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Nubes sobre el Mar

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Cuadro pintado por mi hija pequeña
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viernes, 26 de diciembre de 2014

Cantar las cuarenta

Significa decir lo que piensas, generalmente de manera directa y brusca. Es lo que hace alguien que ha estado mucho tiempo aguantando una situación desagradable y un día no aguanta más y lo dice. Yo creo que existen dos tipos de personas: los que suelen decir lo que piensan y los que se lo guardan todo y un día explotan. Yo de jovencita era de los segundos. Me callaba, me callaba y un día no podía más. Con el tiempo fui aprendiendo a decir todo en su momento. Creo que guardarse querellas es muy insano. Tampoco se trata de pasarse el día protestando, pero resulta mucho mejor hablar las cosas procurando no perder los papeles. Quien pierde los nervios, pierde la razón.

Cantar las cuarenta es una expresión que viene del juego de cartas el Tute, que me trae muchos recuerdos porque jugaba a eso con mi abuelo cuando era pequeña. Era muy entretenido. Más tarde dejé de jugar porque el hombre ya no llevaba bien las cuentas de las jugadas. Algo que lamento mucho es haber perdido esa comunicación con mi abuelo porque ya nunca más volvimos a estar tan unidos. Pero en fin, son cosas que pasan y la juventud es así de inconsciente. No valoras lo que tienes hasta que lo pierdes. De todas maneras creo que no se llega a conocer bien a una persona si no has convivido con ella cuando era joven. Lo demás es un conocimiento parcial.

lunes, 12 de mayo de 2014

A buenas horas, mangas verdes

Éste es un refrán muy curioso, habría que ver de dónde viene lo de las mangas. También lo he oído mucho de pequeña, referido a situaciones donde alguien acaba haciendo algo que tenía que haber hecho antes. No sé por qué me recuerda a mi abuelo. Será porque a él le gustaba mucho recitar cosas antiguas y sobretodo las zarzuelas que escuchaba de joven. Una de las cosas que más lamento es no haberle hecho más caso cuando vivía. Ya se sabe que la juventud es inconsciente y yo no valoraba lo que tenía en casa. Mi abuelo era un señor tan discreto que te olvidabas de que estaba. Se pasaba el día en su cuarto y no daba problemas.

A buenas horas se me ocurrió echarle de menos. Además mi abuelo tenía una costumbre muy buena y era que salía a caminar varios kilómetros cada día y hacía gimnasia matinal. Así estaba de sano que vivió hasta los noventa y cinco años. Sin embargo, creo que hubiera preferido no durar tanto sin mi abuela. A veces la longevidad puede ser una maldición. Volviendo al refrán se podría decir que más vale tarde que nunca. Así que supongo que es algo positivo. También me recuerda la situación económica ahora que por fin tenemos lo famosos brotes verdes, aunque algunos se nieguen a verlos escondidos tras su ideología.