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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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martes, 24 de febrero de 2015

Llevar la voz cantante

Es exactamente lo contrario de lo que me pasa a mí. Yo soy la clase de persona que nunca lleva la voz cantante, simplemente porque nadie me hace ni caso. Supongo que no tengo poder de convicción ni irradio confianza. Pero me da mucha rabia porque a veces pienso en lo bien que le iría a la gente si siguiera mis consejos. Ya sé que está feo que lo diga, pero suelo acertar. Me paso el día repitiendo aquello de si me hubieran hecho caso... Me pregunto que tan malo debí de hacer yo en otra vida para que me haya tocado ahora tener la clarividencia de saber cómo hay que hacer las cosas y no ser capaz de convencer a nadie. Ni a mis propios hijos.

Me paso el día viendo gente que no tiene ni idea de la vida, o incluso que saben mucho más de lo que dicen pero les gusta manipular a los demás a su antojo. Veo con qué facilidad convencen a cualquiera de lo que quieren. Pero yo nunca he tenido ese don y lo más que consigo es que me escuchen cortésmente para luego hacer lo contrario. Tampoco es que yo quisiera llevar la voz cantante y tener el mundo a mis pies. No va con mi manera de ser ir de protagonista. Pero, caramba, que al menos los que me conocen mejor me tuvieran algo más de confianza y siguieran mis consejos. Tampoco creo que sea tanto pedir, dados los resultados.

miércoles, 16 de abril de 2014

Si dices las verdades pierdes las amistades

Alguien me dijo hace tiempo que a la gente no le gusta que les digan la verdad porque la verdad duele. Es cierto. Resulta mucho más fácil pensar que un embarazo es un montón de células informes y no que a las cinco semanas ya tienes una personita dentro con su brazos, piernas y dedos en las manos. Yo también preferiría no saberlo, pero ya es tarde. También es más cómodo decir que lo único que necesita un niño para vivir es alimento y cariño. Pero un niño no es una mascota y necesita mucho más: el modelo a seguir de un padre y una madre. Es agradable decir que los jóvenes tienen que explayarse; no resulta tan simpático si dices que el abuso de alcohol y drogas es peligroso.

Así que mantenerse en un punto medio donde no tengas conflictos con nadie resulta realmente complicado, sobre todo en este momento y en nuestro país. Saliendo de la política, recuerdo que yo tenía una amiga que tenía tres hijos: una niña y dos mellizos. El caso es que la hermana mayor tenía celos y aprovechaba cualquier  momento para molestar a sus hermanos e incluso pegarles. Una vez le dije a la madre que no era bueno tolerar ese comportamiento. A partir de ahí nuestra amistad quedó tocada para siempre. No es fácil dar consejos y menos aceptarlos, pero a veces la conciencia no te deja otra opción libre.

lunes, 20 de enero de 2014

Nadie escarmienta en cabeza ajena.

Cuando tienes hijos te hartas de dar consejos y, cuando crees que les has convencido y te van a hacer caso, resulta que hacen todo lo contrario. Da igual que tengas mil argumentos, mil anécdotas para ilustrar tu opinión, acabarán haciendo lo que les parezca. Es lo malo que tiene la falta de memoria en la infancia, que la mayoría de lo que crees que les has enseñado se les olvida al llegar a la adolescencia. Así que acaban cayendo en todos los errores sobre los que ya les habías advertido. Supongo que a nosotros también nos pasó lo mismo en su momento. La experiencia de otros no sirve para evitar los problemas futuros.

Realmente es una pena que se desperdicie de esa manera el capital de conocimientos de los mayores, pero es algo que ha ocurrido siempre y siempre ocurrirá. A veces pienso en un mundo ideal donde los hijos hicieran caso de sus padres y no tuvieran que pasar por tantas situaciones comprometidas. Pero luego me doy cuenta de que tal vez no aprenderían nada tampoco, porque se aprende mucho de la experiencia propia, más que de los libros o lo que te cuenten. Supongo que es necesario que cada generación vuelva a cometer sus propios errores, pero resulta bastante desesperante cuando los perjudicados son tus propios hijos.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Meterse en camisa de once varas

Eso es lo que hago yo a diario. Soy un ama de casa madre de tres hijos. Tengo cosas que hacer para todo el día, recados que comprar, libros que leer, series que ver e incluso estudio idiomas. Es decir, que podría vivir una vida tranquila y relajada en mi hogar sin preocuparme de problemas ajenos y sin dar consejos que nadie me ha pedido. Pero no puedo. Porque algo dentro de mí me impulsa desde hace siete años a salir al mundo a través de este medio de internet a exponer mis pensamientos sobre política, familia, educación, sociedad y religión; aún a riesgo de que a alguien no le gusten y aproveche para atacarme.

Más de una vez he pensado en dejarlo y permitir que la sociedad se encargue de los individuos y que cada cual alcance las consecuencias de sus propios actos. Pero no me parece bien, cuando yo pienso que tengo información que puede ser útil a otros o que tengo la obligación de intentar terminar con situaciones atroces como el aborto. Ya no me siento capaz de dejar el ordenador apagado y dedicarme a disfrutar de la vida sin más. Ya no me parece suficiente aconsejar a mis hijos o compartir puntos de vista con personas cercanas. Necesito abrirme al mundo cada día aunque eso suponga que me haga mucho más vulnerable.

Mi padre está otra vez en el hospital. Esto ya se ha convertido en parte de mi rutina...

martes, 30 de julio de 2013

Cuando no está el gato, bailan los ratones

Existe una cierta ingenuidad en el mundo actual respecto a que cada cual conoce sus obligaciones y, sin coaccionarlo, va a cumplir con su deber. Pero no es así. Lo cierto es que las normas del tráfico sólo se respetan cuando hay radares y guardias civiles. Asimismo, los buenos consejos que nos dan por televisión nos entran por un oído y nos salen por otro. Ocurre así por ejemplo con la gente que conduce con el móvil y sobretodo, los que cruzan la calle hablando por el móvil y no se molestan en mirar antes a ambos lados. Eso ha provocado un aumento espectacular de los accidentes de peatones, pero todo el mundo piensa que lo hace bien.

El problema es que no se puede poner un guardia en cada cruce y cada paso de cebra. En España somos especialmente dados a saltarnos la ley en cuanto no nos vigilan. Y que nadie diga que no, porque miente. Por eso, cuando se llevan las manos a la cabeza hablando de los desmanes de los políticos, yo me pregunto de qué se extrañan. Aquí siempre se ha visto bien, como algo gracioso, la picaresca. Mientras sigamos teniendo simpatía por los que transgreden la ley y no les pillan, no se puede esperar que las cosas mejoren. Por desgracia, en la familia y en la calle, todos funcionamos mejor con un gato vigilante.