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Nubes sobre el Mar

Nubes sobre el Mar
Cuadro pintado por mi hija pequeña
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viernes, 6 de febrero de 2015

Hoy por ti, mañana por mí

Es una bonita consigna. Algunos debería recordarla especialmente al volante. Resulta que vivo en una calle que sale a otra principal donde suele haber mucho tráfico. La norma dice que yo tengo que ceder el paso, pero entonces algunos días no podría salir de casa. Así que espero pacientemente a que algún alma caritativa me deje pasar. Generalmente no me lleva mucho tiempo, pero he llegado a estar más de cinco minutos, con la circunstancia añadida de que al final de la otra calle hay un semáforo y a menudo el tráfico se queda bloqueado cuando se pone rojo, haciendo imposible que pueda incorporarme al otro carril hasta que arrancan los coches.

Creo que si la gente tuviera presente esta frase: hoy por mí mañana por ti, no tendría tantos problemas. Y eso que yo no vivo en Madrid capital y tampoco suelo conducir por allí. La razón es que aquello es: sálvese quien pueda, o tonto el último. En cuanto te descuidas se te cruzan coches por la izquierda, por la derecha y por encima no, porque no pueden. Como yo tengo malos reflejos eso me desborda. Creo que en la manera de conducir se suele reflejar lo mejor y lo peor de las personas. Yo al principio era tan amable que me pitaban los coches de detrás. Ahora he aprendido a integrarme en el tráfico, pero aun así pienso que la cortesía es imprescindible.

martes, 16 de septiembre de 2014

He caído

Dije que nunca tendría un whatsap porque no me interesa, pero ya lo tengo. La razón es que mi hija está fuera y sólo se comunica por ese medio, así que sin tablet no podía hablar con ella. Además mi móvil no es inteligente y, aunque lo fuera, no lo veo nada bien con esa letra tan pequeña. Así que fui a una tienda y compré una tablet que estaba en exposición por mitad de precio. Y ya soy un borrego más del mundo de la tecnología digital. Pero sólo voy a utilizarla para hablar con mi hija. No tengo intención de entrar en grupos y demás. También veo a veces el blog y, si contesto sin acentos, ya sabéis que lo he hecho desde ahí.

Cada vez se ve más gente enganchada a móviles y tablets, por la calle, en los restaurantes y los parques, e incluso conduciendo aunque esté prohibido. Raro es el día en que no me cruza un peatón delante del coche atontado por su aparatito electrónico. Es realmente peligroso porque se creen que están atentos pero no lo están. Van completamente embobados. El otro día vi Memorias de un zombi adolescente, con mi hija pequeña, y había una escena muy graciosa donde decía: echo de menos cuando la gente se comunicaba personalmente, y salían todos mirando su móvil. Acabaremos todos como los zombis de la película, si no lo estamos ya.


lunes, 2 de junio de 2014

Arrieritos somos y en el camino nos encontraremos

Este refrán lo suelo decir yo para mis adentros, por ejemplo cuando encuentro personas teorizando sobre lo amigos que debemos ser de nuestros hijos. Eso es fácil de decir cuando no los tienes o cuando son muy pequeños, pero con el tiempo te das cuenta de que los niños no necesitan amigos sino padres, que amigos ya buscan por su cuenta. O cuando te insisten en que tienes que razonar todas tus decisiones con los hijos y no imponerles tu criterio. Pero es imposible razonar con un adolescente. Es como hablar con las paredes. Hay una época para negociar, otra para imponerse y una por fin para entenderse, ya en la edad adulta.

Pero como el tiempo acaba poniendo todo en su lugar, sabes que esas personas acabarán dándote la razón. Por eso es que los arrieros se acaban encontrando alguna vez en el camino. También repito esa frase cuando me pasa un coche a gran velocidad, total para acabar pocos metros más adelante parado en un semáforo o en un atasco. Tanto correr para nada, porque en la carretera no vas solo y dependes del tráfico general. Pero es inútil porque hay gente que siempre tiene que ir con prisas aunque sea a comprar el pan. Con lo fácil que es tomarse tu tiempo para cada cosa y adaptarse al ritmo de la vida, en lugar de querer ir siempre forzando las situaciones.

sábado, 24 de mayo de 2014

No quieres caldo, pues toma tres tazas

Este refrán significa que, basta que algo no te guste para que tengas que repetir la experiencia varias  veces. Me recuerda a: no hay dos sin tres. Y es curioso porque en el tráfico lo tengo comprobado. Basta que salgas un día del garaje y te hagan una faena, para que a continuación vengan otras dos por lo menos. Parece que hay días en que todos los conductores van estresados. Como yo soy muy tranquila conduciendo no suelo tener problemas, pero aun así extremo precauciones cada vez que un incidente augura otros más detrás. Aunque no creo firmemente en los horóscopos, la verdad es que hay días en que parece que todo viene seguido.

Este refrán también me recuerda a Mafalda y su manía contra la sopa. Nosotros en casa la comemos muy a menudo porque es lo más cómodo y lo que más apetece en invierno. Sin embargo, como es sopa de sobre, a veces me preocupa que tanta afición pueda hacernos daño a la salud a la larga; porque dicen que la sopa de sobre contiene productos nocivos. Claro que, si vas a mirar, no podría comer ya de nada... Así que a mí no me importa que me dén de caldo tres tazas. Yo encantada. También lo podría interpretar como que, no tenía bastante con el blog, y ahora también tengo facebook y twitter para meterme en polémicas.

viernes, 9 de mayo de 2014

Haz bien y no mires a quién

Eso es demasiado pedir. Seríamos todos santos. Los que sin duda dedican toda su vida a hacer el bien son los sacerdotes. En mi parroquia hay un grupo de gente que va a los hospitales, otro que va a las cárceles, uno de Cáritas y muchos de catequesis. Es decir, que cubren todos los frentes de la gente necesitada y que sufre, sin cobrar nada y con plena disposición. Eso sí que es hacer el bien. Pero volviendo a la gente corriente como yo, la verdad es que pienso que no se debe pecar de ingenuo. Cuando aprendí a conducir recuerdo que dejaba pasar a todo el mundo en los cruces y al final armaba yo sola un atasco y me pitaban los demás.

Ahora dejo pasar siempre a un coche, pero sólo uno, porque si te descuidas te pasan tres o cuatro, como si tú no tuvieras otra cosa que hacer en todo el día. Porque yo de pequeña, como ya os he contado alguna vez, era demasiado buenaza. En el trabajo empecé a ofrecerme para todo y al final no daba abasto y encima me echaban la bronca. Así funcionan las cosas. No digo que hacer el bien sea malo pero hay que saber medir hasta dónde y hasta cuándo. Me temo que hay gente que se acostumbra a recibir todo el rato sin dar nada a cambio y luego tiene mal arreglo. Con todo, la verdad es que yo sigo siendo bastante ingenua.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Otra de tráfico

Ya sé que resulta muy tentador tener una casita en las afueras con su jardín y su piscina pero, ¿en serio compensa por la hora y pico de atasco que sufres a la ida y a la vuelta del trabajo?.  Yo creo que no. Afortunadamente yo no salgo casi nunca de mi pueblo pero, cuando lo hago, me quedo horrorizada de ver cómo un trayecto de un cuarto de hora se puede convertir fácilmente en hora y media, sobretodo cuando llueve. No me extraña que lleguen al trabajo de mal humor y luego de vuelta a su casa. Si ya los horarios españoles son imposibles de conciliar con la familia, debe resultar muy frustrante perder  tantas horas por el tráfico.

Y la solución debería ser fácil. Cuando se tiene un trabajo estable es mejor buscar la casa relativamente cerca del trabajo. Nosotros lo hicimos así y mi marido viene a comer todos los días, lo cual se agradece un montón a la larga. Me imagino que no todo el mundo tiene la posibilidad de poder elegir por sus circunstancias, pero a los que puedan yo les aconsejaría, desde luego, que se olviden de la pista de pádel y se busquen un piso bien comunicado, cerca del metro si es en Madrid. Porque no tiene ningún sentido tener una gran casa si no pasas tiempo en ella o vivir en el lugar más bonito si no puedes disfrutarlo.

martes, 18 de febrero de 2014

El stréss y los conductores

Hace mucho, mucho tiempo, en un lejano blog, escribí un artículo sobre la costumbre de los españoles de salir con la hora justa de casa. Ya he dicho que yo tengo mentalidad alemana y me gusta llegar a tiempo a los sitios o incluso un poco antes, por si acaso. Pero eso significaría regalarle a la empresa en que trabajas cinco minutos más, cuando todo el mundo prefiere trabajar cinco minutos menos. En la famosa picaresca española está bien visto hacer trampas aunque sea por la mínima. Por eso salen de casa en el coche con el tiempo tan escaso, y por eso van conduciendo como locos corriendo riesgos innecesarios.

El caso es más grave cuando se trata de llevar a los niños al colegio, porque en zona escolar se entiende que hay niños pequeños cruzando por cualquier sitio y resulta muy peligroso. Por eso, yo procuro ir con tiempo de sobra y circular despacio, pero todos los días me encuentro con conductores temerarios que parece que no piensan en las consecuencias. No quiero ni pensar en que algún día acaben atropellando a un niño. Además se empeñan en dejarlos en la puerta (supongo que para que los suyos estén bien protegidos), lo cual significa que se forma un atasco innecesario. Me dan ganas de poner un letrero en mi coche: levántate diez minutos antes por favor.

martes, 12 de noviembre de 2013

Grandes temores

El 29 de mayo es el día mundial de la esclerosis múltiple. ¿Por qué lo digo ahora?. Porque es una enfermedad que me da especial miedo, es como mi coco particular. Es extraño porque el cáncer suele tener peor pronóstico, y desde luego también me asusta, o la diabetes, el alzeimer u otras. Pero la esclerosis es una enfermedad sibilina, que se presenta cuando menos te esperas y reacciona cada vez de modo diferente, de modo que es imposible de prevenir y tratar. Creo que debe ser muy desesperante encontrarte con esa espada de Damocles sobre la cabeza, sin saber si mañana vas a estar bien o te va a dar un brote de la enfermedad.

Sin embargo, mis peores temores no se refieren a mí, como es natural, sino a mi marido y mis hijos. No puedo ni pensar en que les ocurra algo malo, y puestos a elegir prefiero que me toque la esclerosis a mí que cualquier otra cosa a ellos. Especialmente, el tráfico me asusta muchísimo. Como yo soy mala conductora y apenas me atrevo a salir de mi ciudad, todo lo que sea carreteras me pone los pelos de punta. Comprendo que tengo que dejar que mis hijos vuelen solos, y que mi marido haga una vida normal, pero me cuesta mucho, casi diría que cada vez más. Me gustaría ser menos consciente de todo lo que puede salir mal.

martes, 30 de julio de 2013

Cuando no está el gato, bailan los ratones

Existe una cierta ingenuidad en el mundo actual respecto a que cada cual conoce sus obligaciones y, sin coaccionarlo, va a cumplir con su deber. Pero no es así. Lo cierto es que las normas del tráfico sólo se respetan cuando hay radares y guardias civiles. Asimismo, los buenos consejos que nos dan por televisión nos entran por un oído y nos salen por otro. Ocurre así por ejemplo con la gente que conduce con el móvil y sobretodo, los que cruzan la calle hablando por el móvil y no se molestan en mirar antes a ambos lados. Eso ha provocado un aumento espectacular de los accidentes de peatones, pero todo el mundo piensa que lo hace bien.

El problema es que no se puede poner un guardia en cada cruce y cada paso de cebra. En España somos especialmente dados a saltarnos la ley en cuanto no nos vigilan. Y que nadie diga que no, porque miente. Por eso, cuando se llevan las manos a la cabeza hablando de los desmanes de los políticos, yo me pregunto de qué se extrañan. Aquí siempre se ha visto bien, como algo gracioso, la picaresca. Mientras sigamos teniendo simpatía por los que transgreden la ley y no les pillan, no se puede esperar que las cosas mejoren. Por desgracia, en la familia y en la calle, todos funcionamos mejor con un gato vigilante.

martes, 9 de octubre de 2012

Sorpresas te da la vida

No entiendo por qué hay temporadas en que los comentarios no me dejan vivir en paz y otras en que no tengo ningún problema. Por eso a veces pienso que es la conjunción astral. Si no no se explica, o es que es siempre el mismo y  tiene temporadas en que anda muy ocupado. Podría ser. Ya sé que no debería escribir esto que es tanto como invitar a los trolls a entrar a mi blog, pero el caso es que me puede la curiosidad. Esta mañana al salir con el coche me he tenido que parar en tres pasos de cebra seguidos para dejar pasar peatones. Hay días en que no cruza nadie. Casualidad o destino. Parece que todo lo que sucede va por rachas.

Me temo que ahora me toca la temporada de stress con mis hijas. La mayor ha empezado la universidad y anda un poco agobiada. Espero que esta situación no se alargue todo el curso. Luego están los problemas de salud acumulados y crónicos. También parece que este va a ser un año de viajes para mi marido, cosa que llevo fatal. Hay veces en que apenas viaja y otras en los que no para. Otra cosa que va por rachas. Y la verdad es que yo preferiría que los acontecimientos estuvieran mejor repartidos en el tiempo para poder administrarlos mejor, pero es lo que hay. Hay épocas en que todo se junta.

jueves, 14 de junio de 2012

Mea culpa

Mi nueva vida. Pasó el tiempo de la divulgación y la reivindicación. Ahora sólo quiero relajarme y recuperar el contacto con las personas. Después de cinco años en internet, me gustaría volver a empezar desde cero. Ése es el propósito principal de este blog. Eso dice en mi perfil de blogger y, sin embargo, he caído otra vez en mi propia trampa, porque siempre acabo hablando de temas polémicos y haciendo reivindicaciones. Y claro, acaban entrando asuntos de los que no quiero hablar, por no hacer publicidad de cosas que no lo merecen (repito una vez más). Y entonces resulta que hay quien se molesta porque borro comentarios, aunque para eso tengo puesta la moderación precisamente.

Así que voy a hacer propósito una vez más de relajarme y hablar solamente sobre las mariposas y las flores, que para polemizar ya tengo mi otro blog. No sé si lo conseguiré porque estoy muy obsesionada con los temas político sociales y religiosos, pero ahí está la idea. Para empezar hoy, tendría que decir que hay días en que parece que todos los conductores se ponen de acuerdo para hacer las cosas mal. Uno que no ha puesto el intermitente, otro que se cambia de carril en el último momento y luego se para. Otro que no respeta el ceda el paso, y además era taxista. En fin, que hay días en que es mejor no salir a la calle, y eso que ni siquiera estaba lloviendo...

jueves, 23 de febrero de 2012

Los límites

Ya sé que Jesús dijo que había que perdonar setenta veces siete, pero es que a veces no le haces un favor a alguien permitiendo que siga por el camino equivocado. A veces por hacer la vista gorda también puedes estar perjudicando a otros . Por ejemplo, cuando alguien te hace una faena en el tráfico, si no le pitas puede que siga haciéndolo siempre hasta que le salga mal y tenga un accidente. El tráfico da para miles de post. Es asombroso la cantidad de gente que conduce como si fueran solos por la carretera y pensaran que están a salvo de todo mal. Lo increíble es que no pasen más cosas. Los ángeles de la guarda deben estar haciendo horas extras todo el tiempo.

Es importante perdonar, no guardar rencor, pero eso no quiere decir que tengas que asentir a todo. Llega un momento en que tienes que decir basta. Cuando ves que alguien está haciendo algo malo. Y ya sé que hay quien opina que no existen el bien ni el mal, que todo es relativo. Pero yo creo en una moral universal intemporal que dice que robar está mal, también la violencia, la intolerancia, y los siete pecados capitales entre otras cosas. Hay acciones que en cualquier parte del mundo desde siempre se consideran malas. También existe el pecado de omisión, es decir, por no hacer lo que está en tu mano por los demás, por conseguir un mundo mejor. Eso abunda mucho actualmente.

martes, 12 de julio de 2011

La puntualidad

A veces pienso que nací en el país equivocado porque parezco alemana y me comporto como tal. Desde siempre, tengo la necesidad de llegar a las citas antes de la hora, con lo cual, me toca esperar el doble. Si sumara la cantidad de minutos de retraso que he sufrido en mi vida, supongo que serían varias horas. Y es que la puntualidad parece que está mal vista en España. En la ciudad en la que vivo a ciertas horas del día es mejor no asomar el coche fuera del garaje. La gente sale con la hora justa de casa y pretenden que los hados estén a su favor, que no haya coches en la carretera y todos los semáforos les pillen en verde. Pero la realidad es que suelen encontrar atasco y van como desesperados intentando recuperar minutos a cualquier precio.

Pero lo curioso es que, a la salida de trabajo, también van estressados; no sé si por costumbre o porque tienen que recoger a sus hijos. El caso es que todavía hay pocos accidentes para la manera en que conduce la gente en hora punta. Por evitar esta situación, yo me levanto diez minutos antes y dejo a mis hijas en el colegio con un cuarto de hora de margen. Así voy más tranquila. Esa costumbre de empezar más tarde de la hora, también se ha extendido a los espectáculos y demás eventos sociales, y a mí me sigue pareciendo de mala educación. En otros países europeos, desde luego, no sería admisible. Para mí, la puntualidad es algo tan intrínseco que incluso el día de mi boda llegué tan pronto que, si me descuido, aparezco allí antes que el novio.