es un ejercicio muy sano de vez en cuando echar la vista atrás y recordar que en peores situaciones, mucho peores, nos hemos visto.
También olvidan que estamos en el mayor periodo de paz, no sé si de la historia de España, pero al menos de la reciente. Todo esto se puede ir al traste en cualquier momento. No es por desanimar en el nuevo año pero el equilibrio mundial es bastante precario, y siempre existe la amenaza de enfermedades o catástrofes naturales. Claro está que todos preferimos no pensar en ello, pero eso no significa que se pueda o deba vivir al margen de la realidad, más pendientes del estado de nuestro móvil que del bienestar de nuestros seres queridos. Por eso es un ejercicio muy sano de vez en cuando echar la vista atrás y recordar que en peores situaciones, mucho peores, nos hemos visto.
lunes, 14 de abril de 2014
A lo hecho, pecho
La verdad es que cuando llegas a mi edad te pasas el día lamentándote sobre lo que tenías que haber hecho y lo que no, especialmente cuando se trata de la crianza de los hijos. Pero eso sólo sirve para sentirse mal y perder autoconfianza. No existe ningún padre o madre perfecto. Eso es una utopía. Todos nos equivocamos porque los niños no vienen con libro de instrucciones, igual que nuestros padres se equivocaron muchas veces con nosotros. Pero el amor de la familia subsana esa clase de errores y hace que el balance sea normalmente positivo, de modo que no merece la pena darle más vueltas al asunto.
Es cierto eso que se dice de que, cuando eres pequeño piensas que tus padres lo saben todo, de joven que no saben nada y de mayor: cuánto sabían mis padres. Todos hemos pasado por las mismas etapas. También es normal que acabemos lamentando no haber estudiado más, no habernos cuidado más o no haber aprovechado todas las oportunidades que nos surgieron. Pero como no se puede dar marcha atrás, lo más sano resulta intentar ver lo positivo y aprender de lo negativo. No conviene olvidar el pasado, pero tampoco autoflagelarse, porque cada cual tomó sus decisiones en virtud de unas circunstancias determinadas.
Es cierto eso que se dice de que, cuando eres pequeño piensas que tus padres lo saben todo, de joven que no saben nada y de mayor: cuánto sabían mis padres. Todos hemos pasado por las mismas etapas. También es normal que acabemos lamentando no haber estudiado más, no habernos cuidado más o no haber aprovechado todas las oportunidades que nos surgieron. Pero como no se puede dar marcha atrás, lo más sano resulta intentar ver lo positivo y aprender de lo negativo. No conviene olvidar el pasado, pero tampoco autoflagelarse, porque cada cual tomó sus decisiones en virtud de unas circunstancias determinadas.
martes, 17 de diciembre de 2013
Antiguos alumnos
Desde que salí de mi colegio no he vuelto por allí más que una vez para recoger un título, creo. Algunas antiguas alumnas se reúnen una vez al año. Muchas llevan a sus hijos al centro. Otras quedan de vez en cuando en sus propias casas. Me han invitado un par de veces pero no quiero ir. Sería como dar un salto al pasado que no me atrae lo más mínimo. Me he pasado años intentando olvidar esa época de mi vida y creo que lo he conseguido bastante bien. De hecho ya no me acuerdo de los nombres ni de las caras de la mayoría de ellas. Esa parte de mí es un borrón y quiero que siga siéndolo siempre.
Yo nunca fui popular, aunque tampoco tenía grandes problemas. Simplemente me mantenía al margen de toda vida social. No encajaba con ningún grupo. Como ya he dicho alguna vez, demasiado vulgar para las pijas, demasiado pija para las normales. Siempre me consideré muy madura para mi edad y sus conversaciones me aburrían soberanamente. Además nuestros estilos de vida eran muy diferentes. Sólo conseguí congeniar con dos o tres chicas en doce años y apenas conservo ya relación con ellas tampoco. Soy consciente de que me perdí algo importante en esa época de mi vida pero ya no creo que pueda recuperarlo de ningún modo, ni creo que sea buena idea intentarlo.
Yo nunca fui popular, aunque tampoco tenía grandes problemas. Simplemente me mantenía al margen de toda vida social. No encajaba con ningún grupo. Como ya he dicho alguna vez, demasiado vulgar para las pijas, demasiado pija para las normales. Siempre me consideré muy madura para mi edad y sus conversaciones me aburrían soberanamente. Además nuestros estilos de vida eran muy diferentes. Sólo conseguí congeniar con dos o tres chicas en doce años y apenas conservo ya relación con ellas tampoco. Soy consciente de que me perdí algo importante en esa época de mi vida pero ya no creo que pueda recuperarlo de ningún modo, ni creo que sea buena idea intentarlo.
lunes, 15 de julio de 2013
Agua pasada no mueve molino
Me encanta la sabiduría popular. En esta frase se nos invita a dejar el pasado atrás. Es importante saber seguir adelante sin que las experiencias anteriores marquen nuestro camino. Sin embargo, es más fácil de decir que de hacer. Antes me parecía absurdo que en países como Argentina todo el mundo se psicoanalice. Ahora lo encuentro bastante aconsejable. Vamos por la vida cargando con recuerdos que, sin darnos cuenta, influyen decisivamente en nuestras decisiones. También en nuestra actitud con la pareja y los hijos. Por eso, es necesario hacer introspección, para desechar aquellos comportamientos que no nos aportan nada bueno.
Sin embargo, tampoco podemos caminar sin contar con una base de conocimientos y experiencias anteriores que nos ayuden a no repetir los mismos errores. Así que es necesario encontrar un término medio entre quedarse anclado en el pasado y no poder avanzar, o convertirse en alguien sin orígenes, fácil de manipular por cualquiera. Tal vez se trata de quedarnos sólo con aquellas experiencias que nos enseñan algo, pero me temo que como el cerebro no es programable a menudo atesoramos precisamente aquello que deberíamos olvidar y olvidamos lo realmente importante. Por eso, es necesario meditar mucho y un blog es una buena manera de hacerlo.
Sin embargo, tampoco podemos caminar sin contar con una base de conocimientos y experiencias anteriores que nos ayuden a no repetir los mismos errores. Así que es necesario encontrar un término medio entre quedarse anclado en el pasado y no poder avanzar, o convertirse en alguien sin orígenes, fácil de manipular por cualquiera. Tal vez se trata de quedarnos sólo con aquellas experiencias que nos enseñan algo, pero me temo que como el cerebro no es programable a menudo atesoramos precisamente aquello que deberíamos olvidar y olvidamos lo realmente importante. Por eso, es necesario meditar mucho y un blog es una buena manera de hacerlo.
lunes, 20 de mayo de 2013
Tal vez
Me ha dado por preguntarme hasta qué punto es mejor intentar olvidarlo todo o explorar en el pasado buscando las pistas de lo que somos hoy. Esa exploración resulta dolorosa, no sólo para nosotros, sino que puede perjudicar a personas a las que apreciamos. Y no creo realmente que valga la pena hacer daño a alguien para quedarnos nosotros más a gusto, más relajados; ni creo que nos hiciera más felices pensar que hemos hurgado en las heridas del pasado. He estado pensando en volver a la psicóloga pero, para qué, si yo ya sé lo que me ocurre y nada ni nadie puede remediarlo. Son fases de la vida que tienen que llegar.
Hace tiempo pensé en escribir un libro sobre mis experiencias de la niñez y la adolescencia pero tengo dos problemas: uno, que evidentemente he olvidado la mayoría; y dos que resultaría una versión muy sesgada. No sé hasta qué punto podría ayudar que yo deje salir los fantasmas del pasado, las miles de horas que pasé en soledad rodeada de gente; mi aislamiento, en parte voluntario, en parte forzoso. La sensación de haberme sentido siempre fuera de tiempo y de lugar. Creo que le ocurre a mucha gente y no saben cómo interpretarlo. Pero tampoco yo soy una experta y no sé si sabría explicarlo, y menos aún buscar soluciones. Médico cúrate a ti mismo.
Hace tiempo pensé en escribir un libro sobre mis experiencias de la niñez y la adolescencia pero tengo dos problemas: uno, que evidentemente he olvidado la mayoría; y dos que resultaría una versión muy sesgada. No sé hasta qué punto podría ayudar que yo deje salir los fantasmas del pasado, las miles de horas que pasé en soledad rodeada de gente; mi aislamiento, en parte voluntario, en parte forzoso. La sensación de haberme sentido siempre fuera de tiempo y de lugar. Creo que le ocurre a mucha gente y no saben cómo interpretarlo. Pero tampoco yo soy una experta y no sé si sabría explicarlo, y menos aún buscar soluciones. Médico cúrate a ti mismo.
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Otros tiempos
Hay veces que recuerdo el pasado y me pregunto si es cierto lo que creo recordar o si de algún modo he ido adornando mi historia. Así por ejemplo yo creo que mis hijos eran felices en casa jugando juntos y cuando salíamos todos de excursión. Pero visto el resultado ha veces pienso que tal vez tengo una versión edulcorada del pasado y, de algún modo que no recuerdo, estaban traumatizados, deprimidos o tal vez frustrados. Pero no. He estado viendo fotos antiguas y videos y ahí están mis tres hijos jugando juntos, sonriendo y mostrando la viva imagen de la felicidad. O eran muy buenos actores o tuvieron una buena infancia realmente.
Así que sigo sin explicarme por qué mi hijo reniega de todo cuanto quise enseñarle cuando era niño, por qué mi hija mayor ahora duda de esos momentos entrañables de nuestro pasado, o por qué la pequeña simplemente no se acuerda. Eso es más comprensible pero no deja de ser una pena. Tanto tiempo, tanto interés, tanto esfuerzo, para que al final no sea más que un recuerdo discutible y discutido. Afortunadamente, por lo menos me quedan las fotos, y esas no se pueden manipular, no se confunden, ni se olvidan. Sin ellas a veces pensaría que me he construido una historia a mi medida y que todo aquello nunca sucedió.
Así que sigo sin explicarme por qué mi hijo reniega de todo cuanto quise enseñarle cuando era niño, por qué mi hija mayor ahora duda de esos momentos entrañables de nuestro pasado, o por qué la pequeña simplemente no se acuerda. Eso es más comprensible pero no deja de ser una pena. Tanto tiempo, tanto interés, tanto esfuerzo, para que al final no sea más que un recuerdo discutible y discutido. Afortunadamente, por lo menos me quedan las fotos, y esas no se pueden manipular, no se confunden, ni se olvidan. Sin ellas a veces pensaría que me he construido una historia a mi medida y que todo aquello nunca sucedió.
viernes, 23 de marzo de 2012
La pena
Reconozco que sufro demasiado. No lo puedo evitar, soy así desde niña. Recuerdo cuando mis hermanos empezaron a salir por la noche y yo les echaba de menos y tenía miedo de que les pasara algo. Ahora que son mis hijos los que salen, en cierto modo lo llevo mejor. Comprendo que es ley de vida que tengan que alejarse de casa y buscar sus propios caminos. La experiencia a veces te ayuda a comprender la cosas, aunque te siga dando cierta pena. Y es que hay muchas cosas que son como son y no pueden ser de otra manera. No tiene sentido sufrir por ello pero la pena te acompaña, como un fardo que tienes que cargar aunque no te sirva de nada, pero tampoco quieres tirarlo.
Cuando vas a un funeral de alguien no muy cercano, no sufres tanto por la persona sino por sus parientes y amigos. O a veces sufres por la vida que ha llevado, por la poca suerte que ha tenido o por las decisiones equivocadas que tomó en su momento. No es un dolor profundo, al no haber tenido trato con la persona; es sólo una pena sorda que lo impregna todo. Pena por lo que pudo ser y no fue, por las familias divididas, por el pasado que no regresa, por los recuerdos compartidos que se perderán en el olvido. Esa clase de amor universal que te une a todos los desheredados, a los que mueren de forma prematura, a los que sufren injusticias, es algo que mucha gente no comprende.
Cuando vas a un funeral de alguien no muy cercano, no sufres tanto por la persona sino por sus parientes y amigos. O a veces sufres por la vida que ha llevado, por la poca suerte que ha tenido o por las decisiones equivocadas que tomó en su momento. No es un dolor profundo, al no haber tenido trato con la persona; es sólo una pena sorda que lo impregna todo. Pena por lo que pudo ser y no fue, por las familias divididas, por el pasado que no regresa, por los recuerdos compartidos que se perderán en el olvido. Esa clase de amor universal que te une a todos los desheredados, a los que mueren de forma prematura, a los que sufren injusticias, es algo que mucha gente no comprende.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)