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Nubes sobre el Mar

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miércoles, 17 de junio de 2015

Podemos o cómo meter la pata hasta el fondo

Apenas tres días llevan en los ayuntamientos y ya han salido a relucir declaraciones de todos sus miembros que ponen la piel de gallina, que en otros países serían motivo de cárcel. Zapata con su repertorio de frases propias de un psicópata, Maestre incitando a quemar a los cristianos. Pablo Soto queriendo torturar y matar a Gallardón. Castaño pide empalar a Toni Cantó. Otro que dice que a la derecha hay que masacrarla en sus propias casas. Otro que habla de recuperar la guillotina. ¿En qué clase de tarados hemos dejado el gobierno municipal y autonómico?. Pero yo no les culpo a ellos, que ya tienen bastante con sobrevivir a su odio visceral.

Yo culpo públicamente a sus votantes. Que no será que no les advertimos del derecho y del revés. Que no será que nadie les dijo con qué clase de gente se estaban jugando las habichuelas. Que no quisieron creerlo porque ellos saben más que nadie. Que incluso desde el extranjero les avisaron de lo que iba a ocurrir. Y no se les ocurre otra cosa que votar al Frente Popular y retroceder ochenta años. Como no recapaciten de aquí a las generales, todo lo que suceda caerá sobre sus conciencias. Voy a tener que darle la razón a Jeremy Clarkson que decía que los españoles son «una panda de gente que hace una semana se estaban disparando unos a otros y apuñalando vacas». Solo falta que volvamos a hacerlo, y en este caso, del dicho al hecho puede haber poco trecho.

viernes, 28 de febrero de 2014

Sobre máximos y mínimos

A ver si consigo explicaros esto. Todos sabemos que hay una serie de normas básicas que no deberíamos transgredir si nos consideramos buenas personas: no matar, no robar, no mentir... El otro día había una lectura del Evangelio en la que Jesús decía: os han dicho que no matéis, yo os digo que perdonéis; os han dicho que no robéis, yo os digo que compartáis vuestros bienes; os han dicho que no engañéis, yo os digo que no lo penséis siquiera. Es otro nivel de compromiso que se alcanza cuando ya no te conformas con el mínimo y quieres llegar al máximo, aunque eso cueste mucho más y tenga más mérito.

Cuando hablaba el otro día sobre la infidelidad, estaba intentando recalcar que quien se acerca a alguien comprometido tiene ya mucha culpa. De acuerdo que el otro no tiene por qué caer en la tentación, pero es mejor si no se le tienta. A eso se refiere el segundo nivel de compromiso: no sólo a evitar el mal comportamiento, sino a hacer lo posible para que no tenga lugar. No sólo se trata de no matar, sino de no incitar al odio; lo cual por cierto es una actividad muy frecuente en nuestro país. Por eso afirmo que la persona que escribe en las redes sociales comentarios agresivos contra alguien o un grupo determinado tiene mucha culpa de las consecuencias que pueda haber.


miércoles, 26 de febrero de 2014

Contra el resentimiento

Me asombra la facilidad con que algunas personas pasan del amor al odio a la mínima excusa. Yo comprendo que no se esté de acuerdo con alguien, incluso que se esté radicalmente en contra de una idea. Pero de ahí a descalificar a un colectivo de personas, a menudo millones de ellas por una idea preconcebida, va mucho trecho. Y es que hay gente que dice odiar con una frialdad como si estuviera hablando de que no le gusta el jamón. No se puede frivolizar con un sentimiento tan fuerte y lo digo porque he estado en ambos lados: el de los que odian y el de los odiados. Y puedo asegurar que en ambos casos el que más daño se hace es uno mismo.

El mal existe. Hay quien dice que es la ausencia de bien. Yo pienso que es una realidad aparte. Y se alimenta de esos resentimientos que se van alimentando a menudo sin ser consciente de lo que se hace. En nuestro país no se le da la importancia que tiene a esas corrientes que descalifican a las personas, y luego todos se llevan las manos a la cabeza cuando sucede algo realmente grave. Pero tiene mucha razón el refrán que dice: quien siembra viento recoge tempestades. Y los que van por ahí insultando y amenazando a los que no piensan igual son directamente responsables de lo que les pueda llegar a suceder a esas personas.

viernes, 16 de marzo de 2012

Cuestión de definiciones

A lo largo de estos últimos meses me han dicho que era una mala persona, me han dicho que yo no era una persona; incluso, me han llegado a calificar de tumor. Así que ahora vengo a ser el concepto que tiene Bibiana Aído sobre un feto. No sé si considerarlo un honor... Sin embargo, me temo que voy a decepcionar a muchos: no sólo soy una persona, sino que me considero una buena persona. Y dirán que eso es muy subjetivo y no lo niego. Sin embargo, desde que nací siempre he tenido una conciencia superactiva, siempre he sufrido por lo que les pasaba a los demás y siempre me he avergonzado de mis propias faltas. No sé si se puede considerar mérito mío o simplemente soy así.

No sufro de avaricia, ni de gula. Pereza la justa y la ira la tengo bastante dominada (aunque me ha costado), envidia muy poco y soberbia es difícil teniendo tan baja la autoestima. En cuanto a la lujuria, sólo con mi marido (creo que eso no cuenta). Nunca he hecho mal a nadie conscientemente y sólo me enfado con alguien si lo veo estrictamente necesario, porque me parece peor permanecer callada. Miento lo imprescindible, que suelen ser mentiras piadosas. Por supuesto no he robado ni he matado, ni le deseo a nadie la muerte. Soy una persona tan inofensiva que de hecho la gente suele aprovecharse de mí. Estoy muy lejos de la imagen que transmito en internet. Me temo que si me conocieran no podrían odiarme; más bien me tendrían lástima.