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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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viernes, 29 de mayo de 2015

Hablar por los codos

Existe un tipo de persona muy extendido, generalmente mujeres, que hablan tanto que no dejan intervenir a nadie en la conversación. Curiosamente suelen ser muy populares pero es imposible tener un intercambio de ideas con ellas porque lo hablan todo. Además suelen tener una idea clara sobre cualquier tema y varias anécdotas al respecto de manera que, nada de lo que digas podrá hacerles cambiar de opinión. Yo creo que saber escuchar es la primera virtud que debe tener un conversador, pero no hasta el punto de que no puedas meter baza. Resulta muy incómodo hablar con alguien a quien evidentemente no le interesa lo que tengas que decir.

Así que no te queda más opción que contestar: sí, claro, no me digas, qué raro... Llega un momento en que se te acaba el repertorio de asentimientos y tienes que volver a empezar, y así a veces horas y horas. Pero como ya he comprobado que es inútil intentar introducir otro tema de conversación u otra idea, hace tiempo que sigo el sistema del lorito y pienso en otra cosa. Sin embargo, ya digo que esa clase de personas suelen tener bastante éxito social mientras que yo en cambio aburro hasta a las ovejas, de manera que tal vez debería probar su sistema y soltar monologos repetitivos en persona, a ver si así consigo más popularidad.


martes, 17 de diciembre de 2013

Antiguos alumnos

Desde que salí de mi colegio no he vuelto por allí más que una vez para recoger un título, creo. Algunas antiguas alumnas se reúnen una vez al año. Muchas llevan a sus hijos al centro. Otras quedan de vez en cuando en sus propias casas. Me han invitado un par de veces pero no quiero ir. Sería como dar un salto al pasado que no me atrae lo más mínimo. Me he pasado años intentando olvidar esa época de mi vida y creo que lo he conseguido bastante bien. De hecho ya no me acuerdo de los nombres ni de las caras de la mayoría de ellas. Esa parte de mí es un borrón y quiero que siga siéndolo siempre.

Yo nunca fui popular, aunque tampoco tenía grandes problemas. Simplemente me mantenía al margen de toda vida social. No encajaba con ningún grupo. Como ya he dicho alguna vez, demasiado vulgar para las pijas, demasiado pija para las normales. Siempre me consideré muy madura para mi edad y sus conversaciones me aburrían soberanamente. Además nuestros estilos de vida eran muy diferentes. Sólo conseguí congeniar con dos o tres chicas en doce años y apenas conservo ya relación con ellas tampoco. Soy consciente de que me perdí algo importante en esa época de mi vida pero ya no creo que pueda recuperarlo de ningún modo, ni creo que sea buena idea intentarlo.

martes, 13 de agosto de 2013

Casa con dos puertas, mala es de guardar

Este refrán me recuerda a una frase de Jesucristo, cuando dice que no se puede servir a Dios y al dinero. Realmente una de las cosas que peor llevo en la vida es la hipocresía. La gente que quiere dar una imagen agradable mientras resulta que por detrás te está poniendo verde me parece repugnante. Una casa con dos puertas es más accesible a los ladrones. Ése es el sentido del dicho. También una persona que intenta contentar a todos acaba por por no contentar a nadie. Yo creo que uno de los pilares de mi vida es ser consecuente, le guste a quien le guste. No pretendo quedar bien, aunque a veces no estaría mal que lo intentara.

Por eso este blog nunca será muy popular, ni yo soy persona de muchos amigos, y a veces lo lamento. Pero cada cual no puede evitar ser como es. Yo no soy casa de dos puertas. No sirvo a Dios y al dinero, o eso pretendo. Mi trabajo en voluntariado me ha enseñado que desgraciadamente la mayor parte de lo problemas de la humanidad han sido causados o agravados por intereses económicos. Tanto las guerras como las hambrunas, o también la promoción del aborto, ocultan detrás personas que se benefician de las desgracia ajena. Por eso hay que tener mucho cuidado de saber cuál es de verdad tu leit motiv, tu puerta en la vida, lo que realmente quieres lograr.

viernes, 5 de agosto de 2011

El precio de la popularidad

Parece ser que Lady Gaga tiene problemas psicológicos. También Catherine Z. Jones, Angelina Jolie, Britney Spears y muchos otros que no recuerdo en este momento. Tener dinero y fama o ser el objeto de la admiración de un público inmenso no es precisamente la receta de la felicidad. Basta esperar unos años para verles caer de sus pedestales y tengo que confesar que algunos sentimos un cierto alivio, que tiene su lado de envidia. Pero no se trata sólo de eso, sino de la confirmación de nuestra noción de la vida, de los fundamentos que tiene y las bases de la verdadera felicidad. Y es que yo siempre he pensado que una vida sencilla con las necesidades básicas cubiertas y poco más es lo más sano para el ser humano.

A veces se quejan mis hijas porque alguien de su colegio viaja mucho al extranjero, o tiene una agenda electrónica, o le dan mucha paga semanal. Otras veces sufren porque hay gente que es popular sin que se sepa muy bien la razón y ellas, por más que se esfuerzan, no consiguen serlo. Yo siempre les digo que el tiempo acaba colocando a cada cual en su lugar. Los que tienen mucho éxito en la escuela, no suelen ser precisamente aquellos a los que les van mejor las cosas a la larga. El exceso de vida social perjudica a sus estudios y el exceso de dinero malogra su carácter. A menudo son los raros, los frikis o los empollones los que realmente acaban por conseguir lo que buscan en la vida. Claro que eso no les sirve de consuelo a mis niñas.