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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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viernes, 19 de junio de 2015

Dar con la puerta en las narices

Siguiendo el sentido literal de la frase, significa dejarte fuera de algo, excluirte. Es algo que a mí me pasa a menudo. Como ya he dicho otras veces soy una persona que no consigo integrarme nunca en ningún grupo. Ni en la parroquia, ni en una asociación provida, ni en las clases a las que asisto. Voy siempre por libre. Cuando lo he intentado siempre me he quedado fuera por una u otra razón. Nunca estoy en la misma línea que los demás. Así que ya me he acostumbrado a que me den con la puerta en las narices y no espero otra cosa. También en el blog he tenido muchos problemas y no consigo vender los libros que publico.

Es decir, que la integración y el éxito no son cosa mía. Sin embargo, soy feliz a mi manera en mi pequeño mundo, muy pequeño. Supongo que es el precio a pagar por ser consecuente y no querer bailarle el agua a nadie (seguirle la corriente). Me consuela saber que no soy la única que se siente una apestada en esta sociedad en que vivimos. Otros me han contado lo mismo. Sin embargo, lo malo  no es el rechazo de los que no te entienden, sino el de las personas que supuestamente están más de acuerdo contigo o deberían ser más cercanas. Pero, en fin, es lo que hay. No me queda más remedio que aceptarlo así.

martes, 9 de junio de 2015

No dar puntada sin hilo

Significa que todo lo que dices o lo que haces tiene una motivación. Yo le veo dos sentidos. Puede tratarse de gente interesada que cuando se hace amigo de alguien, por ejemplo, busca una ventaja. O puede ser gente consecuente cuyos actos son siempre premeditados. En todo caso me parece un poco estresante tener que estar siempre midiendo lo que haces, pero por otra parte la verdad es que mis textos de internet no son tan espontáneos como puedan parecer, sino que siempre intento introducir una moraleja. De modo que también se puede decir que no doy puntada sin hilo, aunque más que intencionado es algo que no puedo evitar hacer.

Creo que hay momentos en la vida para ser muy claro respecto a tus intenciones y otros en que es mejor improvisar y ver cómo va saliendo la labor. Por ejemplo, con los hijos no queda más remedio que adaptarse porque ellos van cambiando de un día para otro y lo que valía ayer tal vez ya no valga mañana. El problema es que ellos tienden a ser muy literales y enseguida te toman la palabra. Así que hay que procurar no ser demasiado categórica en tus relaciones familiares no sea que al final te arrepientas de lo que has dicho o hecho. Aunque en el fondo me temo que es inútil: siempre te acabas lamentando, por acción o por omisión.

martes, 23 de diciembre de 2014

Cambiar de chaqueta

Me acuerdo de que eso estaba muy de moda allá por los años ochenta. Los mismos que habían estado llorando frente a la tumba de Franco, ahora decían que siempre habían estado en contra. Fue algo muy llamativo.  Cambiar de chaqueta es algo muy español. También se puede decir: arrimarse al sol que más calienta. Es algo que va absolutamente contra mi carácter en cambio. Ya digo que yo debí nacer en lugar equivocado. Ser consecuente y coherente me parece algo imprescindible en cualquier persona. Naturalmente se puede cambiar de opinión, pero sin que eso signifique volverse de pronto furibundo detractor de lo que antes defendías.

También se dice que no hay nada peor que un converso; es decir, una persona que ha cambiado de ideología y ahora ataca a sus antiguos compañeros. Es una especie de síndrome de Estocolmo. Les sucede mucho a los inmigrantes que, a fuerza de querer integrarse en su nueva sociedad, renuncian a su lengua, su tradición e incluso sus principios. Me parece una verdadera lástima. Porque si algo define a una persona es lo que ha vivido y, quien renuncia a sus orígenes, está renegando de parte de sí mismo. Yo desconfío enormemente de las personas que un día dicen una cosa y otro lo contrario. Son como veletas que en cualquier momento pueden volver a cambiar de dirección.

martes, 13 de agosto de 2013

Casa con dos puertas, mala es de guardar

Este refrán me recuerda a una frase de Jesucristo, cuando dice que no se puede servir a Dios y al dinero. Realmente una de las cosas que peor llevo en la vida es la hipocresía. La gente que quiere dar una imagen agradable mientras resulta que por detrás te está poniendo verde me parece repugnante. Una casa con dos puertas es más accesible a los ladrones. Ése es el sentido del dicho. También una persona que intenta contentar a todos acaba por por no contentar a nadie. Yo creo que uno de los pilares de mi vida es ser consecuente, le guste a quien le guste. No pretendo quedar bien, aunque a veces no estaría mal que lo intentara.

Por eso este blog nunca será muy popular, ni yo soy persona de muchos amigos, y a veces lo lamento. Pero cada cual no puede evitar ser como es. Yo no soy casa de dos puertas. No sirvo a Dios y al dinero, o eso pretendo. Mi trabajo en voluntariado me ha enseñado que desgraciadamente la mayor parte de lo problemas de la humanidad han sido causados o agravados por intereses económicos. Tanto las guerras como las hambrunas, o también la promoción del aborto, ocultan detrás personas que se benefician de las desgracia ajena. Por eso hay que tener mucho cuidado de saber cuál es de verdad tu leit motiv, tu puerta en la vida, lo que realmente quieres lograr.