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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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viernes, 3 de julio de 2015

Las palabras se las lleva el viento

Por eso se dice que hay que dejar todo por escrito para que quede constancia y no haya problemas. La verdad es que el viento se lleva absolutamente todo: las palabras, las situaciones y las personas que las vivieron. Me da lástima cuando veo un mercadillo de cosas antiguas y pienso en la gente que compró esos marcos de fotografía sin saber que algún día acabarían en un mostrador, para que alguien que no los conocía tenga oportunidad de adquirirlos. Las cosas viejas tienen un cierto poso melancólico como de historia vivida. Por eso a mí en principio no me gusta comprar artículos de segunda mano. Me parece que se lo quito a alguien.

Pero no es más que una impresión mía. En otros países es muy habitual ese comercio. Si las cosas acaban en la calle, tanto más las palabras. Cuando me acuerdo de cuánto me han dolido algunas cosas que me han dicho o me he podido arrepentir de haberlas dicho yo, pienso que los humanos realmente somos muy poco realistas. Porque de otro modo nos daríamos cuenta de que nada tiene trascendencia pasada una generación. ¿Quién recuerda ya los nombres de sus bisabuelos, y siendo de la misma familia?. Es triste pero somos todos contingentes. Apenas quedamos en la memoria de los que nos conocieron. Y las palabras, con más razón, desaparecen.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Entrenando el cerebro

Cuando era jovencita me bastaba con oír una canción una vez para quedarme con la letra. También aprobaba sólo con lo que escuchaba en clase. Me temo que desperdicié esa capacidad y la perdí con los años. He leído libros de cientos de páginas en poco tiempo, incluso en otros idiomas. Ahora apenas me concentro para seguir un artículo en una revista. Aun así me he impuesto la obligación de seguir haciéndolo, al igual que sigo muchos blogs y escribo a diario. No sé si evitará que pierda la poca capacidad de retención que me queda, pero por intentarlo no será. Por eso voy a clase de inglés. Creo que el cerebro hay que entrenarlo como el cuerpo o aún más.

Así que cada semana me quedo con las revistas que me pasa mi madre del dominical del periódico y procuro leérmelas al menos por encima y algunos reportajes a fondo. Me sirven para sacar información e ideas para mis blogs. Ahora también leo algunos titulares de periódicos cuando entro a comentar. Sin embargo, me temo que los libros los he dejado de lado. Así que cuando veo reseñas de otros blogueros me siento un poco culpable. Acabo de leer un artículo que habla sobre la posibilidad de estimular zonas dormidas del cerebro. Espero que no sea tarde. Me temo que físicamente tengo la batalla bastante perdida, así que al menos espero poder mantenerme mentalmente.

martes, 3 de diciembre de 2013

Cuarenta y ocho

Son los años que voy a cumplir en pocos meses. Es extraño pero me alegro de cumplirlos porque me acercan a la cincuentena. Y alguno pensará que me he vuelto loca. Teniendo cuarenta y siete parece que estoy más cerca de cuarenta y cinco, pero yo me siento mayor. Cuando iba al médico y me quejaba de dolores de espalda por ejemplo, tenía el problema de que consideraban que era psicológico porque una persona joven no tiene esa clase de molestias. Ahora voy con mis casi cincuenta años y ya me toman en serio, me piden análisis y radiografías. Y bueno, será una tontería, pero me siento justificada.

Ya puedo decir que me canso enseguida cuando salgo a caminar y no pensarán que soy una quejica, o que me duele un brazo y no dirán que es una excusa para no hacer nada. Ahora puedo olvidarme de las cosas y la gente piensa que es normal, no que soy una descuidada. Porque además por desgracia ya he superado la esperanza de vida de algunos países y la de hace cien años. Se supone que he vivido lo suficiente para estar tan "cascada". Y aunque no tengo canas, puedo lucir mis arrugas y manchas sin miedo a que alguna piense que soy una dejada, que no me cuido y demás. Puedo vestir conforme a mi edad, sencilla y cómoda. Algo tenía que tener de bueno.

jueves, 26 de julio de 2012

En pleno verano

No sé por qué este año me está costando mucho hacerme a la estación en que vivimos. Puede que se deba a que el fin de curso resultó muy ajetreado o a que no ha hecho demasiado calor todavía unos días seguidos. Tal vez sea que realmente todo el curso se me pasó muy rápido. Tenía unos análisis para hacerme en enero y, cuando fui a darme cuenta, era junio y no me los había hecho. Ahora estoy intentando ponerme al día con los médicos, pero me temo que en agosto se marcharán y volveré a dejarlo todo a medias. Con esta memoria mía, debería tomar hierro a diario y apenas lo tomo dos días de cada cinco... Por más que me dejo todo a mano sigo sin acabar los tratamientos.

Y es que ya tengo unos cuantos achaques - cosa que le dará una alegría a algunos -. La espalda dolorida, el colon irritable, mi anemia crónica, la insuficiencia circulatoria... En fin, que como digo yo, para la edad que tengo estoy hecha una pena; pero hay cosas mucho peores y no debo quejarme. Lo que ocurre es que en verano parece que florecen todas las dolencias y, cuando no es una cosa es otra, la verdad es que paso mucho tiempo sin poder hacer vida normal. Menos mal que tengo el pasatiempo de la escritura, aunque ya me repito más que el pepino.:), pero bueno, como entra gente distinta tampoco se nota tanto. Os deseo a todos un buen verano. No estaré la semana que viene, pero dejaré post programados.

jueves, 19 de enero de 2012

No me acuerdo

Estoy dudando sobre si mis clases de idiomas han servido para algo. Es como si los conocimientos estuvieran archivados en un lugar de mi cerebro al que no tengo acceso. Cuando leo en francés lo entiendo muy bien, pero cuando se trata de recordar palabras no me vienen a la cabeza. En cuanto al alemán, con el nivel que he alcanzado, creo que ahora sería incapaz de hablarlo. A veces me salen palabras sueltas como segeln, que significa navegar a vela; no es que sea algo muy práctico. Pero lo que es mantener una conversación o comprenderla está más allá de mi capacidad en este momento. Lo único que mantengo fresco es el inglés, supongo que por la música que escucho.

Del árabe apenas me quedan unas palabras. Con la cantidad de horas que les he dedicado, me da rabia pensar que parece ser que ya soy demasiado mayor para retener nada. El caso es que me gusta ir a la clase de francés pero, cuando intento aprender vocabulario nuevo, se me escurre de la memoria sin que pueda hacer nada por evitarlo. Así que me hice un Tac y un electroencefalograma y parece ser que no me sucede nada que justifique esta situación. Supongo que acabaré este curso, aunque no estoy segura de aprobarlo, y luego pasaré a otra cosa. Tal vez vuelva al Taichi, que no supone tanto esfuerzo mental. Aunque lo cierto es que también hay que memorizar movimientos...