Hace unos días me llamó la atención ver que una bloguera me retrataba como una niña. Es cierto que tengo aspecto y voz dulce y soy muy educada cuando escribo, pero estoy muy lejos de esa ingenuidad. Cuando era pequeña sí, pero ahora ya tengo más conchas que un galápago. Lo que ocurre es que, cuando eres católico y de derechas, la gente tiende a considerarte como alguien inofensivo. Mi hija mayor me decía que su profesora le había dicho que yo era una persona muy tranquila y agradable. Y ella le contestó que tendría que verme a veces. Y es que por las buenas soy muy buena, pero por las malas puedo ser muy mala. Además a las mujeres lo que nos falta de fuerza nos sobra de maña a la hora de hacer daño.
Y aunque no debería presumir, a mí eso se me da especialmente bien. Otra cosa es que procure no hacerlo. Realmente a veces me resulta molesto que en ciertos sectores de la sociedad se te catalogue por tus ideas y creencias; y que supongan que no has tenido ocasión de vivir la vida libremente. Sobretodo si además eres un ama de casa como yo. Pero yo no nací casada y cuarentona. He tenido muchas experiencias en la vida. Así que puedo parecer una mujer tranquila y sosegada, y me gusta serlo, pero, como algunas montañas que parecen inamovibles, yo también por dentro llevo un volcán que puede hacer erupción en cualquier momento.
Se trata de un intento de volver a empezar en el mundo de los blogs. Pretende ser de nuevo un diario personal donde volcar reflexiones y compartir experiencias.
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Nubes sobre el Mar
Cuadro pintado por mi hija pequeña
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miércoles, 5 de febrero de 2014
lunes, 25 de junio de 2012
El buen amor
Hace años escribí un post que se llamaba El buen café. Decía que existe un café de máquina barato que se puede tomar de pie en cinco minutos y está más o menos bueno. Pero luego hay un café de calidad, recién molido, preparado con cuidado y degustado lentamente, a ser posible en buena compañía. Todo es café, pero evidentemente no es igual. Con el sexo pasa lo mismo. No se puede llamar hacer el amor a un coito de cinco minutos con un desconocido. Hacer el amor es mucho más que eso. Es unir cuerpo y alma y dejarse llevar por los sentimientos, por la química y las hormonas a un tiempo. Es dar placer antes que recibirlo y, por eso mismo, disfrutar al máximo. Es entregarse sin reservas, compartir tu cuerpo hasta la última célula y alcanzar juntos el éxtasis.
También escribí una vez sobre una canción de Jose Luis Perales que dice:
PARA SABER DE AMOR ALGUIEN HA DICHO HAY QUE PROBAR MIL FRUTAS DIFERENTES, QUE CADA CUERPO ES COMO UN LIBRO EN EL QUE DESCUBRIR CADA MISTERIO, QUE DEGUSTARLO TODO ES NECESARIO PARA SABERLO TODO DEL AMOR, SE EQUIVOCAN. EL AMOR NO ES PROBAR CADA MANZANA. ÉL NO PRECISA AVENTURA MÁS LOCA QUE SU LOCA AVENTURA NI CONCIBE UN SABOR MÁS EXQUISITO... Para tener buen sexo es necesario en primer lugar amor; en segundo lugar tiempo, para conocerse a uno mismo y al otro; para explorar nuestras preferencias y placeres e ir aprendiendo juntos. Eso no es comparable a acumular compañeros de juegos. Porque el sexo no es un deporte. Pero quien no haya probado el buen café, no notará la diferencia.
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