Dicen que la sinceridad está sobrevalorada, y es cierto que no se puede ir siempre diciendo lo que piensas porque esto sería una jungla. Existe una mentira social o diplomática que nos hace la vida más fácil. Yo prefiero practicar la callada por respuesta. Es decir, que si algo no me gusta o no estoy de acuerdo simplemente me callo. A no ser, claro está, que se trate de defender mis principios esenciales. Pero desde luego no soy persona de hacer la pelota y es una pena, porque me iría mucho mejor así. Por eso en los comentarios suelo ser muy lacónica. Digo lo que opino y poco más. No se me da bien echar flores.
El caso es que eso me convierte en lo que algunos llaman un perro verde. No soy la única que lleva grabado el lema a contracorriente. Hay bastante gente que se siente así, al margen de lo socialmente correcto, pero van capeando el temporal, saben moverse en cualquier ambiente, se las arreglan para no destacar del resto. Yo soy incapaz. Por eso me cuesta llevarme bien con la gente. Porque a veces no es suficiente con no decir nada o procurar decirlo de la forma más diplomática posible. En esta sociedad tan interrelacionada la gente espera que te impliques abiertamente, que les apoyes incondicionalmente y en suma, que no tengas opinión propia.
Se trata de un intento de volver a empezar en el mundo de los blogs. Pretende ser de nuevo un diario personal donde volcar reflexiones y compartir experiencias.
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Nubes sobre el Mar
Cuadro pintado por mi hija pequeña
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jueves, 9 de octubre de 2014
viernes, 25 de octubre de 2013
Se coge antes a un mentiroso que a un cojo
Bueno, eso es muy relativo. Depende de la gente que sabe mentir y la que no sabe. A mí desde luego se me da fatal y me pillan enseguida. Por otra parte no suelo mentir habitualmente y será por eso que no tengo práctica. El buen mentiroso a veces resulta ser todo un artista en el sentido de que sabe disfrazar sus mentiras y además mantener separados a los interlocutores, de modo que no pueden acabar descubriéndole por contrarrestar opiniones. Yo creo que hay gente que miente tanto y tan bien que acaban por creerse sus propias mentiras y ya no reconocen la realidad ni aunque se la pongan delante de la cara.
Eso ya entra en la categoría de embaucador profesional o manipulador nato, de la cual por desgracia sé más de lo que me gustaría saber. Pero yo nací sin esa habilidad y llevo toda la vida pagando las consecuencias de ser incapaz de mentir, de fingir o de engañar a nadie. Supongo que debería estar orgullosa de mí misma si no me sintiera un poco estúpida. Nadie dijo que fuera fácil el camino recto. Llevo años viendo las ventajas y los beneficios incluso económicos que consiguen otras personas de mi entorno por mirar sólo su conveniencia; mientras que yo, con gran esfuerzo y dedicación no consigo ni siquiera el reconocimiento ajeno.
Eso ya entra en la categoría de embaucador profesional o manipulador nato, de la cual por desgracia sé más de lo que me gustaría saber. Pero yo nací sin esa habilidad y llevo toda la vida pagando las consecuencias de ser incapaz de mentir, de fingir o de engañar a nadie. Supongo que debería estar orgullosa de mí misma si no me sintiera un poco estúpida. Nadie dijo que fuera fácil el camino recto. Llevo años viendo las ventajas y los beneficios incluso económicos que consiguen otras personas de mi entorno por mirar sólo su conveniencia; mientras que yo, con gran esfuerzo y dedicación no consigo ni siquiera el reconocimiento ajeno.
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