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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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viernes, 3 de abril de 2015

Dejar pasar carros y carretas

A pesar de ser católica practicante soy muy crítica con la Iglesia últimamente. Y no por los consabidos temas de la inqusición y las cruzadas. En total el santo tribunal apenas acabó con la vida de unos cientos de personas y sólo en los años treinta fueron asesinados en España más de ocho mil religiosos. Digamos que todo es relativo. Lo que me molesta precisamente es esa obsesión por estar siempre haciendo el "mea culpa" como si los errores de la iglesia no fueran compensados con creces por la inmensa labor social que lleva más de viente siglos practicando en todo el mundo. Me parece un menosprecio para los miles de religiosos intachables.

El nuevo Papa, como buen argentino, tiende a hablar demasiado sin meditar sus palabras. Yo creo que deberíamos estar orgullosos de pertenecer a la Iglesia Católica y no acomplejados. Más ahora que además los cristianos son perseguidos y vilipendiados en todo el mundo. Sólo falta que el Papa les ayude a criticar.  Cuando dice cosas como: algunas de las mejores personas de la historia no creían en Dios, mientras que muchos de los peores actos se hicieron en su nombre, está tirando piedras contra su tejado, y por añadidura contra todos los que nos dejamos la voz y la tinta defendiéndole.  Una cosa es querer caer bien y otra dejar pasar carros y carretas, o dar un mensaje confuso.


sábado, 14 de febrero de 2015

La gota que colma el vaso

Esta expresión la utilizo mucho. Sucede cuando estás soportando una situación pacientemente esperando que cambie, pero en lugar de mejorar empeora. Las personas como yo que solemos aguantar demasiado siempre tenemos un límite de hasta ahí hemos llegado. Cuando se rebasa ese punto cambiamos de actitud. Creo que es muy propio de los cristianos poner la otra mejilla, pero hay quien se aprovecha de esa circunstancia. Estamos acostumbrados a que nos critiquen en los medios de comunicación, a que todo el mundo opine de nuestras creencias y nuestro libro sagrado. Por eso, hay quien lo ha tomado por costumbre.

Por ejemplo, en los carnavales siempre hay gente que se viste de cura o monja y salen a emborracharse, bailar o incluso hacer gestos obscenos. Eso es lo más contrario que puede existir a la actitud de la inmensa mayoría de los religiosos, que cumplen escrupulosamente sus tres votos de pobreza, castidad y obediencia. Por eso, cuando veo esas imágenes de gente disfrazada a mí me sienta muy mal. Me acuerdo de los misioneros perdidos en lugares donde nadie quiere ir, viviendo con lo mínimo y jugándose la vida y me parece la gota que colma el vaso. Ya sé que hay gente que no lo entenderá nunca, pero hay cosas con las que no se debe jugar.

miércoles, 30 de abril de 2014

No es oro todo lo que reluce

Siempre me llama la atención el hecho de que en los países pobres la gente parece ser más feliz que nosotros. Y es que encuentran la felicidad en cosas que nosotros ya no apreciamos. Eso es lo que he intentado explicar en mi libro Mi gran secreto de la felicidad. Realmente no se trata de una fórmula mágica sino de saber valorar lo que tenemos, especialmente nuestros seres queridos y la naturaleza. Hoy en día le damos demasiado valor a cosas como tener una buena casa, un coche o un móvil y ordenador de tecnología punta. Especialmente los jóvenes, porque al fin y al cabo los mayores todavía recordamos lo que era vivir sin todo eso.

También existen personas a las que los medios de comunicación encumbran porque han sobresalido en cualquier actividad y los convierten en ídolos de masas. Yo nunca he entendido esa actitud. Pienso que destacar en algo no te hace mejor persona y, como siempre les digo a mis hijos, lo que realmente importa es ser una buena persona. Lo demás es accesorio. El éxito viene y va. Por eso hay que tener cuidado sobre a quien admiramos y no idealizar demasiado a nadie, porque lo normal es que acaben decepcionándonos. Para mí el único hombre sin tacha es Jesucristo. Ni siquiera incluyo en esa categoría a todos los religiosos.