A mi abuelo materno, que era un empleado de banca, le gustaba mucho el teatro y solía acudir a los espectáculos gratis a aplaudir. Eso es lo que se llamaba ser de la clac. En el mundillo de internet se lleva mucho eso de seguir la corriente a los demás. Una vez que estás en un blog se supone que tienes que decirles que todo está bien aunque lo que haga o lo que diga en un momento dado te parezca una barbaridad. Es una regla no escrita. Yo suelo callarme en esos casos. Pero de vez en cuando resulta que el tema es importante y no lo puedo pasar por alto (ignorar). Entonces me convierto en la mala de la película. Ya estoy acostumbrada.
Lo siento, pero no me metí en internet para hacerle la ola a nadie (expresión equivalente). Precisamente estoy aquí aprovechando mi anonimato para poder decir lo que pienso sobre cualquier tema sin que nadie se moleste. Porque, eso sí, procuro decir las cosas con mano izquierda (con delicadeza) y con educación. Sin embargo, eso no sirve de mucho cuando te topas con alguien acostumbrado al peloteo, un talibán de la información que no acepta más opinión que la suya propia. Pero, bueno, la gente va y viene y yo sigo aquí. Tal vez por eso mismo nunca conseguiré vivir de mi blog, pero conservo mis principios intactos.