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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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viernes, 10 de julio de 2015

Poner el cascabel al gato

Se refiere a dar la cara o enfrentarse a una situación difícil.  ¿Quién le pone el cascabel al gato?. Hoy en día tiene muchas interpretaciones porque lo cierto es que todos nos quejamos. pero nadie hace nada. Quiero decir, que yo estoy convencida de que mucha gente piensa como yo sobre la mayoría de los temas pero no dicen nada, no actúan. Prefieren quedar bien, ir con la corriente. Así que yo soy la que le pone el cascabel al gato en este caso en internet. Aunque tengo que reconocer que, siendo anónima, tampoco me expongo mucho. Sin embargo, sé que existen medios para localizarme aunque no creo que a nadie le interese realmente.

Mi gato no lleva cascabel. Con lo sensibles que son esos animales al ruido no creo que le gustara nada. Me parece un poco cruel. Pero hablando en sentido figurado, sí que es necesario que alguien le ponga el cascabel, que alguien diga lo que piensa aunque sea una opinión políticamente incorrecta. Sobre todo porque estamos rodeados de gatos y no lo sabemos. Los medios de comunicación monopolizados por la idea única, internet e incluso las películas, nos están vendiendo una filosofía de vida que va contra los principios morales de muchos, y lo peor es que no somos conscientes de ello porque casi nadie se atreve a dar su opinión sincera.

jueves, 9 de octubre de 2014

Elogio de la sinceridad

Dicen que la sinceridad está sobrevalorada, y es cierto que no se puede ir siempre diciendo lo que piensas porque esto sería una jungla. Existe una mentira social o diplomática que nos hace la vida más fácil. Yo prefiero practicar la callada por respuesta. Es decir, que si algo no me gusta o no estoy de acuerdo simplemente me callo. A no ser, claro está, que se trate de defender mis principios esenciales. Pero desde luego no soy persona de hacer la pelota y es una pena, porque me iría mucho mejor así. Por eso en los comentarios suelo ser muy lacónica. Digo lo que opino y poco más. No se me da bien echar flores.

El caso es que eso me convierte en lo que algunos llaman un perro verde. No soy la única que lleva grabado el lema a contracorriente. Hay bastante gente que se siente así, al margen de lo socialmente correcto, pero van capeando el temporal, saben moverse en cualquier ambiente, se las arreglan para no destacar del resto. Yo soy incapaz. Por eso me cuesta llevarme bien con la gente. Porque a veces no es suficiente con no decir nada o procurar decirlo de la forma más diplomática posible. En esta sociedad tan interrelacionada la gente espera que te impliques abiertamente, que les apoyes incondicionalmente y en suma, que no tengas opinión propia.

sábado, 20 de septiembre de 2014

Domingo 21. Marcha por la vida

Hace más de dos años que el Partido Popular ganó las elecciones generales con la promesa de que iba a modificar la ley del aborto. Es decir, que iba a volver a método de supuestos en lugar del de plazos. Se podría abortar solamente en caso de violación, peligro de la salud física o psicológica de la madre y algunas malformaciones graves del niño. Después de marear la perdiz durante meses, parece ser que el PP ha retirado el proyecto de ley de reforma del aborto, debido a las presiones internas y externas recibidas. Es decir, que ha traicionado la confianza de su electorado. Mientras tanto casi trescientos mil niños han sido abortados.

Por ello, este domingo voy a ir una vez más a la Marcha por la vida en Madrid. Se celebrará una en cada ciudad de España. Voy a recordarle a Rajoy que somos muchos los que seguimos esperando que se derogue la ley Aído y no estamos dispuestos a ceder en este punto. Lo sentiré mucho, porque creo que están haciendo una gran labor, pero si no se cambia la ley el Partido popular no contará con mi voto en las próximas elecciones. Ni el mío, ni el de muchos otros cientos de miles de personas que no estamos dispuestos a sacrificar nuestros principios innegociables. El respeto a la vida humana desde la concepción no puede seguir esperando.

viernes, 11 de abril de 2014

No se puede estar al caldo y a las tajadas

Hoy que es viernes de Cuaresma y deberíamos abstenernos de carne los cristianos, es un día adecuado para este refrán. De hecho a mí se me suele olvidar lo de la abstinencia. A ver si con esto me acuerdo. Éste es un refrán asturiano de los que decía mucho mi madre. Se refiere a que si estás tomando el caldo, del cocido por ejemplo, es posible que se acaben los complementos. Eso literalmente. En el sentido figurado, que no se puede estar en todos los lugares y con todas las personas, intentando quedar bien con todo el mundo. Al final, en la vida hay que hacer elecciones nos guste o no. Yo preferiría no tener que hacerlas pero no se puede estar en ambos lados.

Muchas veces me dicen en el blog que para qué me meto en polémicas. A mí la verdad me da bastante lo mismo si la gente come carne o pescado, si les gusta el fútbol o el tenis. Hay cuestiones en las que la libertad de elección no implica nada más. Sin embargo, hay otras que sí que repercuten en otras personas y en la sociedad en que vivimos. Son los llamados principios innegociables. Y cuando se trata de la familia, la vida o la libertad religiosa, no puedo ser equidistante; creo que no debo serlo. Porque en las cuestiones que afectan directamente a la vida de una persona, la indiferencia puede dar lugar a su destrucción física o psicológica. Y en eso no hay término medio.

viernes, 4 de abril de 2014

Nunca digas de este agua no beberé.

Qué gran verdad. Si algo te enseña la vida, ya a mis cuarenta y ocho años, es que nunca sabes lo que acabarás haciendo y diciendo cuando cambien las circunstancias. Porque una cosa es que tengas unos principios innegociables en temas de vida o muerte, y otra es que no puedas cambiar de opinión en todo lo demás. Eso se nota claramente en los hijos. Cuando tienes varios, con el primero te pones unos límites que al final te acabas saltando proporcionalmente al número de hijos. Así que, si al mayor no le dejabas hacer algo, ten por seguro que el pequeño lo hará mucho antes de la edad permitida previamente.

Como yo soy la pequeña de cinco me encontré el camino allanado. Especialmente cuando llegan a la adolescencia es el momento de tirar todas las teorías a la basura. Creo que está bien intentar mantener unas pautas de conducta durante la niñez, pero siempre que seas consciente de que a la larga harán lo que les parezca. Porque es natural que así sea, a nosotros nos pasó igual. Cuando llega la edad rebelde quieren probar precisamente lo que no te gusta. Es difícil acompañarlos en ese momento buscando un equilibrio entre el control y la libertad. Pero ayuda mucho recordar que tú también fuiste joven y exploraste tus propios caminos.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Un seguidor menos

Qué más dará en el fondo pero me he quedado pensando qué he podido escribir para que un seguidor se me haya dado de baja. Comprendo que es imposible mantener contengo a todo el mundo. ¿Será por las revistas femeninas, por el cine español, por mi posición política?. Bueno, unos vienen y otros van. Teniendo en cuenta la cantidad de temas que toco, que escribo todos los días, lo raro sería que alguien estuviera de acuerdo con todos; pero el hecho de darse de baja porque un post determinado no le ha gustado no dice mucho en su favor, a no ser que se trata de una cuestión sustancial, de eso que se llaman principios innegociables, y lo dudo mucho.

Hablando de seguidores nunca entenderé por qué hay blogs que apenas publican y cuando lo hacen son frases cortas y poco más, y triplican mi número de seguidores. Es natural que mucha gente no esté de acuerdo con mi línea editorial, pero al menos tengo una. Muchas páginas no tienen más que ideas vagas difíciles de interpretar y un éxito impresionante. A veces pienso que debería limitarme a escribir cuatro frases inconexas y me iría mucho mejor. Pero en fin yo no sé escribir tan poco, no me sale. Estimado seguidor menos, espero que encuentres un lugar donde te sientas a gusto y te quedes y que nunca te decepcione.

lunes, 5 de agosto de 2013

Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija

Este refrán tiene dos sentidos para mí. Por una parte, digamos, una visión irónica sobre quien se arrima a alguien rico o famoso, entonces consigue beneficiarse de la persona con la que vive. Eso me recuerda a tantas parejas que existen con gran diferencia de edad entre ambos. Antes eran sólo hombres mayores, ahora también mujeres. Ese tipo de relaciones casi siempre son simbióticas e interesadas. Uno recibe dinero, poder y fama; otro se beneficia de tener un compañero joven y una vida sexual intensa. Me parece realmente triste que alguien tenga que acudir a una pareja así para dar sentido a su vida.

Por otra parte, se puede interpretar el refrán de modo directo en el sentido de que rodearse de buenas personas, de gente agradable y con buenos principios beneficia directamente tu vida. Es decir, que es mejor rodearse de personas positivas, dirían algunos, pero yo diría más bien de personas realistas que le den a cada situación la importancia que tiene. Porque tener gente cerca que siempre te da la razón, hagas lo que hagas, que siempre está de acuerdo contigo, a la larga no es bueno. Vale más estar con alguien que realmente te aprecie y te diga lo que piensa, con delicadeza pero con sinceridad. Eso es realmente un buen árbol.

viernes, 27 de abril de 2012

Por las malas soy muy buena

Hace mucho tiempo en un lejano blog me acuerdo que escribí un post que acabaron entendiendo después. Decía que yo parezco una persona suave, y de hecho lo soy, pero también soy una leona a la hora de defender a los míos. Creo que por eso me gusta tanto mi gato, porque yo también soy como un felino. Debajo del pelo tengo garras. Fue la primera vez que me dijeron que tenía agallas. Después me lo han dicho más veces. No sé si es una virtud o un defecto, pero soy incapaz de dar un paso atrás en mis principios básicos. Cerré ese blog y después he cerrado los comentarios en otros, pero de momento sigo aquí al pie del cañón sin disparar, porque yo nunca tiro sin bala.

Desde que tomé la decisión de no contestar en principio a los comentarios desagradables, ando mordiéndome la lengua y me voy a envenenar. El problema es que, cuando uno tiene empatía para saber lo que los demás necesitan oír, también la tiene para lo contrario, para meter el dedo en la llaga. Pero yo intento ser una buena persona y eso descarta ponerme al nivel de los que me critican. Así que, a veces, contesto mordazmente y se queda para mí, porque no publico la contestación, ni generalmente el comentario. El sarcasmo es un arte que no me gusta dominar, sobretodo cuando, lo que yo considero un juego, otros se lo están tomando en serio. No soy un robot, soy una persona. Me equivoco, me enfado y me entristezco, y también sé defenderme cuando hace falta.


lunes, 24 de octubre de 2011

A contracorriente

Así se llamaba mi primer blog, precisamente porque ése era mi estado de ánimo. En una sociedad donde ir a misa está mal visto y ser de derechas también, por más que representemos aproximadamente la mitad de la población; escribir a favor de los principios tradicionales y la moral cristiana sonaba a ir contra el mundo. Sin embargo, hace poco tuve una interesante discusión sobre si yo soy la persona que se ha dejado llevar por la educación recibida, por mi entorno socioeconómico o por la enseñanza religiosa. Yo opinaba más bien que soy una persona que rema a contracorriente en un país donde todo lo que suene a antiguo es rechazado de plano. Los que lo rechazan, son precisamente los que se han dejado llevar por el espíritu del momento.

Entre mis familiares, amigos y antiguos compañeros o vecinos, hay gente de toda ideología y condición. Además, tengo que decir que, en mi propia familia, mis padres y yo somos los únicos que seguimos yendo a la iglesia. Hace cincuenta años es posible que hubiera un pensamiento uniforme, al menos en apariencia. Pero yo crecí con la transición y la movida. Precisamente lo más fácil para mí hubiera sido renegar de mi educación y apuntarme a lo moderno, lo guay, lo que se lleva y es socialmente bien visto. Haber ido a un colegio religioso no te convierte automáticamente en creyente. La fe es algo personal que se siente o no se siente.  Por eso, yo no pretendo adoctrinar a nadie. Solamente ofrezco mi punto de vista a contracorriente.