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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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miércoles, 13 de noviembre de 2013

Las minas antipersona

Una de las cosas que me hacen perder mi poca fe en la humanidad es ésta. Comprendo que se fabriquen armas de todo tipo para los conflictos armados, aunque no me guste, fusiles, ametralladoras, misiles... Pero lo que no puedo comprender de ninguna manera es que haya gente que pone pequeñas bombas enterradas en el suelo con la idea de mutilar a la población civil. Se da el caso incluso de que las camuflan como juguetes para alcanzar a los niños. A mí eso me parece imperdonable. Demuestra un nivel de maldad que asusta. Se trata de matar al enemigo en vida a través de sus seres queridos. Y de dejarlo aislado debido a los terrenos minados.

Yo creo que existe el Mal. No pienso que sea la ausencia de bien como dicen algunos. He visto el rostro del mal y le he mirado a los ojos. Sin él no sería posible por ejemplo la tortura, otra práctica de guerra que encuentro absolutamente imperdonable. Lo ideal sería que viviéramos en paz, pero ya sé que eso es una utopía. Ahora bien, dando por hecho que existe la guerra, creo que al menos debería ser algo equilibrado entre dos bandos en más o menos igualdad de condiciones. Todo lo que sea violencia gratuita contra personas indefensas no tiene justificación posible. Y lo peor es pensar que España ha sido uno de los principales fabricantes de este tipo de bombas hasta su prohibición.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Quincallería en el cuerpo

Ya sé que no soy políticamente correcta. Debería decir que no me gustan los piercings, pero lo cierto es que me repugnan, me dan asco. Eso de clavarse pinchos en la cara me parece algo de tintes patológicos sadomasquistas, pero es peor todavía lo que vi en la playa este verano: un tipo con un clavo atravesándole el pecho. Ahora va a resultar que Jesucristo fue el inventor de esta moda. Los piercings en las cejas me dan horror, con lo sensible que es esa zona. Sin embargo, lo que no puedo ni ver son los de la nariz, que parecen mocos y supongo que los tienen por el interior. Y a la cabeza del ranking, los de la lengua. Esos me duelen sólo de pensarlo.

Ya sé que se supone que después de ponerlos ya no duelen, aunque me resulta difícil creerlo, pero sobretodo son profundamente antihigiénicos. De hecho, se producen montones de infecciones con esos cacharros, así como con los tatuajes que vienen a ser algo semejante.  Además los tatuajes con el tiempo pierden el color y parece que van sucios, sobretodo los más grandes.Yo creo que si no estuvieran de moda se considerarían una forma de tortura. Recuerdo de pequeña cuando veíamos documentales de África con cosas parecidas y pensábamos que estaban un poco locos. Ahora incluso hay gente que se agranda las orejas con aros. Vivir para ver.

jueves, 27 de octubre de 2011

La maldad

Hace poco he visto un reportaje sobre una de las prácticas más salvajes e inhumanas que se dan en nuestro planeta. Me refiero a la persecución en África a los niños albinos, con el fin de cortarles en vivo las extremidades y utilizarlas para hacer conjuros o medicamentos. Me parece increíble cómo no existe ya una campaña internacional para sacar a todos los niños albinos de allí y entregarlos a familias en adopción. Es algo similar a la extinción de los tigres en Asia, debido a que también se utilizan para rituales más o menos mágicos. Parece mentira que en pleno siglo XXI sobrevivan todavía esas supersticiones tan terribles y que, de algún modo, se sigan permitiendo por la inacción de las autoridades.

Hay gente que dice que el mal no existe. Yo no estoy de acuerdo. Creo que la maldad pura existe y que utiliza a algunas personas vulnerables, a través de creencias, ideologías o patologías mentales. Si no no se explica que un ser humano sea capaz de torturar a otro, incluso hasta la muerte. Debería ser algo que provocara una repulsión natural en toda persona y, sin embargo, en determinadas circunstancias se ha llegado a ver como algo admisible y legal. Yo no soporto esa clase de situaciones ni siquiera en la ficción. Pero sobretodo lo que no puedo ni pensar es en la violencia que se ejerce contra los niños, especialmente la sexual. Creo que alguien capaz de eso no puede considerarse ya ser humano.