Se diría que no tienen ninguna relación pero es un problema de fondo. Siempre se ha dicho que las sociedades orientales valoran más a los ancianos, cosa que está muy bien, pero en cambio se despreocupan mucho de los niños (véase los niños que viven en las calles de la India). Sin embargo, las sociedades occidentales tendemos a descartar a los ancianos y valoramos más a los niños. O así era antes. Desde que existe el aborto, la fecundación artificial, etc. los niños se han convertido en material de uso y disfrute. Así que no es de extrañar que algunos lleven esa máxima hasta el límite. Una sociedad que descarta a sus hijos no puede esperar que se les respete.
Además estamos hablando de países donde las relaciones sexuales se pueden consentir desde los doce años y las niñas pueden abortar desde los dieciséis. Luego existe en teoría mucha protección a la infancia y algunos niños incluso están sobreprotegidos y sobrevalorados. Pasamos como siempre de un extremo al otro. Pero mientras sigamos cayendo en la contradicción de considerar a los niños propiedad de sus padres (de su madre) y por otra parte capaces de valerse por sí mismos sin ayuda, seguiremos dejando brechas por donde gente sin escrúpulos se aprovecha para su propio beneficio. Un hijo es una responsabilidad de por vida, no un producto de usar y tirar.
Se trata de un intento de volver a empezar en el mundo de los blogs. Pretende ser de nuevo un diario personal donde volcar reflexiones y compartir experiencias.
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Nubes sobre el Mar
Cuadro pintado por mi hija pequeña
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sábado, 27 de septiembre de 2014
lunes, 9 de septiembre de 2013
La pérdida de valor de los niños en nuestra sociedad
Es bien sabido que en los países orientales, como China, se valora especialmente a los ancianos porque atesoran experiencia y conocimientos. Sin embargo, a los niños no se les aprecia demasiado. A algunos se les da una educación muy estricta, mientras en otros países, como la India, viven en las calles sin que nadie los cuide. En contraste con eso, se supone que la cultura occidental y el cristianismo valora especialmente a los niños y tiende a dejar a los ancianos a un lado, desaprovechando su valía. Así era hasta ahora, al menos. Porque actualmente tampoco los niños tienen ya ningún valor y eso se está reflejando en las páginas de sucesos.
Este verano ha habido muchas noticias de personas que han abandonado o matado a sus bebés, pudiendo haberlos entregado en adopción, que siempre hay lista de espera de padres. Sin embargo, han preferido arrojarlos en una alcantarilla y otros métodos similares. También se sabe que personas con problemas en su pareja han utilizado a sus hijos como medio para castigar al otro. Es el caso de Bretón y de otra mujer hace poco que intentó tirar a su hijo por la ventana. Los niños se han convertido en moneda de cambio en una sociedad que empieza a considerarlos un estorbo para la calidad de vida de sus padres. Es una consecuencia más de la legalización del aborto. Los hijos ya no son lo más valioso para nosotros.
Ya le han dado el alta a mi padre pero está tan flojo que me temo que lo vuelvan a ingresar pronto. Gracias por vuestros ánimos. Besos.
Este verano ha habido muchas noticias de personas que han abandonado o matado a sus bebés, pudiendo haberlos entregado en adopción, que siempre hay lista de espera de padres. Sin embargo, han preferido arrojarlos en una alcantarilla y otros métodos similares. También se sabe que personas con problemas en su pareja han utilizado a sus hijos como medio para castigar al otro. Es el caso de Bretón y de otra mujer hace poco que intentó tirar a su hijo por la ventana. Los niños se han convertido en moneda de cambio en una sociedad que empieza a considerarlos un estorbo para la calidad de vida de sus padres. Es una consecuencia más de la legalización del aborto. Los hijos ya no son lo más valioso para nosotros.
Ya le han dado el alta a mi padre pero está tan flojo que me temo que lo vuelvan a ingresar pronto. Gracias por vuestros ánimos. Besos.
domingo, 6 de mayo de 2012
Buenas noticias
En estos tiempos de desánimo generalizado no está mal recordar que
todavía siguen ocurriendo cosas buenas de vez en cuando. Hay gente
altruista que dedica su tiempo y su dinero a ayudar al los demás. Por
ejemplo, acabo de leer que alguien ha inventado unas gafas adaptables a
muy buen precio para enviarlas al tercer mundo. También hay una empresa
de audífonos que los ofrece casi gratis a personas con necesidad. Y el
doctor Cavadas, que opera gente gratis en vacaciones. También sé de unos
dentistas que en el verano viajan a otros países a arreglarle la boca a
gente sin recursos. Por no hablar de los misioneros que dedican toda su
vida a otros sin pedir nada a cambio. Por suerte, buscando mucho se
encuentran buenas noticias de las que hablar.
Puede que no sean cambios a nivel global, pero para la gente a quienes afecta son fundamentales. Como el hecho de que varios millonarios hayan donado ya la mitad de sus fortunas a la beneficencia. O tantas personas que hacen cosas de las que no nos enteramos casi nunca, como Belén Estéban, que el primer sueldo que ganó lo entregó a una asociación para minusválidos. Hay muchos voluntarios que trabajan con gente impedida, que visitan las cárceles o las residencias de ancianos y hospitales, para dar conversación a aquellos que no reciben visitas. También se está haciendo mucho por evitar la extinción de animales en peligro. Hoy quiero dar un mensaje de esperanza en honor a todos los que ayudan a hacer un mundo mejor.
Puede que no sean cambios a nivel global, pero para la gente a quienes afecta son fundamentales. Como el hecho de que varios millonarios hayan donado ya la mitad de sus fortunas a la beneficencia. O tantas personas que hacen cosas de las que no nos enteramos casi nunca, como Belén Estéban, que el primer sueldo que ganó lo entregó a una asociación para minusválidos. Hay muchos voluntarios que trabajan con gente impedida, que visitan las cárceles o las residencias de ancianos y hospitales, para dar conversación a aquellos que no reciben visitas. También se está haciendo mucho por evitar la extinción de animales en peligro. Hoy quiero dar un mensaje de esperanza en honor a todos los que ayudan a hacer un mundo mejor.
sábado, 14 de abril de 2012
Máster en la vida
Criar a los niños supone tener un máster en resistencia física. Meses enteros sin dormir, días sin parar y desplazarse con media casa a cuestas cada vez que vas a la vuelta de la esquina. Tener adolescentes es un máster en paciencia. Hay que ver lo que pueden llegar a protestar, a rezongar y a lamentarse unas criaturas que están en la flor de la vida. Convivir con adultos es un máster en resignación, porque ya no te queda mucho que puedas decir para evitar que caigan en sus propios errores. Cuidar de ancianos es un máster en amor, porque realmente es eso lo principal que necesitan, que les escuchen, les comprendan y les animen. Poco más se puede hacer ya para aliviarlos.
Así que, cuando muchas veces me dicen que no sé nada, porque no he estudiado en la universidad o porque no tengo una cultura muy amplia, yo siempre me respondo que sé lo que necesito saber, que es lo más importante, lo que te enseña la propia vida. Si además lees, te informas, te comunicas y te relacionas, no hay razón para que no puedas tener una opinión bien fundada sobre cualquier tema. El problema es que esa clase de conocimiento sólo lo proporcionan los años y, aquellos que no los han cumplido, a menudo no comprenden que no necesites la Wikipedia o un tratado especializado para saber perfectamente de lo que hablas; porque lo has vivido.
Así que, cuando muchas veces me dicen que no sé nada, porque no he estudiado en la universidad o porque no tengo una cultura muy amplia, yo siempre me respondo que sé lo que necesito saber, que es lo más importante, lo que te enseña la propia vida. Si además lees, te informas, te comunicas y te relacionas, no hay razón para que no puedas tener una opinión bien fundada sobre cualquier tema. El problema es que esa clase de conocimiento sólo lo proporcionan los años y, aquellos que no los han cumplido, a menudo no comprenden que no necesites la Wikipedia o un tratado especializado para saber perfectamente de lo que hablas; porque lo has vivido.
lunes, 19 de marzo de 2012
Quién os ha visto y quién os ve...
Ayer estuve visitando a mis padres. Están bien dentro de lo que se puede esperar con ochenta y seis y ochenta y tres años. Apenas pueden ya caminar y tienen varias patologías graves, pero el caso es que siguen aquí. Con eso me basta. Me ha costado mucho asumir el paso del tiempo y sus consecuencias. La psicóloga tuvo que dedicarle varias sesiones a eso. Es fácil de comprender cuando se trata de otras personas, pero no de tus padres. Todavía ahora se me saltan las lágrimas al escribir esto. Pensar que mi padre era un hombretón de uno noventa y noventa kilos, que todavía sobre los cincuenta años era capaz de levantarnos a mi hermana y a mí del suelo, una con cada brazo.
Y mi madre estuvo decenas de años preparando comida para ocho personas, más mi abuelo que hacía dieta aparte; haciendo la compra todos los días y trayendola a casa ella misma... Que mi padre se conducía mil kilómetros seguidos por carreteras de dos sentidos llenas de curvas sin darse ni cuenta. Que mi madre limpiaba la casa y luego se daba una paseo con mi padre por el monte del Pardo de varios kilómetros. Pensar que mis padres se estuvieron bañando en aguas de Galicia hasta casi los ochenta años, soportando la temperatura y las mareas; y luego se daban paseos a todo lo largo de la playa. Quién diría que son esos ancianos desválidos. Qué dura es la vida a veces.
Y mi madre estuvo decenas de años preparando comida para ocho personas, más mi abuelo que hacía dieta aparte; haciendo la compra todos los días y trayendola a casa ella misma... Que mi padre se conducía mil kilómetros seguidos por carreteras de dos sentidos llenas de curvas sin darse ni cuenta. Que mi madre limpiaba la casa y luego se daba una paseo con mi padre por el monte del Pardo de varios kilómetros. Pensar que mis padres se estuvieron bañando en aguas de Galicia hasta casi los ochenta años, soportando la temperatura y las mareas; y luego se daban paseos a todo lo largo de la playa. Quién diría que son esos ancianos desválidos. Qué dura es la vida a veces.
jueves, 24 de noviembre de 2011
Amar hasta que duela
Eso decía la Madre Santa Teresa de Calcuta. Cuanto más se ama, más se sufre. A veces me pregunto si mi depresión tiene remedio o si sirven de algo tantas pastillas, cuando tendrían que recetarme algo de amnesia. Pero una vida sin recuerdos no vale la pena. No puedo evitar seguir queriendo a la gente que no se acuerda de mí o incluso a los que me desprecian. No puedo evitar sufrir por las injusticias, el hambre y la guerra en el mundo. Cuando pienso en las personas que mueren cada día por enfermedades evitables, por violencia, o por abortos antes de nacer, es como si me clavaran miles de agujas microscópicas, que me siento ya como un acerico y no me quedan huecos libres en todo el cuerpo para más.
Sé que no me sirve de nada ese dolor. Que las cosas son como son y yo no tengo poder para cambiarlas. Sufro por los ancianos solos en las residencias a los cuales nadie visita, por los enfermos crónicos a los que nadie consuela. Sufro por tantas muertes inesperadas en accidentes o enfermedades graves. Pero, es que cada otoño, además, me acuerdo de los polluelos que han nacido al final del verano y, posiblemente, no puedan sobrevivir a las primeras lluvias y fríos. Me apeno incluso por los árboles que florecen antes de tiempo en invierno y al poco pierden sus flores en las heladas. Tengo presentes también a los insectos, a los que me niego a matar si no es imprescindible. A veces pienso que cargo con el dolor del mundo sobre mis espaldas, pero, si no lo hiciera, no sería yo misma.
Sé que no me sirve de nada ese dolor. Que las cosas son como son y yo no tengo poder para cambiarlas. Sufro por los ancianos solos en las residencias a los cuales nadie visita, por los enfermos crónicos a los que nadie consuela. Sufro por tantas muertes inesperadas en accidentes o enfermedades graves. Pero, es que cada otoño, además, me acuerdo de los polluelos que han nacido al final del verano y, posiblemente, no puedan sobrevivir a las primeras lluvias y fríos. Me apeno incluso por los árboles que florecen antes de tiempo en invierno y al poco pierden sus flores en las heladas. Tengo presentes también a los insectos, a los que me niego a matar si no es imprescindible. A veces pienso que cargo con el dolor del mundo sobre mis espaldas, pero, si no lo hiciera, no sería yo misma.
domingo, 14 de agosto de 2011
Nostalgia
No lo puedo evitar. Es verano, estamos de vacaciones. He ansiado con fuerza estos momentos. Intento ser feliz y disfrutar pero mi recuerdo regresa a ratos a casa de mis padres, sabiendo que ellos no pueden ya salir de vacaciones; apenas pueden salir de casa, se encuentran mal y yo no puedo hacer nada. Me repito a mí misma que no es mi culpa y que mi lugar está junto a mi marido y mis hijos, pero me cuesta. No me parece justo que a mis 45 años tenga ya unos padres ancianos y desválidos. Sin embargo, podría ser peor, podría ser huérfana. Por desgracia, mucha gente muere joven por accidentes o enfermedades. Sé que no tiene sentido sentirme así, pero no lo puedo evitar. A veces siento que debería estar con ellos, aún sabiendo que no serviría de nada.
Veo familias en la playa que viajan con los abuelos y los nietos. La verdad es que yo también lo hice alguna vez cuando mis hijos eran pequeños. Ahora es imposible. Los miro con nostalgia, a pesar de que yo siempre he preferido viajar de forma más independiente. Esas relaciones multigeneracionales provocan muchas tensiones también. Pero, ahora que ya no podemos, todo parece de color de rosa. Es cierto aquello de que aprendes a valorar lo que tienes cuando lo pierdes. La vida es así. Mis padres han disfrutado una larga existencia sin muchos contratiempos. Yo tengo ahora que procurar que mis hijos atesoren buenos recuerdos. No puedo dejarme llevar por la nostalgia de lo que pudo haber sido. Realmente, necesito todavía psicoterapia.
Veo familias en la playa que viajan con los abuelos y los nietos. La verdad es que yo también lo hice alguna vez cuando mis hijos eran pequeños. Ahora es imposible. Los miro con nostalgia, a pesar de que yo siempre he preferido viajar de forma más independiente. Esas relaciones multigeneracionales provocan muchas tensiones también. Pero, ahora que ya no podemos, todo parece de color de rosa. Es cierto aquello de que aprendes a valorar lo que tienes cuando lo pierdes. La vida es así. Mis padres han disfrutado una larga existencia sin muchos contratiempos. Yo tengo ahora que procurar que mis hijos atesoren buenos recuerdos. No puedo dejarme llevar por la nostalgia de lo que pudo haber sido. Realmente, necesito todavía psicoterapia.
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