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Nubes sobre el Mar

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miércoles, 16 de julio de 2014

Cuando menos se piensa, salta la liebre.

Hay veces en que uno se pasa la vida esperando a que algo suceda. Recuerdo cuando era niña que los días, los meses y los años me parecía todos iguales. Luego sucede que todo cambia y te gustaría poder volver atrás pero no puedes. Así es la vida. Como decía Einstein, el tiempo es relativo. Yo nunca había contado con poder tener una casa en un pueblo. Era algo que no entraba en mis planes aunque había fantaseado sobre ello. Ahora que la tengo todavía me cuesta hacerme a la idea. Pero sin embargo, hay otra clase de planes que nunca llegan a hacerse realidad. Uno de las mayores retos de la madurez está en aceptar esto.

A veces nos gustaría tener la vida planificada al centímetro y contar con esa tranquilidad. Pero luego resulta que la monotonía se hace muy pesada. Así que esas pequeñas sorpresas de la vida, siempre que no sean muy desagradables, son un aliciente para seguir adelante. Como bien se dice, no apreciaríamos el sol si no hubiera lluvia. Y la palabra crisis quiere decir cambio. De modo que tal vez es bueno que tengamos una de vez en cuando para volver a lo esencial, para aprender a apreciar lo que tenemos, para llevarnos alguna sorpresa de vez en cuando. Que sigan saltando las liebres aunque nos sobresalten un poco.