Tengo un amor imposible hacia las verduras y hortalizas. De pequeña me enseñaron a quererlas y me vuelvo loca por unas espinacas a la crema, una coliflor rehogada o unos guisantes con jamón, pero me sientan fatal. Mejor no doy más explicaciones. El caso es que es una lástima que, para alguien a quien le entusiasma la verdura, resulte que no puedo comerla, mientras otros se quejan de tener que tomarlas por obligación. La vida es injusta... En fin, al menos mi otro vicio, los dulces, todavía lo soporto bastante bien. Así que me consuelo con algo que engorda, en lugar de con comida sana, pero no se puede tener todo.
De todas maneras, aun siendo yo una amante de la verdura y la fruta, eso de las cinco raciones diarias me parece una exageración, como lo de los dos litros de agua al día, y tantas otras cosas. Los médicos, por curarse en salud, nunca mejor dicho, acaban pasándose en sus recomendaciones. Porque demasiado de cualquier cosa siempre acaba haciendo daño, incluso demasiado ejercicio físico. El otro día leí que lo mejor contra la alergia es no ventilar la cama. Tiene gracia porque siempre habían dicho lo contrario, pero, claro, si remueves las sábanas es más fácil que cojan polen del ambiente. Es una cuestión de sentido común.
Se trata de un intento de volver a empezar en el mundo de los blogs. Pretende ser de nuevo un diario personal donde volcar reflexiones y compartir experiencias.
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Nubes sobre el Mar
Cuadro pintado por mi hija pequeña
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lunes, 10 de junio de 2013
lunes, 10 de octubre de 2011
Cantidades ingentes de comida
Tanto hablar en televisión y otros medios sobre dietas o alimentos sustitutivos para mantener la línea o proteger la salud y hace tiempo que pienso que la solución es mucho más fácil y económica: comer menos. Cuando voy a comer fuera de casa siempre me llama la atención las cantidades de comida que ponen en el plato. Yo creo que deberían mirar al cliente antes de servir, porque no es lo mismo una mujer menuda que un hombre de 1,90 y el caso es que sirven lo mismo, tal vez porque también cobran el mismo precio. Pero me parece un desperdicio terrible y, por no tirarlo, a menudo acabo con un empacho que hace que me arrepienta de haber comido fuera de casa. No digamos ya en el norte de España, porque allí las raciones son enormes.
En mi casa yo procuro que no sobre comida y, si sobra, la aprovecho para alguna cena o al día siguiente. Soy experta en hacer menús improvisados con los restos. Resulta un poco incómodo, pero me siento incapaz de tirar nada a la basura, a no ser que esté estropeado. Yo iba a un colegio de monjas donde siempre nos repetían aquello de que otros no tienen nada para comer y, por tanto, no está bien quejarse de la comida. Ahora, sin embargo, veo que hay mucho niño consentido que no prueba la verdura si no se la disfrazan o se niega sistemáticamente a comer pescado, o incluso se empeña en que siempre le preparen igual los alimentos y si no los rechaza. Así, no sólo perjudican a su hijo, sino a toda la sociedad.
En mi casa yo procuro que no sobre comida y, si sobra, la aprovecho para alguna cena o al día siguiente. Soy experta en hacer menús improvisados con los restos. Resulta un poco incómodo, pero me siento incapaz de tirar nada a la basura, a no ser que esté estropeado. Yo iba a un colegio de monjas donde siempre nos repetían aquello de que otros no tienen nada para comer y, por tanto, no está bien quejarse de la comida. Ahora, sin embargo, veo que hay mucho niño consentido que no prueba la verdura si no se la disfrazan o se niega sistemáticamente a comer pescado, o incluso se empeña en que siempre le preparen igual los alimentos y si no los rechaza. Así, no sólo perjudican a su hijo, sino a toda la sociedad.
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