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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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martes, 13 de enero de 2015

Dar en el clavo

Es acertar. Ya os he comentado alguna vez que tengo una cualidad que es un defecto y es precisamente que siempre doy en el clavo. Esta intuición, sexto sentido o como se quiera llamar me ha dado muchos disgustos en la vida, y me temo que mi hija menor la ha heredado. Cuánto me hubiera gustado poder ser inocente y pasar entre las personas sin adivinar sus verdaderas intenciones. Creo que cuando ves lo que hay detrás es muy difícil conservar la ilusión. Con el tiempo he aprendido a ser más tolerante, eso sí, y aceptar que las personas son como son y a menudo no pueden evitar sus reacciones.

Pero lo que no acabo de entender últimamente es cómo es posible que tanta gente teóricamente madura esté pensando todavía en votar a Podemos. Cuando surgieron los primeros movimientos por la Dignidad y demás yo ya sabía que ahí había gato encerrado. Y en cuanto empezaron a organizarse yo vi claramente que eran comunistas de toda la vida disfrazados con piel de cordero. Con el tiempo se ha demostrado con creces lo que yo decía (como de costumbre, no es por echarme flores). Pero muchos siguen empeñados en el voto de castigo o la rabieta, que diría yo. No se dan cuenta de que Pablo Iglesias nos llevaría a la ruina en dos días. Y eso no lo compensa ninguna venganza.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Mi Iglesia

Cuando yo era pequeña era una niña muy inocente y sensible. Por eso vivía todo con gran intensidad, lo bueno y lo malo. Así que con los años me fui endureciendo, recubriendo de una coraza para evitar que me hicieran daño. Ahora soy una mujer dulce con mi familia pero un poco seca con el resto. La experiencia de recibir insultos y amenazas por internet no ha ayudado a suavizar mi carácter. Reconozco que estoy bastante a la defensiva. Queda poco de la inocencia de aquella criatura después de haber pasado por tantas situaciones desagradables a lo largo de casi cuarenta y siete años. Me he vuelto dura por fuera, aunque por dentro siga siendo de algodón.

Pero en la Iglesia puedo deshacerme de esa coraza sin miedo. Sólo allí siento que el amor todo lo puede, que es posible un futuro mejor y que todos los hombres somos hermanos. La Iglesia es mucho más que un lugar o una serie de rituales; es una comunidad de vida. Ser cristiano tiene que notarse en tu forma de vivir y dar testimonio de la palabra de Dios. Todavía estoy lejos de ese ideal cristiano que tendría que garantizarme la alegría en cualquier circunstancia de la vida. Pero cuando entro en la Iglesia y escucho la Palabra, siento que vale la pena. Por eso no me importa que noventa y nueve no me comprendan, si puedo comunicarme con una sola persona.