Se refiere a no decir nada. Es lo que suelo hacer yo habitualmente cuando me encuentro en situaciones desagradables. Hombre, si hay un claro perjudicado entonces no me callo, pero si no se sabe si es peor el remedio o la enfermedad, prefiero quedarme callada. Claro está que eso me va minando por dentro y a veces pienso que está en el origen de todas mis dolencias físicas y psicológicas. Afortunadamente tengo esta página para soltar algunos pensamientos, pero hay cosas demasiado personales que no creo que deba contar tampoco aquí. De manera que tengo problemas enquistados por no decir oste ni moste.
La cuestión es que realmente da igual lo que digas o lo que hagas si cuando vamos a mirar se nos ha pasado la vida. Las personas con las que tuvimos cuitas ya han muerto o son completamente distintas, o son iguales pero ya no van a cambiar tampoco. Al fin y al cabo, como digo siempre, si de nosotros no van a quedar con suerte más que un par de fotografías. Tanto afán por conocer gente, por acumular cosas, para qué, para ser el más popular del cementerio. Como dice la Biblia: de qué te sirve ganar el mundo si pierdes tu alma. Y aún respecto de eso tampoco las tengo todas conmigo... Así que mejor seguir callando y no complicar más las cosas.
Se trata de un intento de volver a empezar en el mundo de los blogs. Pretende ser de nuevo un diario personal donde volcar reflexiones y compartir experiencias.
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Nubes sobre el Mar
Cuadro pintado por mi hija pequeña
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sábado, 11 de abril de 2015
lunes, 2 de diciembre de 2013
La muerte
Deberíamos venir programados desde niños para aceptar la muerte, igual que aceptamos la necesidad de respirar, alimentarnos o evacuar. Es algo natural e ineludible. ¿Entonces por qué no aceptamos que tenemos que morir?, y lo que es mucho peor, que las personas que nos rodean también tendrán que hacerlo y todos los seres vivos. Incluso cuando se trata de alguien tan mayor y tan acabado ya como era mi padre, que en paz descanse, cuesta mucho hacerse a la idea. Han pasado más de dos meses y aquí sigo pensando que está sentado en su sillón viendo la tele. Sólo cuando entro en la habitación y no le veo comprendo que mi mente me engaña.
Para alguien con fe debería ser un consuelo pensar que sólo la carne ha muerto y el espíritu sigue vivo. Y lo es hasta cierto punto, pero sólo hasta que uno sigue echando de menos el contacto físico, las miradas, las palabras del que ya no está. Y sus cosas siguen distribuidas por toda la casa. Su coche sigue aparcado en la calle. La música que le gustaba seguirá sonando. Los sitios por donde paseaba siguen ahí y otras personas pasearán por allí sin sentirlo. Y algún día también nosotros no seremos más que un conjunto de objetos y recuerdos. Cuanto antes aprendamos a asumirlo tanto mejor. Sin embargo, me temo que es superior a nuestras fuerzas.
Para alguien con fe debería ser un consuelo pensar que sólo la carne ha muerto y el espíritu sigue vivo. Y lo es hasta cierto punto, pero sólo hasta que uno sigue echando de menos el contacto físico, las miradas, las palabras del que ya no está. Y sus cosas siguen distribuidas por toda la casa. Su coche sigue aparcado en la calle. La música que le gustaba seguirá sonando. Los sitios por donde paseaba siguen ahí y otras personas pasearán por allí sin sentirlo. Y algún día también nosotros no seremos más que un conjunto de objetos y recuerdos. Cuanto antes aprendamos a asumirlo tanto mejor. Sin embargo, me temo que es superior a nuestras fuerzas.
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