Curiosa expresión que invita a esperar el final de los acontecimientos. Es decir, a no confiarse con que algo va a seguir de igual manera, cuando puede tener un sesgo inesperado al final. En otras palabras, a no fiarse de las apariencias. Como ya he dicho alguna vez, yo soy una persona de aspecto dulce y con la voz más dulce todavía. De manera que la gente no me toma muy en serio cuando me ven. Es la cruz que me ha tocado. Sin embargo, eso no significa que no sepa defenderme si hace falta. La gente tiende a subestimar mi capacidad y eso es una ventaja, porque no se dan cuenta de que yo también tengo cuernos y sé cómo usarlos.
Eso me recuerda las veces que han llegado a amenazarme por internet y cómo se nota que cuando les plantas cara retroceden, al menos los que yo he encontrado hasta ahora. Hay gente que le gusta amedrentar, como quien corre detrás del toro y le molesta, pero si se da la vuelta les falta tiempo para subir a una valla. En mi caso, me basta con nombrar a la Guardia Civil para que la mayoría de esos gallitos no sepan donde esconderse. Y ya digo que las apariencias engañan: algunos que parecen toros no son más que borregos disfrazados y otros que parecemos borregos podemos acabar siendo toros. Nunca se sabe.
Detrás de un monitor y con usuario anónimo es muy fácil esconderse. Un besote!!!
ResponderEliminarPor eso ya no tengo anónimos, pero lo que muchos no saben es que cualquier ordenador se puede rastrear, cueste más o menos. Un beso.
EliminarSi las apariencias pueden engañar con las cosas y las situaciones, mucho más con las personas... o a lo mejor es que también se extiende una forma muy simplona de "leer" las apariencias...
ResponderEliminarDesde luego. Vivimos en una sociedad muy superficial. Nadie profundiza en lo que hay detrás. Un beso.
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