Otra de esas lecturas de la Biblia que todo el mundo conoce y pocos saben interpretar. No se dan cuenta de que los que vamos habitualmente a misa, lo hacemos precisamente para que el sacerdote nos enseñe la interpretación de las lecturas. Porque cuando uno lee el texto puede sacar conclusiones erróneas, y no hay más que ver la cantidad de iglesias y sectas protestantes que han proliferado por ese motivo; tantas como interpretaciones personales. Cuando Jesús llega al templo y lo encuentra convertido en un mercado, se enfada y echa a los vendedores. Esto se enmarca en el judaísmo, que es una religión con más de seiscientas reglas o normas de obligado cumplimiento.
Es decir, que el judaísmo se había convertido en una religión de apariencias, donde eran más importantes los sacrificios que la oración. Lo que vendían en el templo eran ofrendas para el sacrificio. Pretender como eso que Jesucristo rechazaría la Iglesia católica actual porque hace negocio con las imágenes, es poner en boca de Jesús demasiadas palabras. No es comparable el judaísmo de hace dos mil años con el cristianismo actual. Nosotros, para empezar, no hacemos ofrendas al templo. Tampoco vivimos rodeados de normas, y los sacerdotes, siguiendo el ejemplo de Jesús, se dedican a servir a su comunidad sin pedir nada a cambio.