Tengo un amor imposible hacia las verduras y hortalizas. De pequeña me enseñaron a quererlas y me vuelvo loca por unas espinacas a la crema, una coliflor rehogada o unos guisantes con jamón, pero me sientan fatal. Mejor no doy más explicaciones. El caso es que es una lástima que, para alguien a quien le entusiasma la verdura, resulte que no puedo comerla, mientras otros se quejan de tener que tomarlas por obligación. La vida es injusta... En fin, al menos mi otro vicio, los dulces, todavía lo soporto bastante bien. Así que me consuelo con algo que engorda, en lugar de con comida sana, pero no se puede tener todo.
De todas maneras, aun siendo yo una amante de la verdura y la fruta, eso de las cinco raciones diarias me parece una exageración, como lo de los dos litros de agua al día, y tantas otras cosas. Los médicos, por curarse en salud, nunca mejor dicho, acaban pasándose en sus recomendaciones. Porque demasiado de cualquier cosa siempre acaba haciendo daño, incluso demasiado ejercicio físico. El otro día leí que lo mejor contra la alergia es no ventilar la cama. Tiene gracia porque siempre habían dicho lo contrario, pero, claro, si remueves las sábanas es más fácil que cojan polen del ambiente. Es una cuestión de sentido común.
Se trata de un intento de volver a empezar en el mundo de los blogs. Pretende ser de nuevo un diario personal donde volcar reflexiones y compartir experiencias.
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Nubes sobre el Mar
Cuadro pintado por mi hija pequeña
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lunes, 10 de junio de 2013
viernes, 27 de enero de 2012
La alimentación de los niños
Parece ser que ahora venden una especie de magdalena de chocolate que contiene los nutrientes esenciales que debería tomar un niño; así que me imagino que está hecha con pescado, verduras y alguna cosa más para disimular. No me parece nada bien. Los niños deben acostumbrarse cuanto antes, no sólo al sabor, sino al aspecto y la textura de todo tipo de alimentos. Lo ideal es que antes de los tres años ya hayan probado de todo, si no tienen ninguna alergia alimentaria. Ya sé que es más cómodo tirar la toalla y darles de comer macarrones y filete todos los días, o procurar que en el colegio coman correctamente y luego no darles en casa más que caprichos, pero eso no funciona así.
No digo que todos los días tengamos que torturarlos con cosas que no les apetecen tampoco..., pero de vez en cuando conviene seguir insistiendo y no disfrazar las comidas de lo que no son. El paladar acepta habitualmente con agrado los dulces y el tomate frito, pero le cuesta más encontrarle el gusto a sabores diferentes. Pero ese aprendizaje es cuestión de tiempo. Todos lo hemos seguido de pequeños cuando la palabra "no" no se admitía en casa. Yo procuro evitar alguna cosa en particular que alguno detesta, pero como excepción a la norma de que lo que se pone en el plato se come; más cantidad, o menos, pero no se deja sin probar. Es la única manera de educar el apetito. En mi casa no tiramos comida.
No digo que todos los días tengamos que torturarlos con cosas que no les apetecen tampoco..., pero de vez en cuando conviene seguir insistiendo y no disfrazar las comidas de lo que no son. El paladar acepta habitualmente con agrado los dulces y el tomate frito, pero le cuesta más encontrarle el gusto a sabores diferentes. Pero ese aprendizaje es cuestión de tiempo. Todos lo hemos seguido de pequeños cuando la palabra "no" no se admitía en casa. Yo procuro evitar alguna cosa en particular que alguno detesta, pero como excepción a la norma de que lo que se pone en el plato se come; más cantidad, o menos, pero no se deja sin probar. Es la única manera de educar el apetito. En mi casa no tiramos comida.
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