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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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lunes, 22 de junio de 2015

Sacar de quicio

Se refiere a sacar una puerta de los goznes que la sujetan. También a irritar o molestar. A mí lo que me saca de quicio en España es que te meten en un saco en cuanto te descuidas. A la gente le gusta clasificar y etiquetar a los demás inmediatamente. A mí por ir a misa ya me tienen clasificada en extrema derecha, como si no hubiera cristianos de izquierdas.  Además no tienen en cuenta que soy ecologista, pacifista y nada xenófoba, de manera que no es tan fácil adjudicarme una ideología. De hecho, como me dijo una comentarista, los seres humanos no estamos hechos en blanco y negro. Tenemos colores, afortunadamente.

Pero es mucho más cómodo y más fácil andar descalificando a los demás por cuatro ideas. Estoy segura de que mucha gente piensa como yo que los niños deben estar a ser posible con su padre y su madre, y si no con unos adoptivos, hombre y mujer; pero la mayoría no se atreven a dar a conocer su opinión porque aquí es políticamente incorrecto. Sin embargo, en Francia, la cuna de las libertades, es un debate natural que nadie rehúye. No sé por qué los españoles siempre pensamos que, cuando se aprueba una ley el tema está zanjado, y no es así. Existe diversidad de opiniones y las leyes también se pueden modificar si existe mayoría suficiente.


martes, 7 de mayo de 2013

La inestabilidad de la pareja homosexual

Mantener una pareja unida es un trabajo de todos los días. Las personas van evolucionando con el tiempo y su relación también. Si ante los primeros cambios se tira la toalla o se busca un sustituto está claro que ha llegado el fin. Si eso ya es complicado en una pareja heterosexual, más todavía en una homosexual. Porque precisamente la diferencia de comportamientos entre hombres y mujeres ayuda a que cada cual tenga su campo de actuación y tenga que esforzarse por comprender y complacer al otro. Sin embargo, siendo dos hombres o dos mujeres, con los mismos gustos e intereses es natural que choquen más a menudo y no se esfuercen tanto.

Además, al no haber diferencia física, no tienen tanto escrúpulo en pelearse. Los malos tratos son muy habituales en esas parejas. Todo ello explica por qué las relaciones homosexuales suelen ser inestables y de poca duración. También la promiscuidad es muy habitual. Eso no lo digo yo, lo dicen los datos estadísticos sobre encuestas en este colectivo, y la realidad no hace más que confirmarlo.  Muchos de los matrimonios que ha habido entre gays o lesbianas ya han finalizado. Ésa es una de las  razones que desaconsejan las adopciones homosexuales. Sin embargo, decir lo que todo el mundo sabe puede meterme en un lío. Para más información, véase el desfile del orgullo gay.

Ya sé que no os gusta este tema, pero alguien tiene que decirlo.


DESDE 2005 SE HAN PRODUCIDO CERCA DE 1.500 DIVORCIOS ENTRE LAS UNIONES HOMOSEXUALES
Tras cuatro años de «matrimonio» gay: 10% de divorcios frente al 1% de heterosexuales



















lunes, 8 de abril de 2013

Un hijo no es una mascota

Si antes había leído muchos argumentos a favor del aborto y de las adopciones homosexuales, ahora ya creo que los he leído todos. Y he llegado a la conclusión de que la gente no distingue muy bien entre lo que es tener un niño o un perro o un gato. Me explico. Dicen que para criar un hijo basta con que lo quieras mucho y lo cuides. Yo también quiero mucho a mi gato, le doy de comer, le limpio y no le visto porque no se dejaría, que si no también. Y por supuesto, lo mimo todo lo que puedo. Pero un hijo no es una mascota. Necesita mucho más que cariño y cuidados. Hay que enseñarle a manejarse en la vida, lo que está bien y lo que está mal, ayudarle a madurar.

Como dice la definición de José Saramago, en el lateral de mi blog,  un hijo es un préstamo: EL MÁS PRECIADO Y MARAVILLOSO PRÉSTAMO ya que son nuestros sólo mientras no pueden valerse por sí mismos, luego le pertenecen a la vida, al destino y a sus propias familias. Por tanto no se trata de lo que nosotros deseamos o cómo queremos que sean. Los hijos simplemente SON por sí mismos, independientemente de nosotros, otros seres humanos sobre los que tenemos el deber de guardia y custodia. Por tanto no debemos verlos sólo como niños, porque no lo van a ser para siempre. Algún día serán adultos tan válidos como nosotros y debemos procurarles un entorno adecuado para crecer.

jueves, 7 de marzo de 2013

Echándole leña al fuego

Como bloguera desde hace casi siete años, a menudo tengo la tentación de escribir cosas agradables o curiosas para caer bien a la gente y que entren muchos en el blog y me feliciten. A todos nos gusta tener amigos aunque sean virtuales. Pero entonces me acuerdo de que no estoy aquí para eso. Que tengo que hablar de temas polémicos con los que incluso algunos de mis amigos no están de acuerdo, y tengo que intentar que comprendan mi punto de vista. Y se me hace muy cuesta arriba, pero qué le voy a hacer, si esto hace mucho que dejó de ser una página personal para convertirse en algo reivindicativo y ya no podría volver atrás aunque quisiera.

Homosexualidad. Vuelvo a repetir que no tengo nada en contra de los homosexuales, aunque sigo pensando que lo suyo no es de nacimiento, no es un estado natural, sino una consecuencia psicológica de alguna experiencia de su infancia. Aún así, me da igual si se emparejan entre ellos y quieren llamarlo matrimonio, aunque para mí no lo sea. La cuestión es que no estoy de acuerdo en absoluto con que adopten niños. Creo que los hijos deben estar a ser posible con sus padres biológicos, y de no ser así, con un hombre y una mujer. Porque no es cierto que seamos iguales y, para construir su identidad, un niño necesita tener un ejemplo masculino y otro femenino, al menos, en su vida.

Por supuesto, lo de fabricar niños a la carta me parece una aberración. En primer lugar, porque en ese proceso siempre se descartan embriones (otros niños). En segundo lugar, porque aunque no ejerza, sigue existiendo un padre o madre biológico que nunca conocerá a su hijo (el donante). En tercer lugar, naturalmente, porque el niño tiene derecho a convivir con sus padres biológicos y demás parientes consanguíneos. En cuarto lugar, porque un hijo no es un bien de consumo. Si una unión es estéril por si misma (homosexual) no se puede ir contra la naturaleza. En quinto lugar, porque los hijos deberían ser el fruto del amor de una pareja heterosexual, no un capricho de cualquiera.

Y ya conozco los argumentos de que si algunos padres no se quieren, algunas parejas homosexuales se quieren mucho... Aquí nadie pone en duda sus sentimientos. Estoy hablando del derecho de un ser humano a tener una infancia lo más normal posible.