Recuerdo que, cuando le compré el primer libro de Harry Potter a mi hijo mayor, esta novela apenas era conocida en España. Empecé a leerlo para ver si estaba bien y ya no pude dejarlo. Mi marido también lo leyó y le gustó. Cuando compramos el tercero, creo que mi hija mayor ya se había enganchado también a la saga. Para cuando salió el quinto, toda la familia compartíamos la afición a Harry Potter. El sexto y el séptimo los descargamos antes de comprarlos. No podíamos esperar. Fuimos a ver las primeras películas todos juntos y no nos decepcionaron. Después, ya cada uno las ha ido viendo con sus amigos. Sin embargo, la última la hemos vuelto a ver en familia, porque estábamos en la playa. Así Harry Potter se ha convertido en algo que nos ha unido durante diez años. Sólo por eso ya tengo que estarle agradecida a la autora.
Cuando salió la primera novela la consideraron lectura infantil, y realmente estaba más dirigida a los niños. Pero a lo largo de la saga los libros se vuelven cada vez más profundos, con personajes llenos de matices y una trama más siniestra. Los últimos yo creo que deberían ser considerados para adolescentes, y también las películas. Aunque ya se sabe que ahora los niños ya no se asustan de nada. Tal vez nos haga más impresión a los mayores que entendemos el fondo moral de la historia. La lucha entre el bien y el mal, el valor del amor y la amistad, la aceptación de cada persona con sus defectos, y otras muchas enseñanzas que se desprenden de la lectura de esta saga, que recomiendo a todos, mayores y pequeños, y mejor en familia.