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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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lunes, 27 de abril de 2015

Cortar por lo sano

El Papa Francisco ha vuelto a decirle a los curas que sean más simpáticos. Yo seré anticuada pero aseguraría que lo menos importante de la misa son los curas. Eso me suena a pastor protestante. Pero además es que lo encuentro un poco absurdo. Quiero decir que la Iglesia Católica en estos momentos sigue negándose a aceptar la píldora anticonceptiva y las relaciones prematrimoniales, aunque la mayoría de los católicos no hagamos mucho caso. Tampoco aceptan el divorcio y de hecho se considera que los hijos de segundo matrimonio no son legítimos. Otra cosa con la que la mayoría de los fieles discrepamos.

Sin embargo, lo tomas o lo dejas. Comprendo que la Iglesia trata de prevenir los problemas cortando por lo sano, es decir, poniendo reglas muy estrictas. Sin embargo eso no cuadra con que luego salga el Papa diciéndonos que tenemos que ser más tolerantes. ¿En qué quedamos?. O toleramos todo y entonces cambiamos la moral de la Iglesia o seguimos como hasta ahora admitiendo la norma y las excepciones. Pero lo que no se puede pretender es decir una cosa y fingir que se hace otra, porque eso tiene un nombre muy feo. Lo mismo con el aborto, la adopción homosexual y la eutanasia, aunque puedas comprenderlo en algunos casos, o estás a favor o estás en contra.

viernes, 30 de mayo de 2014

Dime de qué presumes y te diré de qué careces

Este post me va a indisponer con muchos de mis seguidores. Creo que no se puede presumir de sencillez, de modestia o de naturalidad, porque es una contradicción en sí mismo. Desde el momento en que te vanaglorias dejas de ser sencillo, modesto y natural. Por eso no se puede ir por el mundo diciendo: hay que ver lo discreto que soy que quiero pasar desapercibido, cuando precisamente lo que estás consiguiendo es todo lo contrario, llamar la atención. Que a veces la mejor manera de no hacer ruido es dejando las cosas como están y no empeñándose en hacerlo todo a tu manera, cambiando las costumbres milenarias, lo cual sale más caro además que mantenerlas.

Y algunos ya se habrán dado cuenta de que me refiero al Papa Francisco, que me produce cierta suspicacia precisamente porque basta que presuma mucho de algo para que me haga sospechar, que dicen que la peor presunción que existe es la del que no se considera presuntuoso. Tal vez la Iglesia está sobrecargada de ritos acumulados a lo largo de los siglos, pero forman parte de su historia, igual que los militares utilizan uniformes y a nadie se le ocurre que haya que suprimirlos. Porque las instituciones necesitan una serie de modelos con los que sentirse identificadas y no creo que eliminarlos de golpe aporte nada nuevo o valioso al Vaticano

sábado, 5 de octubre de 2013

No me caso con nadie, ni con el Papa

Desde pequeña siempre he sido así, analítica. No comprendo a la gente que se queda prendida de una figura pública y le apoyan en cualquier circunstancia. Yo suelo decir que soy católica practicante, pero no lo he sido toda la vida y supongo que podría dejar de serlo si las circunstancias me lo indicaran. Eso no afecta a mi Fe. Es algo aparte. A todos nos pilló un poco por sorpresa la dimisión del Papa Benedicto XVI. Vale que era mayor y estaba cansado pero eso es algo habitual en su cargo. La elección del Papa Francisco supuso una revolución al tratarse de un Papa argentino y además jesuíta por primera vez en la historia.

Ya el hecho de que renunciara al papamóvil, sabiendo lo que había sufrido Juan Pablo II tras su atentado, me pareció extraño. Que no quiera vivir en la residencia papal en el fondo es un problema, de seguridad sobretodo y también económico. El Papa es un jefe de estado y como tal cuenta con un personal de servicio, administrativo y de seguridad que tiene que moverse a donde él se mueva. En las dependencias oficiales todo estaba organizado. Ahora no. Finalmente puede ser que el cambio resulte más caro y traiga más problemas de los que resuelve. Al fin y al cabo el papamóvil y la residencia van a seguir estando en el mismo sitio.

Pero ya sus últimas declaraciones me han sentado realmente mal y no me vale que se diga que se han desvirtuado. Llevo siete años aguantando burlas, insultos y amenazas por declararme católica y por defender la familia y la vida de los niños no nacidos. Ahora resulta que soy una pesada. Me parece muy normal que su Santidad quiera congraciarse y quedar bien con todos los sectores de la sociedad y ganar adeptos a su causa. Pero los trescientos niños que son abortados al día sólo en España no entienden de relaciones públicas. Tampoco los que son adoptados por familias homosexuales. Si eso me convierte en persona "non grata", estoy dispuesta a asumirlo.