Hoy que es viernes de Cuaresma y deberíamos abstenernos de carne los cristianos, es un día adecuado para este refrán. De hecho a mí se me suele olvidar lo de la abstinencia. A ver si con esto me acuerdo. Éste es un refrán asturiano de los que decía mucho mi madre. Se refiere a que si estás tomando el caldo, del cocido por ejemplo, es posible que se acaben los complementos. Eso literalmente. En el sentido figurado, que no se puede estar en todos los lugares y con todas las personas, intentando quedar bien con todo el mundo. Al final, en la vida hay que hacer elecciones nos guste o no. Yo preferiría no tener que hacerlas pero no se puede estar en ambos lados.
Muchas veces me dicen en el blog que para qué me meto en polémicas. A mí la verdad me da bastante lo mismo si la gente come carne o pescado, si les gusta el fútbol o el tenis. Hay cuestiones en las que la libertad de elección no implica nada más. Sin embargo, hay otras que sí que repercuten en otras personas y en la sociedad en que vivimos. Son los llamados principios innegociables. Y cuando se trata de la familia, la vida o la libertad religiosa, no puedo ser equidistante; creo que no debo serlo. Porque en las cuestiones que afectan directamente a la vida de una persona, la indiferencia puede dar lugar a su destrucción física o psicológica. Y en eso no hay término medio.