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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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jueves, 7 de marzo de 2013

Echándole leña al fuego

Como bloguera desde hace casi siete años, a menudo tengo la tentación de escribir cosas agradables o curiosas para caer bien a la gente y que entren muchos en el blog y me feliciten. A todos nos gusta tener amigos aunque sean virtuales. Pero entonces me acuerdo de que no estoy aquí para eso. Que tengo que hablar de temas polémicos con los que incluso algunos de mis amigos no están de acuerdo, y tengo que intentar que comprendan mi punto de vista. Y se me hace muy cuesta arriba, pero qué le voy a hacer, si esto hace mucho que dejó de ser una página personal para convertirse en algo reivindicativo y ya no podría volver atrás aunque quisiera.

Homosexualidad. Vuelvo a repetir que no tengo nada en contra de los homosexuales, aunque sigo pensando que lo suyo no es de nacimiento, no es un estado natural, sino una consecuencia psicológica de alguna experiencia de su infancia. Aún así, me da igual si se emparejan entre ellos y quieren llamarlo matrimonio, aunque para mí no lo sea. La cuestión es que no estoy de acuerdo en absoluto con que adopten niños. Creo que los hijos deben estar a ser posible con sus padres biológicos, y de no ser así, con un hombre y una mujer. Porque no es cierto que seamos iguales y, para construir su identidad, un niño necesita tener un ejemplo masculino y otro femenino, al menos, en su vida.

Por supuesto, lo de fabricar niños a la carta me parece una aberración. En primer lugar, porque en ese proceso siempre se descartan embriones (otros niños). En segundo lugar, porque aunque no ejerza, sigue existiendo un padre o madre biológico que nunca conocerá a su hijo (el donante). En tercer lugar, naturalmente, porque el niño tiene derecho a convivir con sus padres biológicos y demás parientes consanguíneos. En cuarto lugar, porque un hijo no es un bien de consumo. Si una unión es estéril por si misma (homosexual) no se puede ir contra la naturaleza. En quinto lugar, porque los hijos deberían ser el fruto del amor de una pareja heterosexual, no un capricho de cualquiera.

Y ya conozco los argumentos de que si algunos padres no se quieren, algunas parejas homosexuales se quieren mucho... Aquí nadie pone en duda sus sentimientos. Estoy hablando del derecho de un ser humano a tener una infancia lo más normal posible.

miércoles, 30 de enero de 2013

No es lo mismo

A veces me parece increíble cómo ha podido cambiar tanto la sociedad en tan poco tiempo y para peor, según mi punto de vista. Parecía fácil cuando yo era pequeña y la mayoría de las familias estaban formadas por padre, madre e hijos de ambos; a no ser que hubieran tenido la mala suerte de enviudar o separarse. Naturalmente también las rodeaban los abuelos supervivientes y multitud de tíos y primos que eran parte sustancial de nuestra vida y los recuerdos de la niñez. Aunque en mi generación las mujeres ya soñábamos con tener una profesión y un trabajo, y la mayoría lo consiguieron, ser ama de casa se consideraba algo normal.

Apenas treinta años más tarde resulta que la sociedad que conocíamos y que había sido así durante milenios, se ha transformado, no tanto en su esencia como en su mentalidad. Lo que antes se consideraba natural, ahora resulta anacrónico. Creo que hay más matrimonios separados que los que permanecen casados, muchos hijos nacen fuera del matrimonio, y muchos miles por desgracia no tienen la oportunidad de nacer. Además, ahora resulta que el concepto de familia no incluye la consanguinidad, sino que viene a ser de libre elección. No tengo nada en contra de las adopciones por parte de matrimonios, pero no estoy de acuerdo con otros sistemas.

Cuando en Francia, sin ir más lejos, se manifiestan contra el matrimonio homosexual, en España no se entiende. Sin embargo, nuestro país vecino es la cuna de la libertad y, si ellos no están de acuerdo, tal vez sea porque el tema es discutible. A mí me da lo mismo si los homosexuales quieren vivir en pareja, pero no estoy de acuerdo con que ofrezcan ese modelo de vida a los niños, sean suyos (de uno de ellos) o adoptados. La familia tradicional heterosexual es el sistema que ha demostrado su validez y su eficacia a lo largo de la historia de la humanidad. Otros experimentos sólo son excepciones a esa regla que no deberían ser fomentados en ningún caso.

Especialmente, me resulta sangrante la naturalidad con que los medios de comunicación acogen las adopciones e inseminaciones por donante de esperma o de ovulos, o incluso ambas cosas, por parte de personas solteras o parejas del mismo sexo. Los niños no dejan de ser un estadio precoz de un ser humano. Es decir, que con el tiempo llegan a ser personas adultas, hombres y mujeres, que tienen derecho a disfrutar de una familia completa con padre, madre y demás familiares. Privarles voluntariamente de esa referencia vital me parece algo muy egoísta; más aún si es para intentar crear una familia incompleta que no pueda garantizar su bienestar físico y psicológico.