El otro día mi psicóloga me preguntó por qué no restrinjo el blog sólo para amigos, como se hace en el Facebook. De ese modo me ahorraría tantos disgustos. Le contesté que no podía hacer eso porque el blog es mi labor. Cuando terminé Cou, aprobé la Selectividad y decidí estudiar secretariado, porque yo no era buena estudiante y no quería hacerles perder el tiempo a mis padres. Así que a los dos años empecé a trabajar en una oficina pequeña donde hacía todas las labores administrativas. El trabajo era interesante pero se mudaron a Coslada y yo me busqué otro cerca de mi casa, el cual no fue tan positivo, especialmente por los compañeros que me tocaron en suerte.
El caso es que, después de dos años me casé, me fui de Madrid y estuve buscando algo de media jornada por mi localidad, pero como no encontraba nada y el tiempo pasaba, pensé que prefería criar primero a mis hijos. Durante diez años me dediqué en exclusiva a esa labor y luego ya volví a realizar actividades propias. Entre ellas, escribir en mi primer blog (de eso hace ya cinco años). Entonces se me abrió un mundo nuevo de posibilidades. Descubrí que había un hueco en Internet por cubrir, que había mucha gente hablando de lo políticamente correcto y muy pocos que se atrevieran a dar opiniones diferentes; especialmente sobre la Iglesia, la familia o la educación. Ahora considero esto como mi trabajo, aparte de mi hobby.