Como saben los que siguen este blog, he estado varios meses contestando a los anónimos con sus mismas armas y finalmente me he decidido a dejarlo pasar porque, la verdad, no me gusta ponerme a ese nivel. Así que ahora tengo algunos que me llaman orgullosa y prepotente. Porque parece ser que uno es libre para tener sus ideas al margen del resto, siempre que te quedes callado o al menos las defiendas con un perfil de baja intensidad. Es decir, que yo debería disculparme todo el tiempo por quien pueda leerme y no esté de acuerdo y asegurar una y otra vez que sólo se trata de mi opinión y no es inamovible. Pero el caso es que yo tengo tres o cuatro ideas no negociables.
En cuanto se refiere a la defensa de la vida en general soy absolutamente categórica y no puedo decir otra cosa. Cuando hablo de la fiesta de los toros lo llamo tortura y cuando hablo del aborto asesinato. Si eso me convierte en una intolerante, qué le vamos a hacer. Luego resulta que si estoy en horas bajas y cuento mi tristeza o mi preocupación, entonces llega alguno y me dice que soy una pusilánime y una débil. Vale tambien. De modo que soy prepotente y pusilánime, orgullosa y débil al mismo tiempo. Me parece que me van a estudiar en los libros de psiquiatría. O tal vez sólo resulte que soy una persona normal, con mis gustos y mis fobias, mis contradicciones y mis dudas.