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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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viernes, 30 de mayo de 2014

Dime de qué presumes y te diré de qué careces

Este post me va a indisponer con muchos de mis seguidores. Creo que no se puede presumir de sencillez, de modestia o de naturalidad, porque es una contradicción en sí mismo. Desde el momento en que te vanaglorias dejas de ser sencillo, modesto y natural. Por eso no se puede ir por el mundo diciendo: hay que ver lo discreto que soy que quiero pasar desapercibido, cuando precisamente lo que estás consiguiendo es todo lo contrario, llamar la atención. Que a veces la mejor manera de no hacer ruido es dejando las cosas como están y no empeñándose en hacerlo todo a tu manera, cambiando las costumbres milenarias, lo cual sale más caro además que mantenerlas.

Y algunos ya se habrán dado cuenta de que me refiero al Papa Francisco, que me produce cierta suspicacia precisamente porque basta que presuma mucho de algo para que me haga sospechar, que dicen que la peor presunción que existe es la del que no se considera presuntuoso. Tal vez la Iglesia está sobrecargada de ritos acumulados a lo largo de los siglos, pero forman parte de su historia, igual que los militares utilizan uniformes y a nadie se le ocurre que haya que suprimirlos. Porque las instituciones necesitan una serie de modelos con los que sentirse identificadas y no creo que eliminarlos de golpe aporte nada nuevo o valioso al Vaticano

martes, 13 de marzo de 2012

Una mente sencilla

Como ya he escrito tanto, recuerdo que una vez dije que me gustaba la gente sencilla, y lo interpretaron como algo relacionado con los pobres; cuando yo me refiero a que prefiero a las personas que tienen una mente sencilla, que son sabias en la vida. Eso no está reñido con tener estudios o no tenerlos. Es una forma de ser pacífica, en armonía con la naturaleza. Personas que no guardan rencor, que disfrutan de las cosas como vienen, que te reciben siempre con un sonrisa, que no culpan a nadie de su suerte. No sé si me explico: me refiero a la gente que es franca, sin doblez, que dice las cosas como las piensa, pero sin ofender. Me temo que ya no quedan muchos así.

Son los que saben apreciar realmente los afectos, los amigos leales, los hijos y padres que siempre te tienen presente en sus vidas. No pertenecen a un extracto social ni a una ideología o nacionalidad. Los encuentras en todas partes y se les reconoce por su mirada limpia, sus palabras claras y amables, que proceden de un alma en paz con el mundo. Es cierto que es más fácil encontrar esta clase de gente viviendo en el campo que en las ciudades, ocupándose de un trabajo manual que de uno intelectual, en países en desarrollo más que en los opulentos. Esto es porque la sabiduría de la vida se pierde cuando tienes demasiadas cosas en que pensar. Me gustaría poder rescatarla.