Otro refrán que escuchaba mucho de pequeña. Se refiere a que hay personas que siguen a la multitud, da igual a dónde se dirija. Pasa mucho esto de la masa que se mueve con un banco de peces y, cuando uno gira, giran todos detrás. A mí es algo que me choca mucho porque ya sabéis que yo soy un pez que nada a contracorriente y basta que vea a todos en un sentido para que me apetezca ir en el contrario. Soy así desde pequeña. No hay que desestimar el poder del grupo. Por eso me empeño en seguir en las redes sociales aunque me parezca un rollo, porque sé que ahí es donde nadan ahora los bancos de peces.
La verdad es que, cuando veo algunos programas de televisión, me quedo horrorizada, porque no les encuentro en menor interés. A veces pienso que debe ser problema mío, porque si a todo el mundo le gustan algo tendrán que yo no encuentro. Es muy incómodo esto de sentirse al margen de la mayoría. Por una parte estoy acostumbrada y no me importa demasiado; pero por otro lado, me gustaría saber lo que se siente siendo parte de algo. Aunque le extrañe a la gente que me sigue, siendo niña ni siquiera conseguí encajar en mi parroquia. Fui un par de veces y salí rápidamente porque estaba claro que ese tampoco era mi lugar.
Se trata de un intento de volver a empezar en el mundo de los blogs. Pretende ser de nuevo un diario personal donde volcar reflexiones y compartir experiencias.
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Nubes sobre el Mar
Cuadro pintado por mi hija pequeña
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viernes, 23 de mayo de 2014
jueves, 3 de abril de 2014
Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero.
Este refrán lo he utilizado varias veces refiriéndome a mi labor en internet. Como intenté explicar hace unos días, escribo porque sé que mi opinión está infrarepresentada en la red. Si pensara lo mismo que todo el mundo no escribiría. Sé que como persona individual tengo poco que hacer, pero si muchos que piensan como yo hacen lo mismo, conseguiremos que en internet haya pluralidad de pensamiento, lo cual es muy positivo. Los medios de comunicación tradicionales, en cambio, están monopolizados por lo políticamente correcto y por eso allí es casi imposible hacerse escuchar. Por suerte nos quedan las páginas web.
Yo pensaba que este refrán era muy optimista y que no respondía a la realidad, pero he podido comprobar con el tiempo que no es así. Una persona que nada a contracorriente pierde las fuerzas con facilidad, pero si se siente acompañada por otras, aunque sean la excepción que confirma la regla, se sentirá justificada. Y esto, aunque parezca una tontería, es la diferencia entre seguir nadando o volver a la orilla. A lo largo de estos ocho años en internet he encontrado muchas personas con ideas afines y eso es lo que me ha ido reafirmando en mis propias convicciones. Gracias a esas personas sé que ya no tengo que contar sólo con mis propias fuerzas.
Yo pensaba que este refrán era muy optimista y que no respondía a la realidad, pero he podido comprobar con el tiempo que no es así. Una persona que nada a contracorriente pierde las fuerzas con facilidad, pero si se siente acompañada por otras, aunque sean la excepción que confirma la regla, se sentirá justificada. Y esto, aunque parezca una tontería, es la diferencia entre seguir nadando o volver a la orilla. A lo largo de estos ocho años en internet he encontrado muchas personas con ideas afines y eso es lo que me ha ido reafirmando en mis propias convicciones. Gracias a esas personas sé que ya no tengo que contar sólo con mis propias fuerzas.
jueves, 12 de septiembre de 2013
Prioridades
Cuando alguien se hace adulto se abren una serie de posibilidades a su alcance y es necesario elegir. Hay quien intenta hacerlo todo y estar en todas partes pero eso sólo garantiza el stress. Se dice que hay personas que han conseguido triunfar en su profesión y con su familia. A mí me parece muy discutible. Por ejemplo, está el caso de Julio Iglesias, que se ha hecho rico con su música, pero está divorciado y me pregunto si ha visto crecer a sus muchos hijos. Eso del tiempo de calidad no me lo he creído nunca. El tiempo es tiempo y los hijos necesitan que estés con ellos aunque no hagan nada especial en ese momento, y eso me temo que es incompatible con un trabajo de éxito.
Lo malo es que nos hemos vuelto muy ambiciosos y existe una competividad tremenda en nuestra sociedad. Cuando conduces un coche de más de diez años te da la impresión de que la gente te mira mal, y no sé si es subjetivo o no, o realmente te miran mal. Cuando llevas un móvil viejo, como yo, te da cierta vergüenza usarlo. Aunque lo cierto es que yo no deseo ni necesito para nada un miniordenador de bolsillo. Cuando no te vas de puente la gente te mira asombrada y no lo entienden, a no ser que lleves años en el paro. Y es difícil vivir esta vida a contracorriente sin sentirte tú mismo un poco bicho raro. Elegir prioridades marca toda tu existencia.
Lo malo es que nos hemos vuelto muy ambiciosos y existe una competividad tremenda en nuestra sociedad. Cuando conduces un coche de más de diez años te da la impresión de que la gente te mira mal, y no sé si es subjetivo o no, o realmente te miran mal. Cuando llevas un móvil viejo, como yo, te da cierta vergüenza usarlo. Aunque lo cierto es que yo no deseo ni necesito para nada un miniordenador de bolsillo. Cuando no te vas de puente la gente te mira asombrada y no lo entienden, a no ser que lleves años en el paro. Y es difícil vivir esta vida a contracorriente sin sentirte tú mismo un poco bicho raro. Elegir prioridades marca toda tu existencia.
lunes, 12 de agosto de 2013
Mal de muchos consuelo de tontos
Ésta es una frase que he utilizado mucho a lo largo de mi vida y diría que cada vez más. Porque al estar especializada en ir a contracorriente, la verdad es que siempre he encontrado mal de muchos. Recuerdo que mi madre me decía eso de: si todo el mundo se tira por un puente tú también te vas a tirar por un puente. No hay peligro de que haga eso porque yo soy de llevar la contraria por naturaleza. A mí que todo el mundo haga algo me parece una buena razón para no hacerlo. Por eso no me gusta la gente que va con la marea, que se excusa en lo políticamente correcto. Las cosas son correctas o no lo son, no dependen del momento.
No digo que no sea mucho más fácil dejarse llevar por la moda: si tocan zapatos de tacón, tacones, si toca zapato plano, chancletas. Pero luego no te quejes si te duelen los pies, aunque les duelan a miles de mujeres en el mundo. Porque realmente la desgracia no pesa menos por ser compartida con el resto del mundo. Tampoco la responsabilidad moral es menor porque todo el mundo lo hace: divorciarse, abortar, tomar drogas... Cada cual debe ser responsable de sus propios actos y luego no vale escudarse en la mayoría, porque ellos no van a pagar por tus errores. Cada cual tiene que aprender a vivir con las consecuencias de sus actos.
No digo que no sea mucho más fácil dejarse llevar por la moda: si tocan zapatos de tacón, tacones, si toca zapato plano, chancletas. Pero luego no te quejes si te duelen los pies, aunque les duelan a miles de mujeres en el mundo. Porque realmente la desgracia no pesa menos por ser compartida con el resto del mundo. Tampoco la responsabilidad moral es menor porque todo el mundo lo hace: divorciarse, abortar, tomar drogas... Cada cual debe ser responsable de sus propios actos y luego no vale escudarse en la mayoría, porque ellos no van a pagar por tus errores. Cada cual tiene que aprender a vivir con las consecuencias de sus actos.
lunes, 24 de octubre de 2011
A contracorriente
Así se llamaba mi primer blog, precisamente porque ése era mi estado de ánimo. En una sociedad donde ir a misa está mal visto y ser de derechas también, por más que representemos aproximadamente la mitad de la población; escribir a favor de los principios tradicionales y la moral cristiana sonaba a ir contra el mundo. Sin embargo, hace poco tuve una interesante discusión sobre si yo soy la persona que se ha dejado llevar por la educación recibida, por mi entorno socioeconómico o por la enseñanza religiosa. Yo opinaba más bien que soy una persona que rema a contracorriente en un país donde todo lo que suene a antiguo es rechazado de plano. Los que lo rechazan, son precisamente los que se han dejado llevar por el espíritu del momento.
Entre mis familiares, amigos y antiguos compañeros o vecinos, hay gente de toda ideología y condición. Además, tengo que decir que, en mi propia familia, mis padres y yo somos los únicos que seguimos yendo a la iglesia. Hace cincuenta años es posible que hubiera un pensamiento uniforme, al menos en apariencia. Pero yo crecí con la transición y la movida. Precisamente lo más fácil para mí hubiera sido renegar de mi educación y apuntarme a lo moderno, lo guay, lo que se lleva y es socialmente bien visto. Haber ido a un colegio religioso no te convierte automáticamente en creyente. La fe es algo personal que se siente o no se siente. Por eso, yo no pretendo adoctrinar a nadie. Solamente ofrezco mi punto de vista a contracorriente.
Entre mis familiares, amigos y antiguos compañeros o vecinos, hay gente de toda ideología y condición. Además, tengo que decir que, en mi propia familia, mis padres y yo somos los únicos que seguimos yendo a la iglesia. Hace cincuenta años es posible que hubiera un pensamiento uniforme, al menos en apariencia. Pero yo crecí con la transición y la movida. Precisamente lo más fácil para mí hubiera sido renegar de mi educación y apuntarme a lo moderno, lo guay, lo que se lleva y es socialmente bien visto. Haber ido a un colegio religioso no te convierte automáticamente en creyente. La fe es algo personal que se siente o no se siente. Por eso, yo no pretendo adoctrinar a nadie. Solamente ofrezco mi punto de vista a contracorriente.
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