Vivimos en una sociedad cohibida, tal vez porque estamos hartos de la violencia y procuramos evitar cualquier tipo de altercado por todos los medios. Pero de ahí a suponer que toda ley que aprueba el gobierno de turno supone una verdad absoluta e indiscutible, hay un abismo. Que algo sea legal no quiere decir que sea positivo en sí mismo, sino que ha existido en un momento dado una mayoría parlamentaria que lo ha aprobado, o a veces ni eso. Porque cuando Aznar por ejemplo decidió apoyar la guerra de Irak lo hizo consciente de que una gran mayoría de sus electores estaban en contra; yo entre ellos. Quiero decir que no se puede endiosar la democracia como si fuera infalible.
Asimismo, tener un amigo o un conocido de confianza no significa que tengas que darle la razón automáticamente en todas sus palabras y sus acciones. Un amigo de verdad te dice que lo piensa, con cariño y respeto, pero no se calla, porque supone que lo hace por tu propio bien. Lo que pasa es que ahora vivimos relaciones superficiales a todos los niveles y nadie se atreve a opinar, por miedo a que le consideren un extremista, un enemigo de la paz o algo peor. Se ha impuesto una ideología de lo políticamente correcto que impide cuestionar algunos temas, incluso aunque una mayoría de la población no esté de acuerdo con ellos. Pero el problema es que el que no da su opinión es como si no existiese.
Se trata de un intento de volver a empezar en el mundo de los blogs. Pretende ser de nuevo un diario personal donde volcar reflexiones y compartir experiencias.
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Nubes sobre el Mar
Cuadro pintado por mi hija pequeña
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sábado, 4 de febrero de 2012
lunes, 3 de octubre de 2011
Pensamiento positivo envenenado
Se trata de la teoría según la cual si uno piensa que le van a ocurrir cosas buenas le acaban ocurriendo. Es la ley de atracción. La idea no está mal en principio, porque un poco de optimismo siempre viene bien. Pero el problema empieza cuando se pone toda la confianza en el destino, olvidando la parte que nos corresponde en el " A Dios rogando y con el mazo dando". Es decir, que no se puede pretender que la vida nos debe algo, o en otras palabras, que el estado no tiene la obligación de cuidarnos, buscarnos trabajo y darnos alojamiento gratis porque sí. El futuro se lo labra cada uno con su esfuerzo y con unas dosis importantes de azar o suerte. Pero no basta con suponer que todo va a ir bien para que suceda.
Ese optimismo desaforado ha hecho mucho daño a las nuevas generaciones. El trabajo personal, el esfuerzo y la perseverancia están muy mal vistos. Habría que sustituir un poco de ese optimismo por realismo. Las cosas no siempre salen bien aunque nos empeñemos. Existe la enfermedad, el dolor y la muerte, y no sirve de nada mirar a otro lado. Negarse a afrontar la realidad no ayuda a mejorar las cosas; más bien al contrario, las empeora. Es necesario enfrentarse a los problemas para intentar resolverlos, o al menos aprender algo de la experiencia. El positivismo desmedido alimenta el pasotismo de la sociedad y la búsqueda de culpables para nuestros propios fracasos.
Ese optimismo desaforado ha hecho mucho daño a las nuevas generaciones. El trabajo personal, el esfuerzo y la perseverancia están muy mal vistos. Habría que sustituir un poco de ese optimismo por realismo. Las cosas no siempre salen bien aunque nos empeñemos. Existe la enfermedad, el dolor y la muerte, y no sirve de nada mirar a otro lado. Negarse a afrontar la realidad no ayuda a mejorar las cosas; más bien al contrario, las empeora. Es necesario enfrentarse a los problemas para intentar resolverlos, o al menos aprender algo de la experiencia. El positivismo desmedido alimenta el pasotismo de la sociedad y la búsqueda de culpables para nuestros propios fracasos.
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