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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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martes, 10 de junio de 2014

Sobre el aspecto físico

Vivimos en una sociedad muy contradictoria. Por una parte, te animan a vestir impecable, las mujeres, con zapatos de tacón, ropa atractiva y, por supuesto, perfectamente maquillada y depilada. Pero por otra parte, se lleva un aspecto casual, tirando a desaliñado, sobre todo los hombres, con deportivas desgastadas, vaqueros rotos y toda clase de decoración corporal, tipo piercings y tatuajes. De manera que es bastante habitual ver parejas donde ella va arreglada como para ir a la oficina, y él en cambio parece un vagabundo y dan ganas de darle limosna. Pero lo peor del caso es que probablemente él se haya gastado más dinero en su aspecto que ella.

Aunque yo soy de vestir cómoda, entiendo mejor lo de querer ir bien arreglado; excepto por los tacones de diez centímetros, que me parecen un atentado contra la salud y la estética, pero allá cada cual con sus pies. Pero lo que no me cabe en la cabeza es gastarse el dinero en ropa rota y desgastada a propósito. Sobre todo después de saber que la fabrican trabajandores del tercer mundo en condiciones laborales inaceptables para nosotros. Yo les compro a mis hijas casi lo que sea salvo ropa rota y tacones imposibles. Eso ya lo saben. Así que supongo que soy una madre malvada que no les permite ir a la moda. Cuestión de principios.

miércoles, 12 de febrero de 2014

La edad y la belleza

Cuando era jovencita yo era bastante mona, aunque esté feo decirlo, pero terriblemente tímida, por lo cual no me gustaba nada que me miraran. Intentaba pasar desapercibida vistiendo ropa discreta y mirando hacia abajo. Ahora ya no me hace falta porque me he estropeado mucho y muy rápido con los años. Así que ya no me siento observada. De todas maneras sigo con mi costumbre de vestir cómoda pero además ya no soporto los zapatos de tacón y tengo varices, así que tampoco me queda otra opción.  El otro día vi la película Agosto, que es muy buena aunque muy dramática, y la protagonista, Meryl Streep, decía que las mujeres nos volvemos feas con la edad.

Depende de la genética de cada cual, pero desde luego no mejoramos. En cambio, los hombres suelen envejecer bastante bien y hasta las canas les favorecen. Por eso, cuando veo los anuncios de televisión y las revistas que intentan convencernos de que es posible ocultar el paso del tiempo, me molesta bastante. No creo que sea bueno hacerse ilusiones al respecto. La cosmética no hace milagros, pero es un negocio que mueve muchísimo dinero. No deja de ser un cierto engaño. Como siempre digo, no estoy en contra de arreglarse y cuidarse en la medida de lo posible, pero siempre que eso no se convierta en algo esencial en tu vida, porque es una batalla perdida.

viernes, 7 de octubre de 2011

Cojos y mancos

Este verano he visto la mayor cantidad de piernas y brazos rotos que recuerdo. En el caso de las mujeres, no me extraña mucho dado el tamaño de tacones de zapatos que utilizan muchas. El otro día vi a una subiendo al metro con no menos de diez centímetros de tacón de aguja, y otra conduciendo una moto con algo parecido. Si se caen desde ahí, lo raro es no romperse algo. En cuanto a los hombres, sospecho que son lesiones deportivas. Eso de que el deporte es sano depende de cómo se practique, y la gente suele arriesgarse demasiado en las vacaciones sin tener la preparación necesaria. Las clínicas de rehabilitación también están a rebosar después del verano

Había una epidemia de niños de todas las edades con escayolas en la playa. Yo, que he tenido a una hija escayolada en verano hace años, me sentía muy identificada con ellos. Resulta incómodo tener que poner una funda sobre la escayola y estar pendiente de que no se moje ni le entre la arena dentro. Pero, en todo caso, esa cantidad de roturas de extremidades me hizo pensar si la gente se está volviendo más descuidada, - especialmente los padres -, o si la obsesión por la forma y el aspecto físico nos está pasando factura. No sé si sería casualidad que viera tantos cojos y mancos este verano, pero tal vez un poco más de prudencia no nos vendría nada mal. De hecho, sigo viéndolos también ahora.