Acabo de leer en Hoy mujer un artículo que habla sobre el último congreso sobre la felicidad organizado por Coca Cola. Viene a decir que el secreto de la felicidad consiste en estar muy ocupado. Explica que, cuando estás concentrado en una labor importante se te pasa el tiempo volando y no te llegan pensamientos negativos. Yo no creo que eso sea ser feliz; eso se llama no pensar en absoluto. Los budistas afirman que la felicidad consiste en la ausencia de dolor. Es decir, que si eliminamos todos aquellos deseos y necesidades que nos producen sufrimiento, ya seremos totalmente felices. Supongo que este artículo viene a basarse en la misma teoría.
También afirma que las personas optimistas son más felices. Eso me recuerda a mi hijo que, cuando era un bebé lloraba mucho porque tenía dolores de tripa. Una vez fui al médico y me dijo que le dolía la tripa porque lloraba, y que más o menos la culpa era mía por darle importancia. Supongo que todo depende del cristal como se mire. Mi libro Mi gran secreto de la felicidad predica absolutamente lo contrario de estas teorías. La felicidad no es algo mágico que se atrae sólo con pensarlo. Tampoco consiste en centrarse en algo y olvidar el resto. La felicidad se consigue con el trato con los demás, amando y siendo amado e implicándose con la vida. No hay más fórmulas.
Se trata de un intento de volver a empezar en el mundo de los blogs. Pretende ser de nuevo un diario personal donde volcar reflexiones y compartir experiencias.
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miércoles, 2 de enero de 2013
lunes, 3 de octubre de 2011
Pensamiento positivo envenenado
Se trata de la teoría según la cual si uno piensa que le van a ocurrir cosas buenas le acaban ocurriendo. Es la ley de atracción. La idea no está mal en principio, porque un poco de optimismo siempre viene bien. Pero el problema empieza cuando se pone toda la confianza en el destino, olvidando la parte que nos corresponde en el " A Dios rogando y con el mazo dando". Es decir, que no se puede pretender que la vida nos debe algo, o en otras palabras, que el estado no tiene la obligación de cuidarnos, buscarnos trabajo y darnos alojamiento gratis porque sí. El futuro se lo labra cada uno con su esfuerzo y con unas dosis importantes de azar o suerte. Pero no basta con suponer que todo va a ir bien para que suceda.
Ese optimismo desaforado ha hecho mucho daño a las nuevas generaciones. El trabajo personal, el esfuerzo y la perseverancia están muy mal vistos. Habría que sustituir un poco de ese optimismo por realismo. Las cosas no siempre salen bien aunque nos empeñemos. Existe la enfermedad, el dolor y la muerte, y no sirve de nada mirar a otro lado. Negarse a afrontar la realidad no ayuda a mejorar las cosas; más bien al contrario, las empeora. Es necesario enfrentarse a los problemas para intentar resolverlos, o al menos aprender algo de la experiencia. El positivismo desmedido alimenta el pasotismo de la sociedad y la búsqueda de culpables para nuestros propios fracasos.
Ese optimismo desaforado ha hecho mucho daño a las nuevas generaciones. El trabajo personal, el esfuerzo y la perseverancia están muy mal vistos. Habría que sustituir un poco de ese optimismo por realismo. Las cosas no siempre salen bien aunque nos empeñemos. Existe la enfermedad, el dolor y la muerte, y no sirve de nada mirar a otro lado. Negarse a afrontar la realidad no ayuda a mejorar las cosas; más bien al contrario, las empeora. Es necesario enfrentarse a los problemas para intentar resolverlos, o al menos aprender algo de la experiencia. El positivismo desmedido alimenta el pasotismo de la sociedad y la búsqueda de culpables para nuestros propios fracasos.
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