Estando en un centro comercial me acordaba de que, cuando mis tres hijos eran pequeños, solíamos ir en rebajas a hacer las compras de toda la temporada de verano. De modo que en un sólo día salíamos con un carro cargado de ropa, pijamas, zapatillas, bañadores y todo lo que les pudiera hacer falta en el verano. Porque por entonces de un año para otro todos habían cambiado de talla y de número de calzado. A mis hijos les hacía mucha ilusión ese día de compras a lo grande. Al llegar a casa organizaban un desfile de modelo donde, incluso el niño, se probaban toda la ropa que habíamos comprado, con comentarios incluidos.
Era una pequeña tradición que mantuvimos durante tres o cuatro años. Uno de esos recuerdos que se te quedan grabados. Para ellos era como otro día de Reyes y para nosotros un gran gasto pero también una forma cómoda de organizar las compras. Ahora es todo más complicado. A las chicas les cuesta un montón elegir ropa y zapatos y el chico se pasa todo el año con los mismos pantalones y zapatillas. Todavía vamos de vez en cuando a un centro comercial con ellas pero ya no elegimos nosotros naturalmente, sino que sólo somos testigos con voto. Los tiempos cambian y las costumbres, pero los recuerdos permanecen.